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El reino de la doble
moral,por Carmelo Mesa-Lago
Articulos Prensa Internacional
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Noviembre del 2003 La Opinion Organo oficial de la Coordinadora Social Democrata de Cuba
En esta Edicion: Meeting de Berlin: " Cuba: Los retos del futuro". Octubre 2-5 del 2003. Humbold University (Berlin)and New School University ( New York) 1- Presentacion de la Coordinadora Social Democrata. Infraestructura Constitucional de la Democracia: " Elementos psicosociales que influencian la Transicion" 2-Presentacion de la Corriente Socialista Democratica: Institucionalidad política y cambio democrático en Cuba: el factor internacional 3- Dialogo con Villalobos. Por Cuesta Morua. Publicado en Encuentro en la Net.
INFRAESTRUCTURA CONSTITUCIONAL DE LA DEMOCRACIA: “ELEMENTOS PSICOSOCIALES QUE INFLUENCIAN LA TRANSICIÓN”.
(Configuración de las fuerzas que influirán en la dirección del cambio) 1- LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA Y LA COMUNIDAD DE EXILADOS CUBANOS
“Al comienzo de la Revolución, el pueblo cubano era el David y el Goliath era el Estado Cubano con su monopolio de la inteligencia y de la opresión. El Estado de Derecho dejó de existir, y, también, la sociedad civil”1
Una cadena de eventos económicos, sociales y políticos crearon inmensas presiones a la población. La penalización de la expresión de las ideas y la centralización del poder en pocas manos fueron el detonante que desencadenó la guerra civil.
¿Por qué fracasamos?
Algunos cubanos en el exterior y la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos echaron a un lado el concepto siguiente: “No hay pueblo que pueda conducir su guerra de liberación desde fuera de sus fronteras”2 En general los protagonistas políticos del exterior tenían un sueño: “Los Estados Unidos de América no permitirían un país comunista a 90 millas de su territorio”. De esa idea surgió una aún más peligrosa: “Los cubanos nos dan a nosotros (USA) la autorización para decidir por ellos, -en las oficinas de la CIA-, cómo dirigir esa guerra”3
Dentro de Cuba se esperaba y se necesitaba ayuda pero... ¡ nunca llegó!
Lo que se desarrollaba dentro de la Resistencia Cubana no era de interés para la CIA a menos que pudiera ser controlada, dirigida, detenida o manipulada. Como apuntó Enrique Baloyra –q.e.p..d.- profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Miami en la Conferencia de Musgrove acerca de “Bahía de Cochinos y eventos relacionados”, celebrada en Georgia en 1995, “El error de la CIA consistió en inmiscuirse en la lucha, conformarla de manera que se lograran sus objetivos con nuestros medios, no nuestros objetivos con nuestros medios”.
La CIA trató de fabricar una resistencia “made in USA”, pero esta resistencia no fué viable.
Los Estados Unidos no tenían absolutamente ninguna agenda para oponerse a la Revolución e inventaron el embargo económico. Este pretendía estrangular la economía cubana y fué usada inmediatamente por el régimen como un “boomerang” que destruía su propia intencionalidad. En el momento que se implementó, el gobierno cubano disfrutaba de apoyo popular basado en logros sociales.
Después de 1989, la economía cubana se debilitó notablemente debido a la desaparición de la asistencia económica después del derrumbe de los gobiernos comunistas de la Europa del Este; el fracaso de la gestión económica del sistema y el embargo económico. De este modo, no pudo seguir manteniendo la red de seguridad socia –de igual manera-l por más tiempo.
La prohibición creó la imagen de los Estados Unidos como el enemigo que lastimaba al pueblo cubano. Esto exacerbó los sentimientos nacionalistas y anti-americanos.
Los puntos débiles de la Ley Helms-Burton están basados precisamente en su impacto en la opinión pública del cubano.
Tal y como Ernesto Betancourt, -antiguo director de Radio Marti-, expresó en un artículo reciente, la Ley Helms-Burton ha servido:
1- “Para antagonizar a nuestros aliados y ayudar a Castro a mantener ante sus seguidores la imagen de que el mundo entero apoya a su régimen. Lo que refuerza su atractivo carismático ante los ojos de sus creyentes más cercanos”
2- “El otro fallo está en la redacción del Título II que establece las condiciones para proveer asistencia a la transición hacia la democracia, que es inaceptable y va a frenar, más que alentar a la gente del régimen a hacer algo contra Castro.
“Los que cruzan el umbral de la represión violenta dentro de Cuba, lo hacen movidos por principios profundamente arraigados, y para ellos el Nacionalismo es una fuerza motivacional tan central como lo es para los que apoyan al regimen”.
Para apoyar esta expresión déjenme leer parte de un documento dado a la publicidad por la Corriente Socialista Democrática, en Cuba, el 22 de marzo de 1997:
“Sólo hay una manera de evitar la transición democrática en Cuba: la determinación extraterritorial de sus pautas”4
“El Plan de Apoyo a una Transición Democrática en Cuba posee la virtud de hacer un análisis acertado de nuestras realidades. Sin embargo, no reconoce las circunstancias específicas de a quiénes va destinado; esto es una razón más que suficiente para abstenerse políticamente de cualquier planificación externa de nuestros destinos”5
Lo que más necesita nuestra nación es apoyo para que los pasos necesarios hacia esa transición se produzcan. Lo menos que requiere, es un plan que, desde el exterior, establezca casi puntillosamente sus fases y modalidades....
En otra parte añaden: “Del mismo modo, la soberania es incompatible con el establecimiento, en una capital distinta a la Habana, de cuáles son los criterios de certificación democrática y de cuál será la cronología de partida de un proceso de transición”6
“La historia más reciente ha demostrado que todos los instrumentos de presión que contra el gobierno cubano se han orquestado en la Casa Blanca o en el Capitolio de Washington, han tenido un solo resultado político inmediato a saber: armar a las autoridades cubanas de los pretextos y argumentos que sustentan su discurso numantino y apocalíptico y su accionar represivo e intolerante hacia el interior de Cuba”7
“Los social demócratas cubanos tienen la firme convicción de que potenciar la democratización de Cuba puede hacerse desde caminos mejores y más seguros que respeten, definitivamente, nuestras realidades como historia, nuestra independencia como nación y nuestra imaginación como pueblo”8
¿Cuáles son los beneficios hasta el presente de la política de los Estados Unidos para la situación interna en Cuba? ¿Por qué han de estar involucrados los Estados Unidos en los problemas de otros pueblos? Cuando uno se entromete, puede que deje de ver un punto importante: EL CAMBIO PUEDE FRENARSE SI UNO HACE TODO EL TRABAJO. ESTE PAÍS CREE QUE NO HABRÁ CAMBIO SI ELLOS NO LO IMPLEMENTAN.
Mientras luchaba contra Batista, Castro desarrolló un programa de reformas sociales y económicas muy diferentes de los estándares comunistas. A mediados de 1959 cambió su discurso político de un asunto doméstico a una confrontación internacional con los Estados Unidos. Éstos reaccionaron contra Castro como si fuera el único representante del pueblo cubano y al hacer esto declararon a Cuba una “república bananera” que no tenía instituciones sólidas o una oposición confiable. Para los Estados Unidos, pareció que la democracia en Cuba debía ser el resultado de las acciones políticas propias de Castro y no la victoria de su oposición democrática cubana.
Al no respetar a la oposición cubana en la Isla; al obstruir sus iniciativas, controlando sus planes y tratándolos como subordinados y no como aliados; el gobierno de los Estados Unidos ha convalidado las quejas de Castro de que el propósito de la política de Estados Unidos era eliminar la soberanía cubana como sucedió en 1901 con la infamante Enmienda Orville-Platt.
La represión política y la lucha diaria por la subsistencia -que el pueblo cubano enfrenta en la Isla y que el embargo agrava- ha desmoralizado a los cubanos, hasta el punto que nadie se siente seguro de expresar sus opiniones abiertamente. La generación joven está confundida sobre qué es lo verdadero o qué es lo falso.
Las ideologías son consideradas como asuntos puramente baladíes. Operando en este ambiente, el curso óptimo de acción de Castro está en reforzar el aislamiento del resto del mundo que el embargo ha creado, para así mejor mantener el control interno sobre el pueblo. ¿Podemos anticipar alguna mejoría en los derechos humanos o en los estándares de vida en esta situación? Esta política pasivo–agresiva está basada en la premisa de que nada está ocurriendo dentro de Cuba. Dentro de Cuba, la realidad es otra. El cuadro general no es de inmovilidad. Los cambios en aspectos esenciales de la realidad del país en los últimos quince años han sido abruptos, intensos y dramáticos.
Tal y como ha dicho uno de los líderes de la social democracia dentro de Cuba , el Sr. Manuel Cuesta Morúa: “La oposición universal contra la Ley Helms-Burton es la prueba de que los Estados Unidos no pueden convertirse en los Estados Unidos del Mundo” Y añade: “¿Será posible que Cuba salga a la superficie después de haber estado sumergida?”
Pensamos que Estados Unidos ha sido tan influyente e intrusivo en Cuba que la inmovilidad política cesará tan pronto como la inmovilidad de Estados Unidos cese.
A fin de cuentas, la democracia en Cuba no ha avanzado, en parte, debido a que la politica de USA ha permitido a Castro utilizar el juego del imperialismo contra el nacionalismo…. Las politicas que acentúan las contradicciones conque choca Castro entre democracia y dictadura, han hecho este juego miserable.
El fracaso mayor del castrismo ha sido la creación de una sociedad estática, incapaz de lograr la satisfacción de sus necesidades. Por ello es que la creación de una sociedad civil independiente -que llene ese vacío- deberia ser prioritaria. Sin embargo la remoción de Castro parece ser la meta. Sin embargo, el objetivo real debiera ser reforzar la naciente proliferación de diversas instituciones. De esta manera, se va creando una sociedad civil como base para mejorar las condiciones de vida del pueblo cubano. Consecuentemente, se va generando el cambio politico.
La política de los Estados Unidos hacia Cuba debiera ser más amplia que la salida de Castro. Su punto de partida debería ser el reconocimiento de la Oposición cubana en la Isla como el protagonista real de la Transición. En este sentido, “manos fuera de Cuba sería lo mejor”
2- ACTORES INTERNACIONALES EN EUROPA Y AMÉRICA LATINA “EL PUEBLO CUBANO VS CASTRO”(9)
Sin embargo, después de cuarenta y cuatro años, la estructura del poder totalitario en Cuba permanece intacta. Considerando el hecho de que la ilusión del gobierno de USA era derrotar a Castro y que éste todavía permanece en el poder, uno se pregunta, ¿qué ha fallado? ¿Por qué la ilusión no se ha realizado? ¿Será posible que la ilusión misma haya sido el principal factor que mantiene a Castro en el poder ?
Después del trauma de la Invasión de Bahía de Cochinos, los Estados Unidos se quedaron sin estrategia para influir en los cambios políticos en Cuba. Hoy en día todavía, los Estados Unidos no saben qué pasa con Cuba.
Desde el comienzo de la revolución cubana, el pueblo en Cuba se quedó sin opciones políticas: todas las libertades civiles y políticas fueron eliminadas. Dentro de Cuba surgió una oposición política. De este modo, la única opción disponible al pueblo fue la insurgencia armada. En esta situación, los políticos de USA pretendieron “ salvar a Cuba” y cada paso que dieron fue un fracaso. ¿Por qué?
¡La democracia tiene que hacerse desde adentro! Si se quiere favorecer el cambio, éste debe apoyarse adentro. Forzar cambios desde afuera cae en el reino de lo iluso.
La Ley firmada por el Presidente Clinton: La ley para la democracia en Cuba, es llamada La Ley Helms-Burton-Castro por la oposición cubana. Este diferendo USA - Cuba no va a cambiar; no ha cambiado en los últimos 44 años. No le conviene a Castro que cambie. Castro se nutre en gran medida de la guerra fría, de la confrontación perenne.
Como consecuencia de la guerra fría, de la confrontación perenne, algunos políticos creen en otra ilusión: piensan que la decadencia de los países de la Europa del Este fue producto de la confrontación. Nosotros, los que hemos vivido en el totalitarismo, conocemos de dónde vino la decadencia. El socialismo de estado, al cual los social demócratas se oponen por esencia, tiene en sí el germen de su propia destrucción. El árbol que no está enraizado en la persona humana, está podrido, y no sobrevivirá.
1- No creemos que las soluciones para una Cuba libre estén en las manos de los políticos de América y Europa que basados en la tozudez de Castro y en la supuesta pasividad del pueblo cubano, justifican la estrangulación, a fin de que el pueblo se rebele por hambre, esto es una contradicción. Ni un solo país en Europa del Este se rebeló a causa del hambre. Todos fueron pueblos como el cubano, que se afirmaron, -para producir el cambio-, en esta conciencia nacional de la constante inseguridad en que ellos vivieron. Cuba, tampoco, quiere un futuro inpredecible como lo ha sido su pasado en estos 44 años.
2- Si la Unión Europea no desarrolla su propia política autónoma con relación a Cuba, ajena al nuevo diferendo Unión Europea vs. USA, que está surgiendo después de la Ley Helms Burton, el grupo de naciones que la forma serán un obstáculo y no una ayuda a nuestra liberación. ¡Manos fuera de Cuba seria lo mejor! Si las naciones van a actuar en la situación cubana con los conflictos de la Ley Helms-Burton en mente: ¡Manos fuera de Cuba sería lo mejor!
3- Si el objetivo es ayudar al proceso de democratización de Cuba, debemos entender que lo principal es el conflicto del pueblo cubano vs. Castro. No se trata de USA vs. Europa después de La Ley Helms-Burton, ni siquiera entre USA vs. Cuba. El hecho real, si estamos hablando de Cuba, consiste en saber qué es lo que el castrismo le hace al pueblo cubano. El conflicto es entre Castro y la Oposicion a su sistema opresivo. Hoy, aqui, en éste forum, Uds. han dado “voz a los que no tienen voz”. No hay una mejor guía para la Unión Europea y América. La única política real y efectiva para vuestras naciones debe estar basada en satisfacer la necesidad del pueblo cubano que se opone a Castro: el ser reconocido, y no ser ignorado por más tiempo.
4- El gobierno cubano no debe ser excluído de las organizaciones internacionales. Debe estar presente de modo que esté atado por las leyes, acuerdos o convenciones internacionales que firme. Si viola la ley y viola los derechos del pueblo cubano debe ser denunciado. ¡Éste es el reto! Uds. no deben permitir a Castro la polÍtica de las exclusiones. Él excluye el pluralismo político, el diálogo, la reconciliación, el pueblo en concilio, la oposición interna, los disidentes, la emergente sociedad civil, las organizaciones independientes, la prensa libre, la libertad, violando los Derechos Universales del Hombre.
5.- La política de inmiscuirse no es la mejor. Pero no es posible permanecer callados cuando unos atropellan y otros hacen buen negocio con ello, pronto se pierden las ganancias y los principios éticos. Solicitamos a los que hacen cumplir las leyes internacionales que protegen los derechos de los trabajadores, que presionen a favor del cumplimiento de los Principios Arcos, ya que resumen el uso abusivo de las fuerzas trabajadoras cubanas por el gobierno cubano y el capital foráneo, asociados en una nueva clase de explotación.
6.- Favorecemos la apertura de la sociedad cubana. Es evidente para mí que el castrismo se opone a ella. No quiere, ni soporta, ni alienta, ni permite, ni resiste la apertura del pueblo hacia nuevas formas de pensar. El régimen categoriza la penetración ideológica como “terrorismo con guante blanco”, es por ello que ha establecido otro embargo, esta vez interno, que se nutre, excusa y justifica con el externo. Esta apertura de Europa hacia la oposición interna en Cuba ayudará a desmasificar al pueblo abriendo el camino hacia un nuevo ciudadano cubano; hacia el crecimiento de las organizaciones no gubernamentales que fortalecerán la Sociedad Civil en Cuba. Es por ello que consideramos que la apertura es la línea dura.
Cualquier propuesta para darle fin a la crisis cubana y la estrategia usada a fin de obtener los cambios que se necesitan debe detectar los problemas básicos. Los problemas económicos no son los únicos a considerar, sino los políticos, sociales y también los morales. En cierto sentido, nuestra gente no piensa, al menos no se da cuenta del hecho siguiente: “o renace una conciencia en Cuba, o Cuba muere”.
El RÉGIMEN
1. Sin lugar a dudas, el régimen revolucionario ha confrontado la crisis más seria de toda su historia en los últimos tiempos.
2. A primera vista, el régimen atraviesa circunstancias que deberían haber provocado su colapso.
Dichas circunstancias incluyen: la pérdida del referente ideológico; la pérdida de su inserción en la economía política internacional; la economía doméstica de subsistencia; la ruptura del contrato social revolucionario; la discontinuidad en su legitimidad de origen para las nuevas generaciones; la falta de consenso entre la élite política; la casi completa incertidumbre sobre el futuro y la desaparición de su patrono internacional. “No todos los que participan en el Estado legitiman el “status quo”. El gobierno y el partido comunista de Cuba tienen verdaderos seguidores. Aún así, el Estado es incapaz de detener el desplazamiento ideológico.”(10)
3. Pero surge una paradoja. A pesar de todo esto, dicho régimen:
(a) no ha perdido su capacidad represiva, siguen intactos los instrumentos de terror.
(b) su dirígencia no ha perdido su voluntad de poder, y
(c) no se han podido actualizar, a nivel de la realidad cotidiana cubana, los medios y la oportunidad de darle vigencia a un proyecto alternativo convincente.
4. En clave abreviada, la profunda crisis nacional que confronta el país no parece haber tenido consecuencias políticas de igual magnitud.
5. Es posible esbozar una serie de factores que ayudan a esta desproporción entre la crisis del régimen y las consecuencias políticas de dicha crisis, incluyendo:
(a) la estructura estalinista del régimen que trata de eliminar muy precarios espacios políticos que se han ido abriendo y que sofoca cualquier intento de resucitar la sociedad civil;
(b) una legitimidad residual de la que todavía disfruta y que le permite movilizar a sus más decididos partidarios;
(c) Aunque se ha avanzado mucho, existe aún una falta de alternativas (interlocutores, proyectos, organizaciones) políticas claras;
(d) un temor al revanchismo;
(e) una preferencia por el escapismo a nivel individual (literalmente escapar del infierno, continuar el disimulo, resolver como uno pueda);
(f) una incapacidad por ocuparse de otra cosa que no sea la subsistncia diaria;
(g) una demostrada voluntad oficial de utilizar el nivel de represión que sea necesario;
(h) preocupación, porque se repitan en Cuba las experiencias del post.-totalitarismo de las sociedades de la antigua Unión Soviética y del Centro de Europa.
6. Es también posible detallar algunas nuevas modalidades que sugieren que la crisis ha tenido consecuencias politicas, incluyendo:
(a) la incapacidad de la dirigencia máxima de controlar completamente al PCC tanto en sus procesos eleccionarios, como en las deliberaciones de sus tres últimos congresos;
(b) las votaciones negativas registradas el 2 de Diciembre de 1992, el 24 de Febrero de 1993 y en el 1995.
(c) La aparicion y extension de los aperturistas en todas las esferas del gobierno, la efebocracia, sin duda capacitada para gobernar y distante de compromisos con el pasado violento del régimen.
(d) Una actitud más abiertamente crítica por parte de la ciudadanía; y por último...
(e) La crisis del litoral habanero.
Por el momento, desde "arriba", comenzando dentro del PCC y "derramándose" posteriormente a nivel de los cubanos comunes y 7. corrientes, no ha habido retos serios; pero el crecimiento progresivo de la sociedad civil y los grupos politicos actuando desde "abajo", al mismo nivel del pueblo, como corriente que aglutina y masifica a muchos de éstos, al crear proyectos con base social como el Varela y La Carta Fundamental de Derechos de los Cubanos han atraído el respeto, apoyo y simpatía internacionales y han producido un reto decisivo al régimen que lo ha forzado a incluir una fuerte y elevada dosis de represión en su actual politica de re-equilibramiento.
Esa elevada dosis de represión ha trocado para siempre la imagen del pequeño David, victima dentro de la guerra fria a la que la cúspide del regimen estalinista ha sacado buen provecho, por una imagen de agresor del pueblo cubano que lucha pacíficamente por democratizarse.(10)
LOS APERTURISTAS
La “efebocracia”, o dirigencia de relevo, generaciones intermedia y nueva, que controla ya un porciento cada vez mayor y creciente del poder, se ve ante la ingente y dificil tarea de rediseñar el sistema económico cubano y la sociedad manteniendo el poder politico por un largo periodo de tiempo, encaminando la transición que ya va ocurriendo hacia una sucesión, quizás en una economía mixta de mercado, donde el estado y sus poseedores controlen todo, sin concesiones políticas hacia formas democráticas de gobierno con mayor respeto a los derechos civiles y políticos conculcados por el sistema totalitario. Esa ingente tarea repito se hace mas difícil puesto que esa sucesión no se ha preparado, se acerca el final del régimen del “Máximo Lider” en medio de la peor crisis económica y social que ha vivido el país, dando a todos los ciudadanos la impresión que las necesidades del pueblo no cuentan sino solamente las del poder. Esa situación de terreno minado en que vive la efebocracia que debe ser el relevo del poder, -pero que aún no tiene el poder de decisión, ni siquiera parcial sobre los destinos de la patria y se siente heredera del trono por nominación pero nunca por elección del pueblo-, se hace más difícil todavía, porque está paralizada en sus agendas internas en la lucha por el poder, por el aparato de terror que ha sido sacado recientemente de las neveras del régimen y re-estrenado en abril 2003 con la disidencia pacífica. Estos posibles sucesores o herederos del trono, que forman el aperturismo desde las esferas del gobierno, ni están todos contra ni todos a favor del sistema y de su perpetuación. Solo están… a la espera de una “realizacion de deseos que consiste en pensar que porque han participado en el poder por “resonancia”, éste va a continuar en sus manos porque asi lo quieren”. El poder ha sido tan unipersonal, dentro de un sistema totalitario pobremente institucionalizado, que no se ve la concatenación del poder actual con el poder del futuro. Tienen dos varas de medir: una para la comunidad de exilados y otra para el pueblo de adentro y sobre todo para los opositores y disidentes politicos. Esta efebocracia viaja y estudia fuera y prospera dentro y fuera del pais. No tiene apuro. Sabe escoger lo que es más conveniente y también esperar sin correr riesgos, pero eso sí tiene bien clara dos cosas: Con los antiguos enemigos ( Los del Norte) hay que ponerse de acuerdo, en fin de cuentas eso es lo que ha hecho la Revolución con los sovieticos, ellos saben hacerlo; y venden el miedo a los desórdenes en la faja de 90 milas del Caribe que separa ambos paises y ofrecen el pais en venta lo cual le da más sabor a la relación. Aprovechan la nostalgia del cubano que se fue, y se apoyan en sectores moderados que no pretenden en su mayoria molestar políticamente al sistema, y que aunque hablan de democratizar a Cuba se distancian de la disidencia y de los opositores internos que son para ellos siempre “la piedra de escándalo”, el que estorba en los procesos de enriquecerse con los favores que la revolución les da económicamente en Cuba. Ya están preparados para la sucesión con música de fondo de una reconciliación interesada en el agresor al pueblo y un desprecio mayúsculo por el pueblo sometido. Los que están en esta línea opinan que el embargo hay que quitarlo, porque afecta esta búsqueda para ponerse de acuerdo con los norteamericanos a fin de perpetuarse en el poder. El embargo tiene su peor cara en su negatividad etica e inutilidad operacional y sobre todo en el hecho de que no es deber de los Estados Unidos liberar a Cuba sino sacar sus manos de Cuba. Los aperturistas tienen igual agenda que los radicales del exilio: pretende a través de los norteamericanos solucionar el problema de Cuba, lo que solamente incumbe a los cubanos. Dentro de Cuba estos aspirantes a la sucesión aplauden al régimen que reprime a los disidentes con la excusa de su cercanía a los norteamericanos y a su Sección de Intereses. Fuera del país, es eso exactamente lo que ellos hacen, anhelan y tienen como agenda principal. 1- Consideramos que el cambio más importante que los aperturistas en Cuba tienen que lograr, para liberarse y solucionar su crisis, es: desamericanizar su estrategia e internacionalizar, multilateralizar su solución. La política de los Estados Unidos ha sido desastrosa en el pasado, en el presente lo es y en el futuro queda por ver. Pero hay que decirle a Castro que el hecho de que los norteamericanos estén equivocados no le da la razón a él.
El cubano no podrá cambiar jamás ni dirigir un ápice la política norteamericana, ni tampoco influirá de manera decisiva en ella en ningún asunto importante. Los aperturistas no pueden decidir qué harán los Estados Unidos respecto del embargo. Si la estrategia de liberación de nuestra Patria la realizamos en este contexto puede que nunca cese el embargo. ¿Qué será de Cuba entonces?
Esa dependencia y condicionamiento de nuestra estrategia política a lo que haga o deje de hacer otro nos paraliza y nos limita, nunca estará el destino y responsabilidad nacional en manos de cubanos mientras los problemas nuestros sean llevados al Senado de los Estados Unidos, para ser resueltos allí. Toca a los propios cubanos resolverlos dentro del pais, a todos los cubanos, no a una parte de ellos. Pensamos que la mejor solución vendrá si el propio gobierno decide llevar adelante la Transición: hasta ahora parece renuente a ella. En Cuba se da el caso curioso de que tanto los inmovilistas como los aperturistas –ambos- dentro de la estructura actual del régimen desean una sucesión a la muerte del líder máximo, del proyecto fallido que ha resultado ser la revolución cubana.
Sustentados por lo expuesto anteriormente y ausente una contingencia severa no previsible asumimos que:
A. Las posibilidades de un levantamiento, ya sea del embargo norteamericano como del pueblo cubano, son igualmente remotas en el futuro inmediato;
B. Los inmovilistas tratarán de mantener la estrategia vigente a lo que de lugar; se aúnan aquí su soberbia y su autosuficiencia con una profunda preocupación por su sobrevivencia física y su vigencia histórica;
C. Continuará siendo muy arduo y dificultoso el mantener vínculos orgánicos estables y funcionales con las más de 300 organizaciones de disidentes en Cuba, no obstante entre sí todas ellas estan llevando adelante proyectos de inserción dentro de la sociedad cubana que ampliamente le discuten el terreno ideológico y político al régimen con gran audiencia y respeto internacional; pero el mismo derecho que tienen los aperturistas a desear y trabajar por un cambio en Cuba lo tienen los miembros de esta oposición interna que no ha tenido el espacio necesario para canalizar otras alternativas obvias y necesarias en una sociedad que pretenda ser pluralista. El activismo internacional en defensa de los derechos humanos en Cuba estará catapultado mientras no cesen las condiciones internas que lo justifican y avalan.
Algún día no lejano cesará la parálisis política y la congelación. Allá debe surgir, nacer, un nuevo pensamiento político basado en "permitir la libertad del pueblo para escoger". No existe mejor democracia que esa.
D. Sustentaremos con nuestra presencia y actitud la premisa de que existe una oposición seria y patriótica dispuesta a negociar; tanto dentro como fuera de Cuba.
E. Los aperturistas deben dedicar mucho más esfuerzos y recursos a penetrar directamente la realidad cubana y a hacerse más visibles y relevantes en ella. Pero su gran error está en dirigirse hacia el norte y no hacia su propio pueblo donde ya la semilla de una nueva conciencia política va naciendo y se hará respetar.
F. Debemos calibrar cuidadosamente y aunar esfuerzos;
G. Tendremos que estudiar cómo desviar los cambios del inmovilismo en dirección a una genuina democratización;
H. Habrá que seguir trabajando para establecer esa diferencia indispensable con el diferendo entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos y la contradicción dictadura-democracia en Cuba que es, en definitiva, la más relevante para los cubanos.
En ese sentido:
Rechazamos la postura del oficialismo inmóvil que insiste en que no puede haber negociación entre cubanos ni democratización mientras Estados Unidos mantenga su hostilidad, obviamente, ambas cosas están relacionadas pero una no está subordinada a la otra.
4- LAS VOCES DEMOCRÁTICAS EN CUBA: LA SOCIEDAD CIVIL
Carlos Solchaga, e l Ministro de EconomÍa de España en 1993 fue invitado a Cuba a proponer un modelo de cambio. En las conclusions finales de su informe dijo que “el gobierno de Castro era incapaz de generar riqueza debido a factores politicos.”
Ni los reformadores dentro del gobierno ni los grupos de oposición tienen la oportunidad de formular propuestas de reforma sólidas debido a la naturaleza represiva del régimen.
Durante la Conferencia del Euromoney en la Habana en 1993, Carlos Lage, Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, concluyó: “se van a crear mayores diferencias dentro del pueblo que aquéllas a las que hemos estado acostumbrados durante estos años de revolución. Las desigualdades y los privilegios que pudieran crearse son cosas que tenemos que aceptar”
Las reformas económicas gastan el poder político; sin reformas políticas previas o simultáneas no hay cambios hacia la democracia porque la vieja guardia detiene también el cambio económico que amenaza al poder político. “No son inútiles las reformas económicas pero la línea dura no las permite”.
En Cuba hay un nivel alto de enojo a través de todos los sectores antes de la liberacion pero la gente está orientada hacia la igualdad. Asi, el proceso de transición incluye dos aspectos distintos aunque interrelacionados: las reformas políticas y las económicas. La igualdad ha terminado en Cuba y es el gobierno de Castro quien está pagando el precio.
Ricardo A. Puerta, sociologo y miembro de la Coordinadora Socialdemócrata Cubana en su trabajo Sociedad civil y futuro en Cuba (11) señala que hoy son los mismos que nacieron en el periodo revolucionario quienes empiezan a tener sus propias propuestas en lo cultural, económico y político.
“ Desde 1986 hasta principios de los noventa el régimen creó una válvula de escape a traves del exilio de los intelectuales. En Cuba queda un número significativo y creciente de profesionales marginados y sectores cultos de las capas intermedias de la población, convencidos de que el socialismo está agotado y esperan el momento para hacer púbico su desplazamiento ideológico. Otros ya estan en gremios independientes, grupos de disidentes, de oposición o de derechos humanos y partidos políticos. Ya hay más de 300 grupos de derechos humanos, disidentes y opositores. Actúan con transparencia interna y aún asi son sometidos a una represión legalizada y al terrorismo estatal.”(12)
“Para superar la actual situación de la sociedad cubana, las experiencias históricas, anteriores al regimen castrista aunque utilizadas, son insuficientes, son paradigmas débiles, incompletos y desactualizados. Carecen de potencial para explicar, criticar y proyectar la actual sociedad civil cubana. De los cien años de era republicana, los últimos 51 han transcurrido sin una sociedad civil que haya operado dentro de un régimen de garantías civiles con libertades individuales. Hoy el cubano es distinto al de 1959, más joven, más negro, más mulato, más urbano, más internacionalista, más educado, más tolerante,(yo diría más solidario), más excéptico, con menos autoestima y menos competitivo que el de los años 50.”(13)
“Se impone un esfuerzo sistemático para vencer la puerilidad en tradiciones civicas de nuestro pueblo y edificar la sociedad civil cubana para que sirva de fundamento, acicate para la futura democracia.”(14)
“Señala Puerta que habrá que apoyarse en la tenaz disidencia interna y oposición pacifica que por más de dos décadas lucha contra la dictadura y el unipartidismo.”(15)
“Hay otro proceso de despolitización o desestatización en la población cubana. La mayoría no está ni a favor ni en contra del régimen, después de años de esperanzas frustradas, han quedado exhaustos de ánimo y neutrales en política, por agotamiento, o convicción, conveniencia o simulación, pero el hecho es el mismo: el cubano medio de hoy rechaza demostrar en Cuba una auténtica posición pública en política sea esta de apoyo o de oposición.”(16)
Aunque el cubano es adverso no llega todo él a oponerse realmente al sistema; no va a renovar el Estado cubano ni mucho menos porque está harto de la política estatal, aunque se resiste al cambio que le costaría duro debido al aparato de represión y a la IGNORANCIA QUE TIENE de los proyectos políticos claros que van naciendo.
Este ciudadano se refugia en lo privado y en la familia, y sigue buscando la felicidad pero fuera de un proyecto político. Aqui están larvados los líderes y organizaciones informales -pero cada vez menos informales- que pudieran democratizar a Cuba.
Hay pues que completar el desarrollo de la sociedad política. Entre nosotros la violencia y la ausencia de democracia han durado mucho tiempo.
La Corriente Socialista Democrática Cubana trabaja junto con los partidos y grupos del Arco Progresista y de la Mesa de Reflexión para llenar el vacío ético y hacer que nazca una nueva cultura política generada por el rescate de los mejores valores tradicionales de la Nación cubana. Y piensa que nuestro pueblo debe saber que ha perdido sus derechos y de este modo hacer suyo un Nuevo Código Ético-Moral que incluya:
1- La recuperación de la autoestima perdida. 2- El respeto al otro, la tolerancia hacia la diferencia. 3- Que haga crecer un dirigente político y un ciudadano que no evada la propia realidad; que sea moderado en el lenguaje; y que tenga la ética de la convicción (armónica con su propia verdad): Esto yo me lo busqué, yo tengo que cambiarlo.(17 Esta ética no espera que otro haga los cambios.
Este ciudadano no sufre de dependencias del Estado. Sabe que en sí mismo está toda la actividad creadora y productiva del ciudadano del país. Y aunque sabe que el país está en crisis no se siente indefenso o incapaz de cambiar, sino que quiere preparase para la libertad y reasumir la política, que se entregó al régimen por sus padres.
A esto se opondrán las oligopolías que ya van surgiendo y que tratan de sobrevivir la transición: NO habrá contrapeso al aparato político.
Admito que Cuba está dispersa. Si analizo su conciencia de los males que la aquejan, podria decir que “vengo de un pueblo que no sabe que no tiene derechos”. Soy de los que piensa que es posible reunir sus fragmentos y siento que somos un único pueblo.
“La dinámica del renacimiento consiste en no esperar cambios dramáticos como los del Este de Europa”.
Aunque ahora la situación política es de retroceso provocado por una cúpula gobernante insensible e inmóvil. No tiene disposición para la apertura y ha logrado arrinconar públicamente al disenso político y con la retórica revolucionaria cierra, -al estilo de los jacobinos-, las fisuras sociales y políticas. Pero lo cierto es que esa situación política, “No puede detener ya el proceso político(18). Algo se mueve en Cuba: dentro del Estado y la sociedad civil emergente. ¡Es el gobierno el que está paralizado!
El gobierno no ha creado un nuevo consenso, ni un nuevo proyecto. Ni la renovación del viejo proyecto revolucionario -que ya está muerto- y que no lo resucitan ni nuevos comandantes.
Cuba será civilista y su régimen será de derechos humanos y sus leyes para todos. Su ciudadano político convivirá con el adversario y para liberarse dejará a un lado los partidismos -no las ideas- y se asociará con los de otras tendencias ideológicas para hacer la alianza necesaria que le dé paso al pluralismo político que ya está en germen dentro del país.
Con su reciente crisis represiva demuestra el Estado cubano el deterioro de sus líderes y su debilidad. “Mientras más virulento y represor..., más débil es.”(19)
Lino B. Fernández, M. D. Secretario de Relaciones Internacionales Coordinadora Social Demócrata Cubana Berlin, 2-5 de Octubre, 2003
BIBLIOGRAFÍA
1- “Bay of pigs Invasion and related events” Musgrove, Georgia Mayo 25, 1995. Lino B. Fernández, presentación audiovisual. 2- Ibid 3- Ibid 4- Corriente Socialista Democrática. Cuba. Documento. Febrero 22,1997 5- Ibid 6- Ibid 7- Ibid 8- Ibid 9- Lino B. Fernández. Presentación en Reunión internacional convocada por la Coalición de gobierno de Holanda que presidía la Unión Europea. Abril 17, 1997. 10- Lino B. Fernández. Propuestas Político- Estratégicas frente a la situacián Cubana. Cuba: Alternativas para la Democracia. Pag.349. Universidad de los Trabajadores de America Latina (UTAL), 6 al 13 de Agosto de 1995, Caracas, Venezuela. 11- Puerta, Ricardo. La Sociedad civil y el futuro de Cuba. Cuba: Alternativas para la Democracia. Pag166. Universidad de los Trabajadores de America Latina(UTAL), 6 al 13 de Agosto de 1995, Caracas, Venezuela. 12- Ibid.p.180 13- Ibid.p.181 14- Ibid.p.181 15- Ibid.p.181, 182 16- Ibid.p.182 17- Alianza de Organizaciones Socialdemócratas de Cuba. Abril, 2003(Arco Progresista) Documento. 18- Arco Progresista. Abril, 2003. 19- Arco Progresista. Documento
Institucionalidad política y cambio democrático en Cuba: el factor internacional
Pocos análisis sobre cambio político en Cuba ponen el acento en la institucionalidad, aunque fuere mínima, del cambio democrático.
Cuba se ha analizado más como espejo de procesos o acontecimientos externos que a partir de sus dinámicas internas.
La naturaleza compartida de la cubana con las sociedades que han sufrido cambios en los últimos 15 años ha sido el criterio suficiente para transferir e impostar dinámicas de transformación que poco o nada tienen que ver con la lógica propia de Cuba. Por eso, análisis y propuestas políticos han adolecido de lo que los sajones llaman pensamiento desiderativo; con la consiguiente frustración ante las débiles y tenues reformas producidas en la isla si las comparamos con las realizadas en países políticamente homologables.
No se ha producido aún la necesaria inversión de enfoque, de afuera hacia adentro, para entender que está pasando, cuáles son las posibilidades y qué es necesario hacer.
Hay dos momentos de expectativas grandes para la transición democrática en Cuba y los dos tienen que ver con procesos externos.
Uno es la caída del Muro de Berlín, que puso en juego la teoría del dominó por el error de asociar automáticamente pérdida de legitimidad ideológica con pérdida de legitimidad política –la democracia como triunfo ideológico y filosófico.
El otro es el post 11 de septiembre de 2001, que debilita aún más las defensas de los regímenes antidemocráticos y permite ejercer más presión sobre ellos: la proyección internacional del Proyecto Varela y la rapidez con que generó apoyos se inscribe para mi en esa ofensiva internacional que pone en evidencia pública a varios países muy conocidos por su rechazo explícito a la democracia y, por extensión, al modelo político-cultural de Occidente –la promoción de la democracia en las periferias aparece aquí como necesaria para la seguridad nacional de ese mismo Occidente.
Ninguno de los dos momentos guarda empatía, sin embargo, con la intensidad del conflicto interno, la dinámica de las fuerzas contendientes ni las circunstancias u oportunidades para los cambios. Circunstancias u oportunidades que tienen que ver también con la geopolítica.
Si se produce aquella inversión es más fácil darse cuenta de la siguiente obviedad: Cuba ha venido careciendo internamente de una condición mínima y necesaria para aprovechar con eficacia el contexto y las fuerzas internacionales en dirección a la transición.
¿Cuál es esta condición? La institucionalidad del cambio democrático. Mi hipótesis en este sentido es como sigue: una transición democrática exitosa requiere la existencia de mínimos institucionales.
En la mayoría de las transiciones ocurridas se ha contado previamente con espacios institucionalizados dentro de los cuales fluyen y se intercambian personas, información, proyectos y jerarquías que dan estabilidad, control, cohesión y sentido a los cambios que se proponen; haciéndolos posibles. Espacios institucionalizados que son públicos, no necesariamente por el contenido legal del término sino por su sentido de apertura a la sociedad, la publicidad de sus propuestas y su creciente y vigorosa fluidez social.
En los países del Este europeo, con las debidas excepciones, la institucionalidad del cambio democrático se da fundamentalmente dentro de las instituciones previamente existentes, reconvertidas entonces en centros donde fluye la conversión política del sistema. La reforma gorbachoviana en Moscú, centro del Imperio Soviético, es el disparo desde arriba y desde adentro de ese mismo sistema para iniciar la revuelta en sus provincias-países rebeldes. Sin aquella reforma, sólo Polonia ofrece la oportunidad de un cambio independiente del termómetro moscovita, y esto porque es quizá el único país de la órbita exsoviética donde se crea una fuerte institucionalización del cambio al margen de las instituciones sociales y políticas oficiales. Fuera de esa órbita la democratización "tardía" de la exYugoslavia es el ejemplo, aún dentro del espacio europeo, de cómo las dinámicas internas favorecen uno u otro desarrollo.
En los países que van del autoritarismo a la democracia, la institucionalidad previa constituye, sin excepción, la posibilidad real del cambio democrático. Es más, en ellos el carácter autoritario del poder produce la institucionalidad de los adversarios casi de un modo natural.
Debo aclarar que cuando empleo el concepto de institucionalidad lo hago desde un doble ángulo: primero, como mecanismos internos e impersonales de organización y autolegitimidad y, segundo, como valores difundidos y compartidos por un amplio espectro de sujetos implicados o implicables en la sociedad.
El número de estos sujetos es importante para el cambio en una sociedad porque la mutación política es pacíficamente aceptable cuando se ha producido una mutación sicológica numéricamente relevante.
Mientras que en una sociedad que ya es democrática no interesa cuántos componen una minoría para reconocerle el disfrute de su derecho, en una sociedad que se hace democrática sí es fundamental el número de los que apoyan el cambio. El principio comunitarista de las sociedades cerradas desdeña la diferente y diversa composición sociológica de las sociedades modernas: para aquellas existen nada más que el pueblo y el Estado; sólo dos entidades que se abrazan. Por eso la categoría pueblo es extraña a las democracias. Y más importante para mi hipótesis: las categorías democráticas son extrañas para quienes se vean a sí mismos como pueblo.
Aquel segundo ángulo es crucial para la institucionalidad de los sujetos del cambio. El derecho a crear organizaciones y a articular propuestas (derecho de asociación y de presentar iniciativas) –quizá el elemento básico para la autolegitimidad institucional– tiene que corresponderse con la legitimidad externa que otorga la sociedad. Esto está ligado a la institucionalización de los valores. Significa que la legitimidad que otorga la sociedad sólo es verificable donde y cuando existen, en una cantidad sociológicamente significativa, el ciudadano cultural de derechos y el ciudadano político. Sin ellos, nunca se producen cambios democráticos en un país de la única manera que es posible en la post Guerra Fría: por transición.
El pensamiento desiderativo ha llevado a confundir en Cuba al ciudadano que sólo existe para la queja con el ciudadano que es necesario para la política, el malestar social con las condiciones subjetivas del cambio y el sujeto natural con el sujeto cultural de derechos. Razón por la que nunca se han podido satisfacer las expectativas del tipo de cambio esperado.
Por otra parte, tanto desde el punto de vista teórico como fáctico, la transición democrática exige institucionalidad. Solo metafóricamente, y por la sorpresa del cambio en algunos casos, se puede emplear el concepto de revolución cuando nos referimos a los procesos de democratización de las dos últimas décadas.
En rigor, los cambios democráticos de finales del siglo pasado son antirrevolucionarios en dos puntos clave: son, mayoritariamente, ajenos a la violencia –ésta no cuenta ya con crédito intelectual y moral– y recurren al pacto entre adversarios políticos. Algunos politólogos suelen emplear el neologismo refolución para captar esa mezcla entre la sorpresa y magnitud del cambio y su método reformista y conciliador.
Si es cierto que las transiciones se producen por un continuo sucesivo de reformas, más rápidas o más lentas según los casos, entonces la institucionalidad del cambio democrático salta a la vista como condición sine qua non.
Transición en política es un movimiento sin saltos bruscos hacia un nuevo ordenamiento. Implica a tantos sectores, fuerzas e intereses que no puede producirse con un mínimo de éxito si no es negociada o pactada institucionalmente. Dicho sea de paso, el adjetivo pactada junto al sustantivo transición es técnicamente innecesario y sólo tiene sentido por la urgencia de enfatizar el concepto de negociación que muchos políticos rechazan ante la tentación fundamentalista de los principios y el atractivo de los juegos de suma cero. Tentación y atractivo autocorregibles precisamente por los intereses institucionales que aquellos representan.
Negociación como entramado político de la transición supone siempre que el poder esté obligado a negociar. Una combinación incontrolable entre autoconfianza del poder y subestimación del adversario lleva a las revoluciones. En presencia del sentido de realidad el poder tiende a negociar siempre y cuando los adversarios no puedan ser subestimables. Y los únicos que no pueden serlo son los adversarios institucionalizados y que han logrado, directa o indirectamente, institucionalizar sus valores. ¿Por qué el poder tiene que negociar o pactar una transición con un individuo o grupo de individuos que con mucho sólo representan valores no institucionalizados? No hay ejemplo histórico en el que una transición se haya producido únicamente por desgaste moral del poder o del modelo que representan.
Negociación también significa institucionalización porque los cambios políticos que se verifican por este vía no pueden echar a un lado un mayor número de implicados, una gama amplia de intereses y fuerzas y una variedad mayor de prejuicios políticos, culturales, sociales e ideológicos.
Mientras las revoluciones pueden imponerse al mayor número, las transiciones tienen que negociarse teniéndolo en cuenta. Solamente la institucionalidad ofrece los mecanismos para contener, negociar y canalizar los intereses e inquietudes en un radio mayor al de las elites. La complicidad de grupos pequeños y cerrados que permiten los procesos revolucionarios no es factible en espacios más complejos y amplios como los que se crean y recrean en las transiciones.
Negociación quiere decir además de-moralización del debate, flexibilidad de los adversarios y despersonalización de las alternativas, lo que se logra comúnmente cuando se posee liderazgo institucional. Para negociar son necesarios liderazgos fuertes, no cabe dudas de esto. Pero contrario a lo que pueda pensarse los liderazgos fuertes en procesos de transición lo son sólo si tienen capacidad de negociación, la cual requiere institucionalidad.
De ahí la importancia de pasar, cuando de cambio democrático se trata, de los movimientos a las instituciones.
Por una razón los movimientos no son aptos para alcanzar el tránsito a la democracia: las democracias se instauran cuando se institucionalizan. Los aspectos formales de la democracia valen tanto como sus contenidos sociales. La afirmación de que la democracia formal es vacía si no atiende las cuestiones sociales tiene sentido a condición de que los contenidos no sustituyan a las formas.
Y los únicos aptos para institucionalizar la democracia son los actores institucionales que la alimentan. Estos hacen lo que no hacen los movimientos: desarrollar todo el complejo repertorio que exige una sociedad democrática; sobre todo en las fases iniciales hacia, desde y hasta su instauración, cuando la falta de hábitos debe ser compensada por una exageración de sus mecanismos y aspectos formales.
Los movimientos, por su estructura simple, tienden a congregarse comúnmente alrededor de uno o varios líderes fuertes, audaces y carismáticos, sin mucha institucionalidad y detrás de una demanda simple, poderosamente atractiva y muy concreta. Si él o los líderes desaparecen, el movimiento tiende a desarticularse si antes no se institucionaliza esto es, si antes no amplía y complejiza su estructura, sus demandas y alcances sociales.
La institucionalidad del cambio democrático es básica por otro proceso crucial en las democracias: el proceso constitucional. Al proceso complejo de las constituciones se puede llegar mediante la complejidad misma que las instituciones del cambio democrático ponen en juego.
Quienes favorecen la ley son aquellos que se han visto obligados y se han acostumbrado a actuar según las reglas de un juego que asimila la diversidad y la pluralidad social y política. Un proceso constitucional democráticamente satisfactorio es aquel que toma en cuenta esa diversidad y pluralidad y las pone a jugar en un marco único –la Constitución– pero flexible para que quepan si no todos, sí la mayoría de intereses representables, y sobre bases de derecho. Ello no puede lograrse sin la existencia de actores institucionalizados que expresen los diversos puntos de vista que representan, y defiendan intereses consensuados. Una vez claro está que tengan fuerza y capacidad para hacerlo.
La institucionalidad es fundamental, por otro lado, debido a las exigencias propias de una sociedad moderna, entre las que está una impostergable: la del conocimiento. La afirmación de que la información es poder es verdad ante esta circunstancia: cuando se analiza. Es el correcto análisis de la información lo que da poder y permite orientarse con éxito ante la veloz y creciente complejidad de nuestras sociedades. Intentar cambios democráticos de espaldas al conocimiento es como pretender que, de tener éxito, la rebelión de Espartaco podría gobernar la compleja Roma. En este punto no se trata sólo del conocimiento que proveen la información y su análisis sino de la información que se necesita para la formación. En muchas ocasiones la información se pierde por la carencia de conceptos e instrumentos para analizarla. Sin institucionalidad no se abren paso la información, el conocimiento y el procesamiento imprescindibles para actuar en las direcciones que demanda el cambio democrático, en un mundo cada vez más complejo.
Finalmente la institucionalidad es necesaria para poder regular los conflictos de las sociedades en cambio. La certeza liberal de que la racionalidad del mercado se alcanza por el poder de esa mano invisible que compatibiliza el juego libre de la oferta y la demanda ha demostrado ser cierta en otro ámbito: el "mercado" político. Pero cierta si los actores se proyectan con una racionalidad visible o invisible, que se alcanza siempre que se toman en cuenta los intereses y se producen los consensos.
¿Cómo la institucionalidad regula los conflictos de las sociedades en cambio? Reduciendo la fragmentación y definiendo los roles de los actores políticos y sociales. Una débil institucionalidad dificulta y lentifica las posibilidades del cambio. ¿Por qué? Porque fragmenta demasiado la representación, obstaculiza la posibilidad de los consensos mínimos que exige la transición y multiplica, más bien replica, innecesariamente los interlocutores del cambio, restándoles legitimidad para la toma de decisiones.
Una institucionalidad fuerte, o al menos clara, tiene los efectos contrarios porque destruye la falacia política que se construye, en sociedades democráticamente inmaduras, sobre los pilares legítimos de las libertades fundamentales: la de pensar que hay tantos puntos de vista políticos e ideológicos como individuos en una sociedad. Si ello es así, no sólo es natural sino que es políticamente deseable la constante proliferación de grupos políticos. La experiencia demuestra lo contrario. La institucionalidad no es otra cosa que el reagrupamiento de fuerzas, concepciones, intereses y visiones que se creen diferentes, dentro de unidades políticas más amplias, representativas e impersonales.
Tanto las premisas del cambio democrático en Cuba como los desarrollos en los últimos 17 años, (tomando 1985 como punto de partida del movimiento pro derechos humanos) tienden a confirmar mi hipótesis de que una transición democrática exitosa requiere la existencia de mínimos institucionales.
Cuba se encuentra ahora mismo en un estado pre o protoinstitucional. Se entiende esto mejor comparando nuestro proceso con las condiciones más o menos comunes a las transiciones clásicas.
Y voy a apoyarme para esto en el Esbozo de Teoría para una Transición en Cuba, un análisis del Centro de Estudios del Socialismo Democrático –un pequeño Think Thank asociado hoy al Arco Progresista–, del que me gustaría tomar unos puntos de vista clave para intentar demostrar y explicar mejor mi hipótesis.
Y Cito in extenso de aquel Esbozo.
La hiptesis de que Cuba est transitando hacia un lugar indefinible permite planteamientos del tipo: No se puede hablar de poltica y transicin en Cuba sin hablar de contexto en transición. Pero necesita ser demostrada (la hiptesis) sobre todo porque esta transicin desafa la teora clsica. Si vamos a las transiciones ms estudiadas veremos una serie de constantes que no aparecen en el caso cubano.
Primero: ninguna transicin fue pensada como tal transicin. Esto significa que los participantes estaban involucrados en procesos polticos que se iban desencadenando segn los acontecimientos se desarrollaban, sin poder prever ninguna tendencia clara en estos procesos. La literatura poltica reconstruy los hechos despus de la fiesta, les puso un comienzo y un fin y fij su duracin. La brasilea dur casi 20 aos, la espaola alrededor de 14. Las transiciones del Este europeo, simplemente son transiciones provocadas por un cambio casi sbito y no procesos que llevan a un cambio. La Perestroika es lo nico que nos invita a pensar en una transicin pensada, pero los ms conocedores del asunto hablan ms de reformas que se escapan que de transicin consciente. En Cuba, por el contrario, se habla de transición como un proceso que debe llevarse a cabo conscientemente. Lo que posibilita un proceso mejor preparado al mismo tiempo que más lento.
Segundo: Las transiciones clsicas son eminentemente polticas. Con ello queremos decir que los factores econmicos reaccionan aunque tambin las posibilitan ante fuertes dinmicas polticas que enfrentan a sectores, personajes y sujetos en una forma visible, y que la prensa refleja en su diario acontecer. La de Cuba no lo es.
Tercero: La economa es un factor independiente en cada una de estas transiciones. Hay poderes econmicos que juegan a la poltica y se hacen representar por los bandos en pugna, pero en s mismos no dependen absolutamente de sus decisiones, aunque s del grado de crispacin de la poltica. Lo que las convierte en casos diferenciales respecto a Cuba.
Cuarto: Las transiciones clsicas se producen en un contexto en el que los referentes democrticos no estaban cuestionados. Democracia representativa, pluripartidismo y elecciones libres eran referentes claros en el espectro de las reformas y no estaban bombardeados por la incredulidad poltica de amplios sectores sociales o de tericos y expertos que hoy ponen en dudas el valor referencial de los grandes marcos de la democracia que defendemos.
Quinto: Las transiciones clsicas no pudieron utilizar el pretexto fuerte de la seguridad nacional o de la soberana para congelar o coartar procesos internos que describan dinmicas slidas y autocentradas.
Sexto: Las transiciones clsicas se producen en pases de fuerte sociedad civil y de movilidad creciente: fsica y social.
Sptimo: En estas transiciones, el exilio solo define un lugar fsico y una condicin circunstancial muy vinculada a los procesos internos de los pases de origen. No es el caso de los cubanos para los que el exilio ha llegado a ser otro lugar, alejado de las principales dinámicas de la Isla.
Octavo: Para las transiciones clsicas no fue necesario reinventar la tradicin diversa de doctrinas polticas que fundamentaran la pluralidad democrtica que se buscaba.
Noveno: Ninguna de estas transiciones se enfrent a la fuerte capacidad simblica de los mitos polticos. La Revolucin Cubana, as en maysculas, como concepto y como hecho, es un mito poltico cerrado, con toda su carga indescifrable, que pesa sobre las posibilidades sociolgicas de la transicin en Cuba, que est marcando los lmites del debate poltico: como mentalidad y de forma instrumental: simplemente los trminos de revolucin y contrarrevolucin no han pasado de moda en el vocabulario poltico, y que bloquea socialmente el cuestionamiento racional del poder.
Dcimo: La existencia de una estructura social diversa y diferenciada, la posibilidad de una sociedad civil pujante y de ntidos referentes sociales, la inclusin de las clases cultas en el proceso y la visibilidad de unos hilos culturales vinculados con la tradicin garantizan que las transiciones clsicas cuenten con un suelo tico ms o menos slido que sirve de paradigma al juego social y poltico. En Cuba, por el contrario, la ética necesita ser reinventada en medio del mismo proceso político.
Estas diez constantes son importantes de contrastar por una razn bsica: la transicin en Cuba parece que seguir el camino ms o menos clsico, pero sin ninguna o muy pocas de las condiciones que facilitaron el cambio democrtico en otros pases.
Podramos decir que Cuba est en transicin porque se estn produciendo mutaciones definitivas en las cinco dimensiones bsicas sobre las que se basa la cohesin de un modelo poltico: la dimensin ideolgica, la dimensin cultural, la dimensin sociolgica, la dimensin econmica y la dimensin poltica. Con diferencias de grado, de ritmo y de naturaleza. Por eso hablamos de postotalitarismo.
Pero hay tres cuestiones fundamentales que marcan la diferencia. En primer lugar, esta transicin se produce, en reas importantes, al margen de la influencia real de los movimientos alternativos; en segundo lugar, no ha creado una contestacin significativa por parte de la sociedad y en tercer lugar, se mueve bajo la aparente continuidad del rgimen poltico.
Esto es lo que precisamente complejiza el proceso mismo de la transicin y hace impredecible los escenarios. Porque si bien Cuba transita, nadie sabe ni puede predecir exactamente hacia dnde o qu tipo de sociedad podremos forjar. Nosotros solemos afirmar que Cuba va inevitablemente hacia la democracia. Y esta certeza, que tiene un valor poltico incalculable y que todos debemos seguir repitiendo, no puede ser demostrada ahora mismo.
Hagamos una brevsima descripcin, de manera convencional, de los mbitos m |