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El reino de la doble
moral,por Carmelo Mesa-Lago
Articulos Prensa Internacional
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IN MEMORIAM: WILLY BRANDT (1913-1992) En esta entrega: Torricelli (bis): Declaración de la Coordinadora. . . XIX Congreso de la Internacional Socialista. . . Willy Brandt: Mensaje al XIX Congreso. . .
Como parte de su campaña electoral el presidente George Bush se trasladó a Miami para firmar la Ley Torricelli. Por ese motivo, la Coordinadora emitió la siguiente declaración. "Tal como lo predijimos en ocasión de testificar ante el Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes del Congreso de E.E.U.U. y en que, a nombre de la Plataforma Democrática, nos opusimos a la mal llamada Ley (Acta) Para la Democracia en Cuba, ésta ha provocado la oposición unánime de los miembros de la Comunidad Económica Europea, del Canadá, y de la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos, inclusive los que se han manifestado en contra del régimen de Fidel Castro. Tal como lo habíamos dicho anteriormente, esta ley tiene transparentes propósitos electorales, como queda demostrado este día de hoy de 23 de Octubre de 1992, en que un presidente que inicialmente se opuso a la ley viene ahora, desesperado en busca de votos, a firmarla ante miembros de una comunidad cuyos sentimientos y anhelos de libertad para su patria se han visto burlados y manipulados repetidamente. Finalmente, aprovechamos la ocasión para repetir que aunque agradecemos la solidaridad del pueblo y gobierno norteamericanos con la causa de la democratización de Cuba, los medios para alcanzar dicha democratización son una cuestión exclusivamente cubana y ningún país o institución extranjera tienen beligerencia alguna al respecto."
XIX Congreso de la Internacional Socialista
En los días del 15 al 17 de Setiembre se celebró el XIX Congreso de la Internacional Socialista en Berlín. Representando a la Coordinadora asistieron en calidad de invitados la Dra. Lesbia Varona y el Dr. Enrique Baloyra. El significado histórico del Congreso fue subrayado por el presidente de España, Felipe González, quien tuvo a su cargo el discurso de apertura en sustitución de Willy Brandt. Tras lamentar su ausencia, González elogió la labor de Brandt como presidente de la organización. En su discurso, González abundó en la necesidad de dar respuesta a las preguntas planteadas por el comunismo e ignoradas por el neoliberalismo: "Se ha dicho con acierto que la constatación del fracaso de la respuesta comunista no significa que las preguntas hayan dejado de existir. . .tenemos un patrimonio de respuestas que han permitido a las áreas del mundo en que la presencia del socialismo democrático ha sido fuerte, avanzar en la justicia, en la solidaridad y en la libertad. . .Y somos también conscientes de que hay nuevas preguntas sin respuesta. . .El fracaso del comunismo, de la economía estatalizada, ha hecho comprender a todos las ventajas de la economía libre y, por tanto, del mercado. Nosotros tenemos que aportar, en este cuadro, respuestas económicas eficaces y defender con claridad el papel de los poderes públicos como correctores de los desequilibrios o las injusticias sociales que nunca podría resolver el mercado. . ." La búsqueda de una nueva síntesis crea dilemas de todo tipo, comenzando por el hecho mismo de la vigencia que mantiene la IS y de la diversidad de las fuerzas políticas que a ella se quieren sumar. Por ejemplo, tras quince años de insistencia, los liberales colombianos han entrado en la organización. Escribe el ex- presidente de Colombia Alfonso López Michelsen: ". . .el principal tropiezo para adquirir el carácter de miembros de la Social Democracia, fue el nombre de "liberal", del cual no queremos desprendernos. . .el nombre de liberal se asocia hoy en día con la reacción. Liberales son, en otros países, grupos minoritarios aliados de gobiernos de derecha, que miran con desconfianza al socialismo. Nosotros, desde los albores del Siglo XX, hemos tratado de identificarnos con el socialismo democrático. . .Somos liberales en cuanto al respeto de los derechos civiles y garantías sociales, propias del estado social de derecho; pero, en lo económico y en lo social, nos nutrimos de las experiencias de los partidos afiliados a la Social Democracia, que hoy nos recibe en su seno". Pero sucede que sintiéndose igualmente cómodos, dirigentes de la Alianza Democrática M-19 hacen gestiones para ingresar a la IS. De igual modo, teniendo ya status de observador el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) pide otro tanto--para colmo, en ambos casos el solicitante ha sido el mismo, el senador Porfirio Muñoz Ledo. Pide también admisión el Partido Comunista Italiano (PCI), cuya línea de compromesso historico, experiencia de gobierno democrático y actitudes profundamente anti-stalinistas quizá lo hayan convertido gradualmente en el más occidental de todos los partidos leninistas. ¿Merece menos consideración el PCI que antiguos grupos guerrilleros? ¿Cómo se puede admitir al PCI sin ofender al Partido Socialista Italiano (PSI) de Bettino Craxi, uno de los pilares indiscutibles de la Internacional? Llega en la tarde del segundo día Mikhail Gorbachev--el "último leninista"--y les dice a los setecientos participantes en el XIX Congreso, "Todos los días me pregunto, ¿qué soy yo"? ¿Quiénes somos los socialdemócratas de finales del sigo XX? ¿Hasta dónde es posible estirar el espacio ideológico socialdemócrata sin caer en una babel ideológica? Esto requerirá mucho más que el fino tacto y la consumada habilidad diplomática de Luis Ayala, secretario general de la IS. Se trata de producir un lenguaje propio, a partir de ciertas lecturas compartidas que no se pueden improvisar. Por suerte, en junio de l989, el XVIII Congreso produjo una Declaración de Estocolmo que aclaraba los componentes básicos de ese nuevo discurso: democratización, desarrollo compartido, derechos humanos. El lema mismo del XIX Congreso revela la continuidad: "Libertad y Solidaridad en Un Mundo Cambiante". Pero no se podía avizorar en 1989 ni la rapidez ni las consecuencias del colapso leninista en el Este. De manera que, aunque ya existan importantes entendimientos compartidos, hace falta un intenso diálogo para hilvanar ese nuevo discurso. Tal como lo planteamos en una carta a los participantes de la reunión del Consejo de la IS en Santiago de Chile, en Noviembre de 1991, los cubanos socialdemócratas tenemos mucho que aportar. Nos duele que la Internacional como tal no se haya pronunciado todavía a favor de un entendimiento entre gobierno y oposición en Cuba-- que es la única manera de resolver el problema del embargo estadounidense y de evitar un desenlace catastrófico. Pero sucede que éste no es el único tema sobre el que tenemos algo que decir. Hemos vivido treinta años de cambio en una sociedad pluriétnica, hemos aprendido poco a poco algunas lecciones básicas sobre la virtud de la tolerancia y el respeto mutuo, conocemos de primera mano qué mecanismos permiten que se violen los derechos humanos con impunidad, hemos combatido en todas las contiendas militares contemporáneas, somos productores materiales e intelectuales en la economía y en la política de la única superpotencia que queda. Atemperados por esas experiencias y comprometidos a seguir luchando por una democracia en Cuba, producto de una negociación y una reconciliación entre cubanos, nos acercamos a la Internacional Socialista solicitando la distinción de ser considerados parte de la familia.
Un Ultimo Testimonio: Mensaje de Willy Brandt al XIX Congreso
". . .Me conmovió mucho cuando Felipe González propuso Berlín. Y por qué no agregar a eso que pensé que, ya que iba a ser Berlín, nos tendríamos que reunir en el Reichstag. . .donde tantas veces se ha decidido la guerra y la paz en Europa. . .donde tanto se ha hablado de la libertad y de la subyugación. No hace mucho que yo había pedido que se depositara la dirección de nuestra Internacional en manos más jóvenes. Porque dieciséis años al frente de ella pienso que es un período bastante largo. . .Aún así, en ese breve período, esta ciudad, este país y este continente han cambiado. El mundo no es el mismo que era en el 76, cuando asumí este cargo en Ginebra. Si el conseguir la paz no era entonces nuestro único empeño, sí era el más importante. . .Hoy en cambio, en muchos sitios de este mundo, que aunque muy liberado está también muy agitado, tenemos que preocuparnos de restablecer la paz. . . .El que nos hayamos extendido más allá de Europa y que nos hayamos convertido así en una comunidad verdaderamente mundial y, por consiguiente, una comunidad muy diversa me dá-- es decir, nos debe dar --una especial satisfacción. Pero el número de nuestros miembros y el número de quienes aspiran a serlo no constituyen un valor en sí mismo sino que significan una responsabilidad. Dondequiera que haya gente sufriendo nos tenemos que dar por aludidos: quien permite que se perpetúe una injusticia no hace sino allanarle el camino a la siguiente. Fortalecer las Naciones Unidas nos es un afán antiguo y familiar. Ahora que se vislumbra cierto progreso, y que a las Naciones Unidas se les confiere, si no más poder al menos más influencia, vale la pena hacer un gran esfuerzo. Ayudemos para que se les brinden a las Naciones Unidas los medios que necesitan para que, en efecto, puedan ser influyentes. El mundo no se ha vuelto exclusivamente "bueno" como consecuencia de los acontecimientos epocales del 89 y del 90. Nuestra era-- como ninguna época anterior --entraña muchas responsabilidades, tanto para bien como para mal. Muy pocas cosas son duraderas. Por eso, no obvien nunca vuestras propias fuerzas, y no olviden que los tiempos exigen respuestas propias ni que, si se quiere hacer el bien, hay que mantenerse por encima de las circunstancias".
Willy Brandt fue protagonista y paradigma de tres épocas. En la primera tuvo que vivir como exiliado en Noruega para escapar del nazismo. En la segunda aparece como alcalde de Berlín Occidental, al lado de John Kennedy, resistiendo en primera fila los duros embates de la Guerra Fría. En la tercera, como canciller alemán, reconcilió a su país con los judíos y fue el arquitecto de la política de apertura hacia el Este (Ostpolitik) que mejoró el contacto humano entre los dos bloques en suelo europeo, que gradualmente resquebrajó a los regímenes comunistas y que llevó, finalmente, a la caída del muro de Berlín y a la crisis final del leninismo. En 1971 recibió el Premio Nobel de la Paz. Murió el día ocho de este mes. Los socialdemócratas quedamos eternamente endeudados con él. Descanse en paz.
Pierre Mauroy, de 64 años, quien fue primer ministro francés (1981-1984), primer secretario del Partido Socialista Francés (Mayo 1988-Enero 1992), y actualmente presidente de la Fundación Jean Jaurès, ha sido electo sucesor de Brandt.
Palabras de Oscar Arias, ex-presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, durante una cena íntima con dirigentes de la Coordinadora Social Demócrata en Miami, 2 Octubre 1992.
Yo quiero comenzar por agradecerles esta amable invitación para compartir un rato con ustedes mis experiencias, ideas. Realmente me conmueven las palabras de Enrique y, como él me lo ha pedido, quizás valdría la pena comenzar por hablar un poco de lo que fue el proceso de paz centroamericano para ver qué enseñanzas nos deja ese proceso que puedan tener alguna aplicación al caso cubano. . . Bueno, a mí me eligió el pueblo costarricense presidente en Febrero 1986, después de haber hecho una campaña en favor de la paz. Valga decir yo quería para mi país lo que cualquier político aspira para su pueblo: mejorarle su condición de vida, darle prosperidad, generar riqueza y tratar de distribuírla de la mejor manera posible. Y ciertamente la guerra centroamericana era incompatible con esas propuestas. Un país desarmado como el nuestro, vulnerable como lo es, no iba a poder generar la riqueza que todos aspiramos a generar. Había compromisos muy concretos: la educación y la salud que han sido prioridad para nuestro país durante muchos años; de igual manera darle prioridad a la vivienda. Y decía en campaña que, así como éramos el primer país latinoamericano que había erradicado el ejército, quería hacer de Costa Rica el primer país latinoamericano en erradicar los tugurios. Y para hacer estas cosas ciertamente se requería un clima de tranquilidad, de optimismo y de confianza. . . Entonces yo tenía muy claro que yo no podía permitir que el territorio costarricense fuese usado como un portaviones para la Contra nicaragüense. Bueno eso me llevó, como ustedes saben, a una tensión muy grande con el presidente Reagan. El ciertamente no creía en lo que yo estaba haciendo. . .El en algún momento había dicho que él era un "contra" más y su obsesión era tanta que realmente perdió la cordura, perdió la capacidad de razonar. A mí me veía como ingenuo, como idealista, un persona muy poco pragmática que no tenía los pies en el suelo, como un tonto útil, como alguien que le quería hacer el juego a Daniel Ortega. Ciertamente las interpretaciones de lo que yo estaba haciendo eran muy distintas. Había una gama de interpretaciones en el Departamento de Estado, en la Casa Blanca, en el Pentágono, pero lo único que a mí me interesaba era actuar con base a los principios. . .En América Central no era la deuda el principal problema que nos empobrecía sino la guerra, la violencia. ¿Cómo puede pensar uno en reactivar una economía con. . .la inseguridad que produce una guerra? Bueno, ¿cuáles son las enseñanzas de aquel proceso? Primero, que hasta donde sea posible debemos tratar de resolver los problemas, los conflictos en la mesa de negociación por medio de la diplomacia, por medio de la negociación antes que utilizando la fuerza. Ustedes pueden discrepar de esto y yo respeto cualquier opinión discrepante de esto, pero. . .Centroamérica, es un espejo de lo que le puede pasar a Cuba. . .Mientras que esté Fidel Castro todo el mundo quiere derrotarlo y ayudarle al adversario de Fidel Castro. El día que lo derroten y si está un gobierno democrático, ya dejó de ser una preocupación para los países ricos y vuelven la cara a ese otro problema donde realmente sienten amenazados sus intereses, su futuro. Si en Cuba hubiese mucho petróleo no me cabe la menor duda que ya se hubiera hecho algo distinto. . .Pues ciertamente en Centroamérica, donde hay café y bananos, a nadie le importaba. Importaba desde el punto de vista político porque Ronald Reagan quería ganar una guerra y la quería ganar contra un gobierno muy débil. . .Y lo que hizo fue crecer a Daniel Ortega y que éste apareciera en el Miami Herald y en el New York Times y en el Washington Post por lo menos todas las semanas durante mucho tiempo. . . Contadora le dió prioridad al tema de la seguridad y quería poner a los cinco países centroamericanos de acuerdo en torno a la seguridad. . .Y entonces pasó el tiempo. . .y nunca se pusieron de acuerdo. . .Entonces yo me dije: "Bueno, hagamos algo más sencillo. ¿Por qué no establecemos la democracia como condición para la paz y la paz ciertamente como condición para el desarrollo?" Para el desarrollo no económico sino para el desarrollo humano. . .Entonces propusimos un plan de paz, como les digo, demasiado sencillo: "Establezcamos primero la democracia. Cuando tengamos paz entonces podremos hablar de una agenda mucho más promisoria", como es la agenda de la cual hoy hablan los presidentes cuando se reúnen. Cuando nosotros nos reuníamos, la agenda era cómo abrir la prensa en Nicaragua, cómo abrir Radio Católica, cómo declarar una amnistía, cómo liberar a los presos políticos que tenía Daniel Ortega, cómo conseguir un cese del fuego-- eran todos temas ciertamente muy tristes. Hoy la agenda centroamericana es muy distinta. . . Y cuando yo venía a Washington siempre se me decía que la Contra era la única solución. Y mi respuesta al presidente Reagan fue que la Contra era el único problema. Siempre me dijo el presidente que yo era un ingenuo o un tonto útil porque no me daba cuenta que a un gobierno marxista-leninista no se le podía cambiar si no era por la fuerza. Y mi respuesta a esto siempre fue que siempre hay una primera vez. El problema es que nunca a un gobierno marxista-leninista, por lo menos así confesado por ellos, se le había obligado a democratizarse. Y entonces la respuesta que yo tenía ante esto era que ¿cómo le cree, cómo puede ser usted tan ingenuo que le va a creer a Daniel Ortega que él va a cumplir? Y de nuevo aquí mi respuesta era que 30 millones de centroamericanos habían puesto tanta fe en lo que habíamos nosotros logrado y que la presión internacional iba a ser tan grande, que iba a ser muy difícil para Daniel Ortega no cumplir. Y por supuesto que arrastró los pies, por supuesto que no estaba dispuesto a que esas elecciones fueran lo libres que al final tuvieron que ser, obligado por las circunstancias. Cuando él firmó el plan de paz lo hizo porque nunca creyó que los demás iban a firmar. Y a mi me tocó un trabajo ciertamente muy grande: poner de acuerdo a José Napoleón Duarte, con el presidente Azcona y con Daniel Ortega. Y obligarlos a dar muchas concesiones para que al final pudiéramos alcanzar el consenso. En una negociación uno tiene que estar dispuesto a ceder, pero es que eso es la esencia de la democracia. Si uno tiene la soberbia de pensar que siempre tiene la razón y que si no sale lo que uno quiere entonces no hay acuerdo, pues entonces que no se siente en una mesa a negociar. Eso es válido para ustedes en Cuba y será válido para cualquiera que quiera negociar. . . Entonces, después de mucho trabajo logramos ese acuerdo, como eso fue una sorpresa para todos, los escépticos, los que no querían una salida negociada-- Washington --lanzaban la crítica de que no se iba a cumplir. Y en cada reunión que teníamos, y que nos comprometíamos a algo, y después por alguna razón, sobre todo si establecíamos un plazo y alcanzado el plazo no se había cumplido, los enemigos del Plan de Paz decían que había que admitir que había fracasado, que no había voluntad de cumplir, que había que enterrarlo, que por qué yo no tenía el valor y el coraje de aceptar que Daniel Ortega nos estaba engañando. Porque lo que querían era que la guerra continuara. . .Yo le había insistido a Daniel Ortega que tenía que adelantar las elecciones porque ciertamente, como se ha revelado hoy en día, la ayuda de la Contra se mantenía, los ceses de fuego no se respetaban, a espaldas del pueblo norteamericano y de los representantes populares de este país. Yo decía que la mejor muestra de buena fe era adelantar las elecciones y que esas elecciones fueran lo más democráticas posibles-- free and fair elections. Pero es que free and fair elections nunca hubo en Nicaragua. . . Yo sabía que Daniel Ortega perdía esas elecciones-- como ustedes saben que, el día que haya elecciones en Cuba, pues difícilmente Fidel Castro saca un quince un veinte por ciento de los votos. Daniel Ortega siempre me decía que él ganaba y yo como un sicólogo, como un siquiatra, lo preparaba anímicamente para que estuviera listo para aceptar la derrota porque, ciertamente, jamás podía él ganar esas elecciones. Jamás. Nadie me creía. La gente del gobierno norteamericano me decía: "Pero, vea usted, los signos externos, vea la propaganda"; que en Nicaragua no había una diferencia entre el partido político (sandinista) y el gobierno, que los dineros del gobierno se gastaban en la campaña política mientras que doña Violeta no tenía una peseta para hacer propaganda, no tenía acceso a los medios de comunicación, el Tribunal Supremo de Elecciones estaba en manos sandinistas. En fin, la movilización para el día de elecciones-- iban a poner todos los buses y automóviles del gobierno a transportar a los sandinistas. Y sin embargo yo sabía que ganaba doña Violeta Chamorro porque el pueblo nicaragüense entendía muy bien que la guerra continuaría si Daniel Ortega triunfaba. Y no había nada que el pueblo nicaragüense anhelara más que silenciar las armas. . . Nos fuimos a la inauguración de Carlos Andrés Pérez. Yo lo había llamado con antelación para pedirle que me ayudara a que Daniel accediera a ese adelanto de las elecciones, porque era la única manera de parar ante el Congreso la presión que existía de que se siguiera ayudando a la Contra militarmente. Ya yo había venido a Washington y el presidente Reagan no había querido que me dirigiera a una sesión conjunta del Congreso. . .El presidente de la Cámara de aquel entonces, Jim Wright, insistía en que era conveniente que a mi se me escuchara. Ya se había firmado el Plan de Paz (de Esquipulas). Y entonces, como no había una política bipartidista hacia Centroamérica, Jim Wright quería que por lo menos se me escuchara a mi para ver si era posible ponerse de acuerdo ellos. . .Ante la negativa optamos porque yo me dirigiera a un full meeting of Congress ya que el presidente Reagan insistía en que un full session of Congress no era posible. . .me dirigí al full meeting, logré persuadir a muchos republicanos a que no siguieran votando ayuda militar a la Contra, y que realmente le diéramos una oportunidad a la paz. En Caracas hablamos Fidel Castro, Carlos Rafael Rodríguez, Carlos Andrés Pérez, Daniel Ortega y yo hasta avanzada la madrugada. Y Fidel Castro le dijo a Daniel Ortega que debería acoger la iniciativa mía, y que aceptara adelantar las elecciones ya que, si él se había comprometido a hacer elecciones, poco importaba adelantarlas si eso impedía que el Senado siguiera insistiendo en ayudar a las fuerzas contrarrevolucionarias. Esas elecciones las planeamos muy bien. Yo pedí plata en todo el mundo: a los escandinavos, al resto de los europeos, a los latinoamericanos. . .Fuimos a darle asesoría a los magistrados, llevamos computación, llevamos apoyo económico y, bueno, por imperfectas que fueran aquellas elecciones, como les decía, fueron, sin duda alguna, las más democráticas, las más justas, las más libres que se han hecho en Nicaragua. Creo que todos sabíamos que debería suceder: perdió Ortega. Contra todos los pronósticos de que no entregarían el gobierno, lo tuvo que entregar. No fue fácil. Toda esa noche estuve yo en contacto con varios presidentes latinoamericanos pidiéndoles que llamaran a Ortega-- de que no fuera a cometer la estupidez de negarse a entregar el poder. Y le costó porque no fue sino hasta bien entrada la madrugada en que convocó a una conferencia de prensa para aceptar su derrota. . . Una de las cosas que más sufrí yo fue el hecho de que, con mucha frecuencia se me decía: "¿Pero no ve usted que Daniel Ortega, después de que acordaron tal cosa está haciendo otra? ¿No oye usted el discurso de Daniel Ortega?" Y, bueno, eso les debe pasar a ustedes. Cada vez que a Fidel Castro le ponen un micrófono enfrente dice mucho disparate. Y dice lo que tiene que decirle a su pueblo. Daniel Ortega les decía lo mismo a los sandinistas. Los discursos de él hacia afuera eran muy distintos de lo que me decía en privado, cuando yo lo obligué a sentarse a la mesa de negociaciones. Y entonces había dos Daniel Ortega: el del discurso de plaza pública, el que le hablaba a la prensa norteamericana o extranjera en general, y el que hablaba por teléfono conmigo, que me hacía concesiones y me daba su palabra de comprometerse a ciertas cosas. Y yo tenía que creerle. Y entendía muy bien que el discurso después fuera una cosa muy distinta a lo que me estaba diciendo a mi. Y claro que hacía muchas torpezas. A punto de que el Congreso fuera a votar una ayuda a la Contra tomaba un avión y se iba para el Kremlin o tomaba un avión y se iba para La Habana. Y yo le decía, "Pero no seas tan idiota, no estás viendo que lo que estás haciendo da más razones para que sigan con la ayuda". Pero así era porque eso era parte de su discurso. Ese tipo de actuaciones era parte del mensaje que tenía que darle al hardcore de su partido sandinista. A mi me parece que no es para desesperarse, para desilusionarse, para perder la fe cuando Fidel Castro reitera que él muere con las botas puestas, que no va a ceder en nada que, en fin, todo lo que ustedes saben mejor que yo. Y esto puede parecer muy ingenuo y no les estoy diciendo que sea fácil. Podemos hablar ahora más en detalle sobre cuáles son las opciones que hay en Cuba. Pero lo único que les sé decir es que no sólo se trata de convencer a Fidel Castro. Se trata de convencer a la gente que le rodea. Y la verdad es que pasa lo mismo con un candidato. . .Ningún candidato le dice a nadie que esté dispuesto a ayudarle que se va a meter por deporte, que se va a meter por abrir camino, para que otros después lo sigan. No. Se va a meter por alcanzar el poder. Y si les dice que no tienen ninguna posibilidad de alcanzarlo, pues esa gente se queda en su casa. Fidel Castro tiene que estar alimentando de entusiasmo, de energía, a sus partidarios porque si se le derrama o se le desvanece ese apoyo, pues esa es la gente que le va a decir, "Mire, las cosas han llegado a un límite". Al final hay un momento. . .cuando. . . la gente que está más interesada en sobrevivir, en hacer carrera política. . .se da cuenta que su candidato no tiene ninguna posibilidad. . .le llega a decir, "Mire, ¿por qué no negocia? ¿Por qué no se retira? ¿Por qué no se retira y negocia y me salva a mi?". . .En el caso cubano, yo creo que llegará el momento, tiene que llegar ese momento, y no estará muy lejos en que la gente que está rodeando a Fidel Castro se dará cuenta de que no quiere ir a un holocausto con él, que si él quiere ir a un holocausto, que vaya él solito. . .Y todos los políticos somos arrogantes. . .Y Fidel Castro es el más arrogante de todos los políticos que yo conozco. Porque si tuviera una pequeña dosis de humildad tendría que aceptar que se equivocó, que después de treinta y tres años no va a revivir aquel cadáver; que ya no tiene el apoyo de nadie, que ya no tiene el aplauso de nadie, que no es el héroe revolucionario de los sesenta admirado por la juventud de todo el mundo. . . Yo no soy pacifista. Creo en la negociación, en la diplomacia, en evitar el derramamiento de sangre. Pero ciertamente no soy Mahatma Ghandi. Si hubiese nacido negro, hace veinticinco años, en Africa del Sur, posiblemente hubiese acudido a la violencia ante un régimen como aquel. . .Pero en el caso nicaragüense y en el caso cubano jamás me van a encontrar a mi pregonando una acción militar porque ciertamente no se necesita . . .Pero si creo que las enseñanzas de ese proceso de paz son muchas. Hay que tener mucha paciencia. Hay que darse cuenta de que cuando uno habla por primera vez le van a decir que no; y por segunda vez le van a decir que no; y por tercera vez que no. Y algún día van a decir que si. Algún día van a abrir una pequeña puerta. Hay que meterse por esa pequeña puerta.
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