|
Agosto de 1995
En esta entrega: La decadencia cubana de fin de siglo y su salida por Enrique Baloyra Herp Proyecto conjunto de Gustavo Arcos Bergnes, en nombre del Rolando H. Castañeda y George Plinio Montalván Como puede Europa facilitar la Democratizacion en Cuba Discurso ante el Parlamento Europeo, 11 de Julio de 1995 por Antonio Fernández Turró
La decadencia cubana de fin de siglo y su salida por Enrique Baloyra Herp Muchas fueron las ocasiones en que algun estudioso, individuo ilustre o grupo de ciudadanos mirase a la Cuba colonial para lamentarse de su triste y deteriorada condición.(1) A éstas podemos sumar las críticas hechas a la Cuba Republicana.(2) Numerosos también han sido los testimonios de extranjeros criticando lo criollo.(3) Aún destilando lo superficial e interesado de todas estas críticas, denuncias y lamentaciones parecería que somos una nación singularmente desgraciada e incapaz de sentar definitivamente un rumbo definitivo, reconciliado a las posibilidades de sus recursos naturales y del ingenio de sus habitantes. Caben otras lecturas como, por ejemplo, imaginar que somos unos malcriados, quejosos e inconformes; que concebimos la realidad como algo maniqueo y que, por lo tanto, malentendemos el carácter esencialmente dialéctico de la historia; que vivimos divorciados de la cotidianeidad de los cubanos comunes y corrientes, maestros consumados en el arte de resolver la sobrevivencia o que, simplemente, al desconocer el infortunio ajeno sobredimensionamos el propio. Antes de discutir nuestra decadencia quisiera, a la usanza de esos predicadores protestantes duchos en ir aproximándose a temas escabrosos a través de una serie de flanqueos, plantear dos grandes cuestiones que no por ser clásicas resultan aburridas o fuera de lugar. Me refiero al tema de la causalidad en todo lo que tiene que ver con historia y sociedad, y al tema de la certeza científica, en todo lo que tiene que ver con epistemología (como conocemos) y nomología (como describimos lo conocido). La primera cuestión aborda el problema con que nos enfrentamos en materia de historia y sociedad, al tener que escoger entre dos grandes escuelas interpretativas: estructuralismo y voluntarismo. Básicamente, o bien los desenlaces que vemos en la historia y en la sociedad son atribuídos a decisiones y resultados previos (estructura) que limitan y precondicionan lo posible o a resultados que dependen de la habilidad con que se ejecuten estrategias urdidas a partir de una cierta distribución de recursos (agencia) y que tratan de alcanzar lo probable. Entre nosotros lo estructural, en lo referente a la Cuba real y posible, se ha visto retratado en las preocupaciones demográficas de José Antonio Saco (1832); en una geopolítica que privilegiaba lo económico como marco interpretativo, y cuyo exponente más famoso en este siglo fue Ramiro Guerra (1927, 1940), con aportes valiosos de otros como Fernando Ortiz (1947); en las indagaciones culturalistas del propio Ortiz (1916, 1917, 1921) y de Jorge Mañach, quienes se detuvieron a ponderar las consecuencias que había que prever a partir de un ajiaco de viveza criolla, intolerancia, desprecio por la ley, mezcolanzas raciales, indolencia, sincretismo religioso y choteo. Lo posible vendría dictado por una economía monoproductora de exportación o por una sociedad racialmente mixta o por una cultura no democrática o por todo esto o, como si fuera poco, por una proximidad a la primera potencia del planeta. Desde este ángulo, cualquier logro en materia de progreso, igualdad y democracia podría ser visto como coyuntural y reversible, lectura nada desdeñable dados los ciclos de oprobio que hemos padecido. Al pesimismo estructuralista se le contrapuso un optimismo voluntarista cuyos mejores exponentes fueron las metas trazadas por las distintas generaciones revolucionarias a partir de 1868. Caben aquí los de sobra conocidos manifiestos-programas que bosquejaron una Cuba probable y mejor: el Manifiesto de Montecristi (1895), el Manifiesto-Programa del ABC (1932), el de Joven Cuba (1934), la Nuestra Razón del Movimiento 26 de Julio (1956). Vemos en estos, claro está, las aspiraciones de los elementos pensantes dentro de los distintos movimientos y no como unas miras machacadas y consensuadas en las bases y refinadas por la dirigencia. Pero al intepretar lo político hay que tener siempre mucho ciudado con el estructuralismo pues insiste en precondicionar lo posible a algo previo, sea lo económico o lo cultural. Un defecto fatal del estructuralismo es el intentar, por medios heroicos inclusive, de explicar la política a partir de cualquier cosa-- cultura, economía, sicología, idiosincracia --con tal que no tenga que ver con la política en si. Pero hay que cuidarse también de un excesivo optimismo de la voluntad y de plantearnos interpretaciones o metas que no se compadecen con la realidad. Nuestra historia aconseja que no nos divorciemos de ninguna de las dos escuelas. ¿No fue la "siempre fiel" un poco a la zaga de ciertos condicionamientos del tipo de sociedad que prevaleció en Cuba a partir del tránsito de la factoría a la colonia? ¿No ha insistido insensatamente la dirigencia revolucionaria en esquemas que no producen bienestar? Por otra parte, ¿no sugieren nuestras experiencias de este siglo que no vamos a crear una democracia sino con actos extraordinarios de la voluntad? ¿No ha sido la revolución socialista proclamada el 15 de abril de 1961 de un voluntarismo realmente extraordinario? ¿Dónde nos debemos colocar en el balance entre pesimismo y utopía? ¿Ha llegado el momento de dejarnos de comparar con los países más adelantados del hemisferio y de ceñirnos a lo que es posible en sociedades como las del Caribe? Estos cuestionamientos nos llevan al segundo punto, al de la certeza de lo que sabemos. Quisiera usar como referencia lo que dicen los físicos acerca de la certeza con que se enfrentan a la realidad. Tomo prestadas, y con mucha reticencia dado que no se trata de nada con que me sienta cómodo y familiarizado, algunas de sus reflexiones para señalar que, en último caso, la certeza máxima a la que se puede aspirar en el quehacer científico es a la de no rechazar una hipótesis dada su "concordancia con experimento".(4) Es decir, nunca se llega a la convicción de que una premisa es cierta; simplemente se dice que sirve para interpretar un aspecto de la realidad con más precisión y elegancia que otras rivales. Algunos filósofos, sociólogos y lingüistas se han tratado de aprovechar de esta indeterminación y del aspecto probabilístico de la mecánica cuántica para introducir un elemento deconstructivo y caótico que, con visos de posmodernismos, intenta descalificar el conocimiento y desligitimar la actividad científica en si. No me simpatiza esto en lo más mínimo y me propongo solamente llamar la atención a que, inclusive en las ciencias más exactas, hay un elemento de chance y un nivel, por mínimo que sea, de incertidumbre que son irreducibles. De manera que, inclusive en áreas donde el conocimiento avanza de manera más sistemática y disciplinada, consideramos como "final" una teoría simplemente porque es la mejor de que disponemos. Y aunque inconclusas y tentativas dichas teorías nos han indicado cómo valernos de las fuerzas de la naturaleza para, de alguna manera, hacernos copartícipes en ese proceso evolutivo e inconcluso que es la creación. Según el mejor de sus biógrafos, el almirante Cristóbal resultó pésimo en sus cálculos de longitud, lo cual no le impidió descubrir América. La historia de la ciencia está repleta de accidentes similares. Alguien inconforme con alguna de nuestras explicaciones finales salió en busca de una alternativa y abrió nuevas perspectivas. El innovar y revisar lo dado por sabido abre la posibilidad de descubrir. El aferrarse a lo que se tiene por cierto puede ser una debilidad fatal. Para entender nuestra decadencia y cómo salir de ella debemos preguntarnos no ya cuál es nuestra "teoría final" o correcta sobre Cuba, sino cuáles son las pruebas a que debemos someter las interpretaciones que tenemos para ir reduciendo ese margen de error que es inevitable en todas nuestras apreciaciones. En la coyuntura actual, estructuralismo y voluntarismo se conjugan de una manera infernal. Unos insisten en profundizar o en perfeccionar lo que existe para salir del atolladero: algunos de afuera insisten en apretar el torniquete del embargo, los que mandan dentro dicen que no se van a suicidar políticamente. Unos pretenden que a través de los cambios económicos, por magros que estos sean, se va a producir una dinámica irreversible y, por ende, irresistible. Otros opinan que hay que confiar en que los espacios que se han ido abriendo en una exigua sociedad civil se van a ir ampliando. En realidad todos podemos estar equivocamos. ¿Dónde está la clave: en cambios drásticos de estructura o en lo insidioso de cambios que inclusive pueden pasar desapercibidos? Tomemos un poco de distancia. ¿Quién de nosotros necesita ayuda para enumerar los distintos aspectos de nuestra decadencia? Cualquier lista deshilvanada recogida por ahí sugeriría que se trata de una crisis de la sociedad entera: En lo material, la producción está todavía por debajo de un cuarenta por ciento de lo que era hace cinco años. El monto del comercio exterior anda por un veinte o un treinta por ciento de lo que era hace diez años. La deuda externa en moneda fuerte y la ausencia de nuevas fuentes de crédito frenan las inversiones extranjeras que llevan años estancadas en una mítica cifra de mil millones de pesos. Tras mucha incertidumbre y no pocos equívocos la agricultura ha sido capaz de generar unos pocos productos de consumo tales como viandas, tubérculos, vegetales y carne de cerdo que no están ni con mucho al alcance del bolsillo de la mayoría de los cubanos, quienes se ven obligados a participar en la economía informal, ya sea a través de operaciones de bolsa negra, de prostitución o de delincuencia. Al abarcar a no más del tres por ciento de la fuerza laboral activa, los renglones aprobados para el desempeño de actividades por cuenta propia resultan insuficientes para darle oportunidades a quienes están desempleados o a los que no pueden cubrir sus necesidades básicas con la escala salarial oficial. La vivienda urbana está seriamente deteriorada y va a resultar insuficiente e inclusive insegura durante largo tiempo. En el campo de los bienes colectivos tales como la salud, que había sido preconizado por el oficialismo como una de las conquistas indiscutibles del experimento revolucionario se ve plagada por una insuficiencia general de medicinas y medicamentos, inutilizando en gran manera a un vasto personal altamente calificado pero incapaz de desempeñar su papel debido a la falta de recursos. De la educación podríamos decir otro tanto. En lo espiritual se ha ido constatando un modesto pero decidido auge en la asistencia a la liturgia y a las ceremonias religiosas en general, pero no alcanzamos a saber si se trata de escapismo o de una conversión sincera. Añadan todo lo que ustedes quieran. En lo político, que es donde hay que dar la pelea, al decir de un compañero social demócrata y premio Nobel de la Paz por su labor en América Central, "no hay voluntad de cambio". La Cuba que propone el castrismo no es en realidad la de la gerontocracia de la República Popular China. Resulta muy holgada esta comparación: hay diferencias insalvables de tamaño y de cultura que apuntan en direcciones opuestas y que sacan la comparación de cualquiera perspectiva razonable. La Cuba que propone el castrismo es la inagurada hace ya más de ciento cincuenta años por el capitán general Francisco Dionisio Vives: con algunas islas de prosperidad, inclusive con crecimiento, pero desmoralizada, carente de solidaridad y bajo el garrote vil y la ley marcial. Resumiendo, podría decirse sin miedo a exageración que el experimento revolucionario está liqidado. El mundo se les ha venido abajo a los revolucionarios. Pero, sin embargo, el régimen se mantiene a pesar de la espantosa decadencia en que ha sumido a la nación para asegurar su supervivencia. Los de la oposición no hemos sabido rellenar ese vacío con una alternativa basada en la esperanza y en la imaginación. Un poco mecánicamente hemos seguido con más de lo mismo. Con el desplome del Muro de Berlín se asumió que el experimento revolucionario cubano caería por su propio peso. Dijeron unos: ¿No dependía el régimen para su subsistencia de la ayuda soviética? ¿No era indispensable el referente ideológico para proveer el marco justificativo de la legitimidad del régimen? Exacerbemos el embargo económico y agravemos la consuetudinaria incapacidad del castrismo para generar el más mínimo bienestar económico, desguarnecida ya de la cobertura económica soviética. De ahí será corta la distancia a un clima de anarquía y de desmoronamiento que inevitablemente llevará al colapso final. Dijimos otros: No se trata de eso. Castro tiene que negociar y que abrir espacios de esperanza, tiene que poner en juego la imaginación. No le queda más remedio que cambiar. Quizás sea difícil imaginar la vida de otra manera y apreciar la autonomía de lo político en la historia cubana contemporánea. En resumidas cuentas, es posible que los cambios que han venido ocurriendo en Cuba sean en parte atribuíbles al embargo. Pero es también posible que, dada esa autonomía de la política en Cuba, la única salida sea por la vía de la negociación. El grupo dirigente en Cuba no tiene la más mínima idea de cómo generar prosperidad pero ha demostrado que no necesita lecciones para mantenerse en el poder. ¿Cómo reconciliamos estas dos mitades de un mismo fracaso? Durante la larga espera hemos reinventado y reeditado a Cuba. La obra está casi completa, al menos en lo cultural y en lo económico. Esto nos abre grandes oportunidades y nos expone a peligros mortales. Se trata, por una parte, de que, querrámoslo o no, en Estados Unidos lo cubano ya no es ajeno y está siendo rápidamente incorporado al mosaico norteamericano. Esto no lo dicen los sociólogos sino que es una apuesta de quienes invierten en y viven de la industria de la imaginación. Ya nada es más natural que incluir a los cubanos en temas norteamericanos no sólo de Miami sino de cualquier parte. De ahí la incongruencia de protestas contra una decisión avalada por una política norteamericana que arranca con la administración Reagan y que llega a sincerarse, en una coyuntura muy adversa, con la de Clinton. Pregunto, ¿han consultado ustedes las cifras de inmigración directa desde Cuba a Estados Unidos entre 1981 y 1992? ¿De qué se quejan los que se las daban de influyentes con cualquier administración? ¿Entendemos el por qué porcentajes apreciables de nuestros compatriotas estimen justo que no se le permita la entrada libremente, bajo la Ley de Ajuste Cubano, a quien se aparezca por acá con nada más convincente que decir que "en Cuba no hay nada que comer"? ¿Cómo nos adaptamos a esto? ¿Cerramos los ojos o ajustamos lo que sabemos a una realidad cambiante? ¿Nos puede borrar de la historia un acuerdo sobre inmigración? ¿Nos puede realmente marginar cualquier acuerdo bilateral entre Cuba y Estados Unidos? ¿Somo águilas o gallinas? Vivimos en una indigencia vergonzante de iniciativas políticas. Soñamos con el gran líder que va a destronar al tirano, cuando debíamos andar organizando al pueblo en asamblea para exigirle que se largue. Le pedimos a un cardenal de un país que no puede ni remotamente ser llamado cristiano, que se eche encima todo el peso de un protagonismo político que no le corresponde y que no sería reciprocado por una gran mayoría que no cree ni en la electricidad o que anda buscando "fundamentos" para sobrevivir su triste realidad. Vivimos exigiéndole privilegios al gobierno federal, cabildeando y amarrando alianzas con tirios y troyanos, pero listos a gritar "traición", cual extranjeros permanentes, cuando no se nos satisfaga. Vivimos satisfechos de que no hemos dejado de ser cubanos, aunque intermediados por un guión que a la larga nos pone del otro lado no de una muralla ideológica, sino del exitismo voluntarista, avalado por el esfuerzo y los logros de dos generaciones, que nos hace harto incomprensibles la prostración y la pasividad de los cubanos insulares. Vivimos complacidos porque hemos construído un ambiente donde ha sido posible la creatividad artística y donde, sin darnos cuenta, hemos contribuído a la mayor penetración cultural en la historia contemporánea del continente, imponiéndoles la cultura de Miami tanto a los otrora desdeñosos hermanos del Cono Sur como a los factores de poder económico, financiero y social anglosajones que aspiran a dominar nuestro mercado. Y es que la economía latinoamericana no sólo tiene que ver con lo que se fabrica en Sao Paulo o lo que se ensambla en Monterrey o lo que se protege del fisco en Panamá o en Grand Cayman. Tiene también mucho que ver con lo que se graba en la playa y en Miami Springs, con los arreglos financieros que se cocinan en Brickell Avenue y con lo que se factura en Medley y pasa por el puerto de Miami. Entendámolos bien: hemos dejado de ser los malos de la película. El resto del hemisferio no tiene mayor contradicción con nosotros: comercia con nosotros, canta y baila con nosotros. Quiere saber lo que pasa aquí. Completemos el cuadro con nuestra sabia y paciente labor en la Plataforma Democrática. Cada día son menos los que se tragan el petardo de que los problemas de Cuba no se resuelven por culpa de la intransigencia de los cubanos de Miami. Toda la galaxia sabe que, sea cual sea su vehemencia, la mayoría de los cubanos de Miami quieren la democracia para su país. Estamos ante una decadencia innegable pero no saldremos de ella si no avivamos las imaginación confrontando valientemente la realidad. Los de afuera no hemos sabido apreciar en su verdadera magnitud el poder real que tenemos y lo mucho que lo podemos aumentar. Desgraciadamente, los que llevan la delantera en este terreno insisten en la tesis de que, acumulando fuerza desde fuera van a poder determinar el desarrollo interno de los hechos. Esto es mucho pero insuficiente. Los que queremos entrar a jugar en Cuba carecemos de vínculos adecuados y de oportunidad para poder hacerlo. No podemos resignarnos a desempeñar el papel de "moderados razonables". Eso tampoco basta. Todos estamos obligados a demostrar que nuestras ideas "concuerdan con experimento". Todos estamos obligaods a hacer la democracia para todos, absolutamente todos. Tenemos algunas lecciones que asimilar como, por ejemplo, nuestras percepciones sobre el ánimo y las disposiciones de los hermanos que nos llegan. Basado en la experiencia de los últimos meses, y sin apologías de una política que tiene mucho de oportunista y que duele en carne propia, no creo que la mayoría de los que están llegando sean refugiados políticos. Es innegable que han sufrido. Sienten que han escapado del infierno. Pero no se comportan ni piensan como tales. Balbucean algunas frases que saben que van a caer bien, se ponen a la altura de los más intransigentes o simplemente hacen mutis por el foro discretamente felices con la oportunidad de poder rehacer sus vidas. ¿Por qué tiene que ser esto motivo de escándalo? ¿Que es más oneroso, el no poder encontrar a diario un mártir o un héroe para el noticiero de las seis o el tener que afrontar, como tienen que hacerlo cada vez que se miran al espejo los que apostaron por el culto a un megalomaníaco, que han metido al país en la peor crisis de su historia? Bien. Se nos agota la cuota de refugiados. ¿Y qué? ¿Para qué andar buscando héroes si lo que necesitamos es gentes sensatas, dispuesta a correr los riesgos de cada día y a quienes comunicarles un mensaje reivindicativo? ¿Andamos buscando voz y agencia para los que no las tienen o a la caza de un protagonismo que no nos corresponde? ¿Necesitamos más mártires de los que tenemos o simplemente un círculo más y más grande de cubanos que, al unísono con la célebre y maltratada poetisa, digan simplemente "No, no estamos de acuerdo"? Que simplemente digan "no, no más disimulo, no más putería". Me resulta difícil entrever el heroísmo del "maceta" pero me doy cuenta que, pidiendo prestada una metáfora, pudiera ser una de esas hormigas que se están comiendo al último de la dinastía de un patriarca testarudo, que se ha amarrado a un árbol que no da sombra. Me cuesta trabajo creer que lleguemos a la democracia con timbiriches y quincallería pero ¿quién sabe? Queda por demostrar. Tenemos, por otra parte que asumir que, al igual que en el pasado, si hacen falta héroes Cuba los parirá. Por el momento, lo que se ha podido lograr es mantener las denuncias a los atropellos y a las violaciones, el sabotaje implícito a los planes descabellados, el abrir espacios muy pero que muy precarios en la sociedad e inclusive en el Partido. No tenemos mucho más. Con estos bueyes tenemos que arar. Lo que concuerda con experimento, es decir, con la realidad, es que tenemos un pueblo vapuleado y agobiado por una mediocridad asfixiante. Ese pueblo se ha atrevido a ciertos desafíos pero no los ha podido mantener vigentes: siempre se le ha abierto una válvula de escape. Esa válvula se acaba de cerrar. Los que han salido de sus casas tirando sus medallas y sus libros no han logrado encender una chispa. Pero por lo menos ya se atreven a salir. No menospreciemos esto. No le pidamos peras al olmo. Lo que concuerda con experimento también nos obliga a un compromiso triple con los de allá. El primero es de mantener nuestra solidaridad y esto implica penetrar y darle aire a esa mediocridad asfixiante de la manera que sea. ¿Por qué nos tienen que asustar los intercambios? ¿Qué tenemos que temerle al fax, al teléfono y al video-casette? Seamos excelentes comunicadores. El segundo es un compromiso con la verdad y esto incluye recordarles que nadie, absolutamente nadie, sino ellos mismos puede conquistarles su libertad. Las cosas no tienen un desenlace inexorable. Quien se aferra al poder no lo hace simplemente por pura sobrevivencia sino por razón de vida y no va a hacer nada en contra de sus intereses si no le queda más remedio. Hace falta la agencia para crear vínculos, para actuar en concierto, para organizarse y exigir derechos. Seamos buenos conspiradores. El tercero es el de aceptar que no somos ni podemos ser protagonistas. Esto no es una claudicación sino un acto de realismo. Son ellos los que tienen que protagonizar. Ayúdemoslos a jugar ese papel. Termino con un visión optimista. En realidad la estructura nos es propicia. Si la hubiésemos diseñado con esmero maquiavélico no nos podría haber quedado mejor. Estamos en un equilibrio en el que los que creen en soluciones drásticas tienen poder de veto. Muy bien. Esto precondiciona las cosas de manera que los que creemos en la fuerza de la razón y los que somos voluntaristas de lo probable estamos obligados a producir resultados intachables para poder desbloquear la situación. Lo sentimos mucho caballeros. No basta con tener fama de aperturista. Hay que actuar como tal. No basta con buenas intenciones. No basta con ser disidente, hay que pasar a una oposición leal a la nación. No basta con creer en la negociación y tener fama de moderado. Hay que meter el hombro para hacerla posible. El pueblo tiene derecho a pedir pruebas antes de meter la mano en la candela. Todo este complicado equilibrio va a descalificar tanto a los protagonismos como a las maromas publicitarias de los que buscan consagrarse en la historia o en el poder. Todos sabemos que tenemos que lidiar con claro-oscuros y que Roma no se hizo en un día pero para llegar a una democracia hay que crear una dinámica de gobierno y oposición. Y, para ser democrático, cualquier proceso de cambio tendrá que tarde o temprano incluir una negociación entre adversarios. Lo sentimos mucho caballeros pero, afortunadamente, nunca ha sido difícil el darse un abrazo entre cubanos. Y sucede que no andamos en busca de cariño sino de unas reglas claras del juego, para crear un sistema de poder basado en la desconfianza, donde no quepa el abuso entre adversarios. El pan con lechón, la cerveza y las reconciliaciones vendrán después. Colegas de las social democracia, hemos demostrado que sabemos correr riesgos y sobrevivir la adversidad. Estamos comprometidos con la solución pacífica. Pero no hemos bregado tanto para embarcarnos en la primera pirueta que se nos brinde como una migaja a un medigante. No andamos mendigando el poder. Queremos una democracia probable para un pueblo que no merece una dictadura que se justifica como lo único posible. El tiempo está a nuestro favor. No somos quienes quieren resolver una situación económica extrema con medidas que la empeoran. No somos quienes aspiran a tener legimitidad sin partidos y sin elecciones libres. Somos quienes han acumulado poder moral y credibilidad para jugar el papel de oposición democrática. No nos interesa ningún otro. Compañeros social demócratas, no hemos trabajado en vano, especialmente en los últimos cinco años. Hemos avanzado mucho. Consolidemos lo ganado. Revisemos nuestras premisas. Aligeremos el lastre de lo que no explica nada. Calibremos la estrategia. Seamos pacientes pero mantengámonos vigentes. No somos imprescindibles. Por lo tanto, sigamos trabajando, sigamos insistiendo. La Cuba real es abominable. La Cuba posible resulta mezquina. La Cuba probable sigue mereciendo nuestro mejor esfuerzo. Muchas gracias. Versión de un discurso pronunciado el 11 de julio de 1995 ante la militancia de la Coordinadora Social Demócrata de Cuba (CSDC), en la Iglesia Episcopal de Todos los Santos de Miami. Notas: 1. Véase el Informe Sobre La Agricultura en La Habana que Francisco de Arango y Parreño elevase a la Corona, las representaciones del Padre Félix Varela ante las Cortes, los trabajos de Ramón de la Sagra (1831, 1863), el ensayo histórico (1842) y el diccionario (1859) de Jacobo de la Pezuela, las peticiones elevadas por el Círculo Reformista y por la Sociedad Económica, las condiciones laborales descritas por el periódico La Aurora, las reflexiones de Raimundo Cabrera (1887), las Bases del programa revolucionario de José Martí (1892), la denuncia de Enrique José Varona (1895), y las cifras espantosas del censo de 1899. 2. Incluyendo los estudios comparativos de Varona (1919) y de Carlos Manuel Trelles y Govín (1923), la protesta de "los trece" y el lanzamiento del grupo minorista (1923), y el ensayo de Fernando Ortiz que sugiere el título de esta reflexión (1924). 3. Quizás denigrantes, injustos y etnocéntricos pero inquietantes, como los de David Turnbull (1840), Alexander Humboldt (1856), Anthony Trollope (1862), Samuel Hazard (1871), Irene Wright (1919), Edwin Atkins (1926), Charles Chapman (1927), Leland Jenks (1928), Ruby Hart Phillips (1935) y Hugh Thomas (1970), así como los de Román Orozco (1993) y Jean-Francois Fogel y Bertrand Rosenthal (1993), cronistas del deterioro revolucionario castrista. 4. Véanse los ensayos de Richard Feynman (1967), Steven Hawking (1988) y Steven Weinberg (1992).
Proyecto conjunto de Gustavo Arcos Bergnes, en nombre del Rolando H. Castañeda y George Plinio Montalván Prefacio Aún cuando el Consejo de Estado había aprobado legislación para permitir la inversión extranjera en Cuba en forma de empresas mixtas en 1982, el régimen sólo comenzó una campaña muy activa para atraer capital extranjero a raíz de la severa crisis económica que comenzó a fines de la década de los ochenta. Si bien hasta 1993 la cuantía de inversiones extranjeras en Cuba era relativamente modesta, en 1994 se concretaron acuerdos que pudieran tener consecuencias perversas para el desarrollo de más largo plazo del país. En mayo de 1994, se firmó en La Habana un acuerdo de promoción y protección de inversiones con el gobierno de España. El Secretario de Comercio Exterior de España, Apolonio Ruiz Ligero declaró a la prensa que "Lo más importante de este acuerdo es que establece medidas para estimular y proteger inversiones, permite sistemas de arbitraje y conciliación y tiene un efecto psicológico muy positivo". Por otra parte, a mediados de junio de 1994, como parte de la visita a Cuba del Presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, previo a la Cumbre Iberoamericana en Cartagena de Indias, se anunció la firma de un acuerdo de adquisición de un 49% de EmtelCuba por parte del Grupo Domos por un total equivalente a US$1,500 millones. Dicho monto estaría compuesto de US$500 millones como pago directo, US$200 millones como canje de deuda externa de Cuba con México y los US$800 millones restantes serían invertidos en un período de 7 años, de los cuales la mitad serían contribuidos por el gobierno de Cuba. Como parte del acuerdo, EmtelCuba ha recibido una concesión monopólica de 55 años para el servicio telefónico local y de larga distancia, así como para la transmisión de datos y video. Los oficiales del Grupo Domos declararon que se había estructurado el contrato para que éste fuera "...financiera, jurídica y políticamente viable".Cualquier analista serio sabe que aún dentro del marco de la Constitución Socialista de 1976 el acuerdo entre los Gobiernos de Cuba y España es ilegal, porque tiende a convalidar y exonerar la violación de derechos humanos y laborales fundamentales y establece discriminaciones y exclusiones contra el pueblo, y por lo tanto es inválido y nulo. El acuerdo sobre EmtelCuba pretende otorgar un monopolio legal, que cualquier Gobierno de Cuba que apoye el desarrollo de una economía de mercado dinámica y competitiva se verá obligado a buscar medidas para dejarlo sin efecto, pues constituye un obstáculo claro para el sólido desarrollo de una economía de mercado orientada al comercio internacional y a la inserción del país a la comunidad internacional dentro del marco GATT y NAFTA. El gobierno no está forzando a los inversionistas extranjeros a competir adecuadamente por los bienes nacionales y por las concesiones, lo cual alienta las peores empresas (selección adversa), debido a la ineptitud y corrupción intrínseca del anacrónico sistema socialista fomentada por la legislación vigente sobre la materia, así como a la muy difícil situación económica del país que el gobierno es incapaz de enfrentar. Los inversionistas están obteniendo concesiones exageradas e innecesarias y negocios que son tan buenos que son inmerecidos. Los comunistas dogmáticos, ahora "reformistas", que han arruinado la economía en los últimos 36 años ahora están alentado el saqueo de los activos de las empresas, vendiendo bienes y otorgando concesiones y contratos a extranjeros a precios de liquidación. Es bien conocido que muchas de estas concesiones involucran activos que fueron ilegalmente expropiados sin compensación. Asimismo, están causando efectos perversos al promover conductas incorrectas de parte de los inversionistas extranjeros, especialmente prácticas laborales injustas, que están exacerbando el empobrecimiento del país y la discriminación. Además, estas empresas extranjeras, al asociarse formalmente al régimen cubano, son cómplices de la violación de derechos laborales básicos y libertades políticas y civiles de la población. Esta solución "final" para intentar resolver la crisis terminal que atraviesa el sistema socialista tiene serias limitaciones éticas y de eficiencia, así como legales y constitucionales. Por la situación antes descrita, en el segundo trimestre de 1994 los autores enviaron un documento a Gustavo Arcos Bergnes, Secretario Ejecutivo del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) en Cuba, a través de los buenos oficios de varias personas, entre ellos el Dr. Ricardo Bofill, Presidente del CCPDH, en el cual se propusieron unos "Principios para la Inversión Extranjera en Cuba". La consulta fue no sólo en cuanto a su opinión respecto de los Principios propuestos, sino también sobre su denominación como los "Principios Arcos", siguiendo el ejemplo de los Principios Sullivan, MacBride, Slepak, Miller, etc., utilizados para combatir la discriminación racial, religiosa y política por medio de un código de comportamiento para los inversionistas extranjeros en Sudáfrica, Irlanda, la Unión Soviética y la República Popular China respectivamente. Al hacer suyos estos Principios, Gustavo Arcos autorizó la utilización del nombre de su familia (Luis Arcos Bergnes, Gustavo Arcos Bergnes y Sebastián Arcos Bergnes), de larga trayectoria en defensa de la democracia y los derechos humanos en Cuba.
I. Los Principios Arcos Los Principios Arcos que se resumen a continuación tienen como objetivo promover el respeto y cumplimiento de los derechos humanos y prácticas laborales justas de contratación y empleo en Cuba. Dichos Principios no son inmutables, sino que estarán sujetos a revisión periódica para evaluar si al observarlos los Signatarios contribuyen de hecho a mejorar la situación de derechos humanos y laborales en Cuba. Se podrán hacer ajustes a los Principios Arcos siempre y cuando se considere que contribuirán a que el gobierno de Cuba se adhiera a las normas internacionales sobre derechos humanos establecidos en la Declaración de Viena aprobada por la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos del 25 de junio de 1993, así como a los derechos de los trabajadores relacionados con empleo y ocupación establecidos en el Convenio No. 111 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) respecto a la discriminación del trabajador por diversos motivos, el Convenio No. 87 referente a la libertad de establecer organizaciones sindicales, los Convenios No. 29 y 105 respecto a la proscripción de trabajos que no se deriven de la libre contratación entre trabajadores y empleadores, y a otros acuerdos y convenios relevantes.
Principio I Respeto a la dignidad del pueblo
cubano Cada Signatario de los Principios se comprometerá a tomar las medidas pertinentes para asegurar el respeto a la dignidad del pueblo de Cuba y para que no hayan discriminaciones y exclusiones contra el ciudadano, así como realizar gestiones para lograr la implantación de un Estado de Derecho en Cuba en el que se respete el debido proceso legal, los derechos humanos y los convenios laborales internacionales de los cuales Cuba es signataria.
Principio II Respeto a los derechos humanos básicos. Cada Signatario de los Principios procederá inmediatamente a: A. Permitir a todos los cubanos igual acceso y uso de todas las área públicas (p.e. playas, parques, hoteles, restaurantes y otros establecimientos similares de comestibles y transporte) que pudieran estar reservadas para los visitantes extranjeros. Oponerse a y apoyar la abrogación de todas las leyes y prácticas que discriminen o excluyan al cubano en el acceso a las áreas públicas reservadas a extranjeros. B. Permitir a todos los cubanos igual oportunidad y acceso para comprar bienes y servicios disponibles a los visitantes y residentes extranjeros. La práctica actual viola los Artículos 42 y 65 de la Constitución Política del país y la Sección 1 del Artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Principio III Prácticas justas e igualdad de contratación y de
empleo Cada Signatario de los Principios procederá inmediatamente a: A. Emitir normas internas para eliminar del proceso de contratación la utilización del Expediente Laboral y el Expediente Acumulativo Escolar, incluyendo toda información referente a actitudes morales, a la conducta social del trabajador (distinciones que no constituyen méritos laborales), a la membresía en organizaciones políticas y cívicas y toda otra información ajena a la relación laboral. B. Contratar directamente a los trabajadores cubanos. Aquellas que en la actualidad no contraten directamente a los trabajadores sino que lo hacen a través de una entidad del gobierno cubano, deberán gestionar la terminación de tal práctica. Tampoco deberán existir limitaciones políticas a la contratación ni influencia gubernamental en la contratación o terminación del empleo. Las prácticas laborales vigentes en Cuba violan los Convenios 111 y 29 de la OIT y los Artículos 40 y 41 de la Constitución Política del país y la Sección 1 del Artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Principio IV Promoción de prácticas laborales justas Cada Signatario de los Principios procederá inmediatamente a emitir normas internas de las empresas de acuerdo con prácticas laborales internacionales. Específicamente: A. Una jornada laboral diaria y semanal con límites razonables. No habrá sobretiempo compulsorio ni trabajo "voluntario". Se pagará una prima por trabajo de sobretiempo. El Artículo 45 de la Constitución garantiza la jornada laboral de ocho horas. B. Procedimientos apropiados para atender y resolver quejas de los trabajadores. Los trabajadores tendrán derecho de apelar ante los tribunales con todas las garantías y al asesoramiento legal independiente, tales como audiencias y apelaciones sin hostigamientos ni represalias. C. Provisiones para la terminación del empleo, medidas disciplinarias y sanciones contra los trabajadores de la empresa basadas en el Convenio No. 158 de la OIT. D. Los derechos de los trabajadores cubanos a asociarse libremente y a pertenecer a sindicatos gubernamentales o independientes. Permitir el uso de áreas apropiadas en las instalaciones de la empresa para reuniones de los trabajadores. Las prácticas laborales vigentes en Cuba violan los Convenios 29, 87 y 158 de la OIT, el Artículo 45 de la Constitución Política del país y los Artículos 7, 8, 10, la Sección 1 del 20 y la Sección 4 del 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Principio V Mejoramiento de la calidad de vida de los
trabajadores Cada Signatario de los Principios procederá inmediatamente a: A. Asegurar que los métodos de producción cumplan con condiciones mínimas de trabajo, con los estándares de seguridad e higiene ocupacional y que no presenten peligros físicos ni de salud innecesarios a los trabajadores o a las poblaciones vecinas. B. Apoyar a las organizaciones no gubernamentales (ONG) independientes en sus actividades y proyectos orientados a garantizar y proteger el patrimonio cultural de Cuba, incluyendo la preservación histórica, la restauración de los monumentos nacionales y las colecciones de los museos. C. Tomar medidas efectivas para proteger el medio ambiente. En este sentido, se debe tratar de eliminar todo contaminante que pueda dañar el aire, el agua o la tierra a fin de hacer uso sustentable de los recursos renovables y minimizar los desperdicios, especialmente desperdicios tóxicos. D. Tomar las providencias del caso para reparar cualquier daño que hayan causado al medio ambiente. Concretamente, cada Signatario se hará responsable del costo total de la limpieza ambiental requerida por cualquier daño causado. E. Influenciar a otras empresas multinacionales que operen en Cuba para que observen los Principios Arcos. Requerir la observación y seguimiento de estos Principios a las empresas cubanas suplidoras, subcontratistas y a otras empresas mixtas.
II. Justificación En la comunidad internacional hay una opinión generalizada de que el actual gobierno de Cuba viola los derechos humanos y laborales de la población. El 20 de diciembre de 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 48/142 en la cual exhorta al gobierno para que "deje de perseguir y castigar a los ciudadanos por motivos relacionados con la libertad de expresión y de asociación pacífica, permita la legalización de grupos independientes, respete las garantías de juicio imparcial, permita el acceso de grupos nacionales independientes y de organismos humanitarios internacionales a las instituciones penitenciarias, revise las condenas por delitos de índole política y deje de tomar medidas de represalia contra quienes solicitan autorización para salir del país", así como que colabore con el Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos permitiéndole pleno y libre acceso a Cuba. La Comunidad Europea ha tomado la decisión de no celebrar un acuerdo de cooperación económica con Cuba hasta que se logre un progreso sustancial en la situación de derechos humanos. Asimismo, la Comisión de Expertos sobre la Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha encontrado violaciones sistemáticas en el campo de las relaciones laborales y las prácticas de empleo por parte de las autoridades cubanas. También en este sentido, de acuerdo con estudios preliminares de la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos, el gobierno de Cuba viola, entre otros: el Convenio 87 sobre libertad de asociación de los trabajadores para la creación de organizaciones sindicales independientes; el Convenio 29, que trata sobre la proscripción de cualquier tipo de trabajo forzado, o que no se derive de la libre contratación entre empleadores y empleados; el Convenio 111, que condena la discriminación en la contratación y en el mantenimiento de la fuerza laboral por motivos de raza, sexo, origen nacional, religión, opinión política, filiación a determinado tipo de sindicatos, partidos u organización de tipo alguno; y el Convenio 98 sobre el derecho a la organización y negociación colectiva. Cuba sufre una profunda crisis económica desde 1989, cuando comenzó a reducirse el comercio artificial y la masiva ayuda externa del antiguo bloque socialista hasta eliminarse prácticamente en 1991. El producto nacional ha declinado en más del 50% entre 1989 y 1994, reflejando la marcada ineficiencia y vulnerabilidad del sistema productivo cubano. La disminución y el deterioro aún continúan, acentuados por el fortalecimiento del embargo del gobierno de los Estados Unidos, como resultado de la Ley de la Democracia Cubana de 1992 ("Ley Torricelli"). Se espera una contracción adicional del 5% del producto en 1995. A pesar de que el Consejo de Estado de Cuba aprobó el Decreto-Ley No. 50 el 15 de febrero de 1982 para permitir la inversión privada extranjera en forma de empresas mixtas, el gobierno de Cuba no estuvo activo en la promoción de dichas empresas hasta fines de la década de los 80, cuando el país entró en la peor crisis económica de su historia. Las autoridades cubanas comenzaron una campaña especial, indicando que era de carácter temporal, para atraer inversionistas de países occidentales, concentrándose especialmente en el sector de turismo internacional. Como parte de dicho esfuerzo, en 1990 se aprobó una ley especial de relaciones laborales, la Resolución 14/90, que se aplica exclusivamente a las instalaciones para el turismo internacional, reduciendo o eliminando derechos laborales de los trabajadores en este sector. El régimen socialista ha realizado una activa campaña para movilizar la inversión privada extranjera en busca de acceso a mercados externos, inversión y tecnologías modernas. Sin embargo, aún no ha adoptado suficientes medidas de estabilización y liberalización en la economía nacional necesarias para sanear y restablecer la capacidad productiva y la competitividad del país. En este sentido, la inversión extranjera ha sido un elemento que se ha utilizado vanamente para eludir y postergar transformaciones inevitables e imprescindibles, en vez de actuar como un agente reforzador de dichas transformaciones. Simultáneamente, la inversión extranjera se está realizando dentro de un marco jurídico ilegal e impreciso, que fomenta la corrupción administrativa, es violatorio de los derechos humanos y laborales básicos, discrimina y margina al pueblo cubano y explota al trabajador al expropiarle casi toda su remuneración. El Artículo 141 de la Constitución Política de 1976 requiere que se efectúe un referendo para ratificar los cambios en la misma. Ello no ocurrió en 1992 cuando se modificaron varios artículos para favorecer la inversión extranjera. Es ampliamente conocido que las autoridades cubanas han prohibido el acceso del pueblo cubano a playas, hoteles, restaurantes y otras instalaciones reservadas para extranjeros, lo cual viola el Artículo 42 de la Constitución y ha dado lugar a un gran resentimiento por parte del pueblo de Cuba por esa discriminación y marginación. El Decreto-Ley No. 50 de 1982 es poco preciso, y los acuerdos que origina no están sujetos al escrutinio público. Dicho decreto autoriza participaciones de los inversionistas hasta del 49%, pero permite excepciones a este límite que se aprueben por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. Como señalaron el ex-Ministro de Hacienda español Carlos Solchaga, ahora asesor del régimen cubano, en octubre, y The Economist en su edición del 25 de junio de 1994, el mencionado Decreto-Ley alienta la corrupción administrativa por ser casuístico, poco específico y muy complicado, es decir, por no ser transparente y de aplicación pareja para todos. Por ejemplo, el régimen tributario sobre ingresos netos de las empresas es negociable, así como el sistema contable que se utilice. El régimen laboral vigente es explotador del trabajador cubano. Una entidad del gobierno (la Empleadora Nacional) contrata a los trabajadores y luego firma un contrato con la empresa mixta para suministrar los trabajadores por un monto promedio de US$450 mensuales, pagaderos en moneda convertible. Esa misma entidad del gobierno cubano después le paga a los trabajadores un promedio de 231 pesos cubanos por mes o sea, menos de US$5 mensuales al tipo de cambio del mercado negro en Cuba, posiblemente el salario más bajo de las Américas y se queda con la diferencia, cerca del 99%. Esta práctica está generando un fuerte resentimiento contra los inversionistas extranjeros. La entidad empleadora del gobierno utiliza el "Expediente Laboral" y el "Expediente Acumulativo Escolar", que recogen información personal del trabajador no relacionada con su profesión ni con el desempeño académico, para discriminar contra los que sencillamente hayan manifestado de alguna manera opiniones divergentes de la ideología oficial. Adicionalmente, el trabajador "debe" entregar el 40% de sus propinas al Partido Comunista. Las contribuciones de la empresa mixta a la seguridad social se realizan en dólares, pero se contabilizan en pesos, comprometiendo así la seguridad social del trabajador. Esto explica el bajo rendimiento del trabajador cubano y alienta a las empresas extranjeras, que consideran erróneamente que el problema es la baja ética de trabajo del cubano, a discriminar contra los empleados de mayor edad y a utilizar técnicas menos intensivas en mano de obra, tales como máquinas vendedoras. La Resolución 14/90 se aplica a todas las instalaciones turísticas y es sumamente discriminatoria para el trabajador. Fundamentalmente "legisla" sobre condiciones disciplinarias y la eliminación de derechos laborales. Los trabajadores tienen períodos probatorios más extensos, trabajan más horas y tienen mayor probabilidad de laborar horarios fuera de lo normal. En cuanto a acciones disciplinarias, tienen menos tiempo para impugnar las medidas disciplinarias y no tienen el derecho de apelación de las decisiones finales por medio de canales jurídicos y administrativos normales. No existen los procedimientos para resolver las disputas de los trabajadores que cumplieron sus períodos probatorios. Se prohibe cualquier conducta, dentro o fuera del lugar de trabajo, que sea considerada crítica de cualquier agencia del gobierno cubano, de la "imagen moral y social de los trabajadores del turismo internacional". Por lo tanto, las empresas mixtas en el sector turismo pueden disciplinar y despedir al trabajador a capricho y arbitrariamente. Esta Resolución es violatoria del debido proceso legal, de la libertad de expresión y, además, es inválida por su vaguedad. En contraste, la República Popular China exige a todas las empresas mixtas que operan en dicho país tener sindicatos, que no sólo protejan los derechos laborales de los trabajadores, sino que también promuevan la cooperación entre los empleados y los empleadores y faciliten el progreso de las empresas. Según las autoridades cubanas, en diciembre de 1993 habían 83 asociaciones mixtas en el sector industrial y 29 en el de turismo. La mayoría de estas empresas mixtas son con inversionistas europeos: 35 de ellas con empresas españolas, 11 con francesas, 7 con italianas y 6 con holandesas. Se encontraban bajo estudio otras 120 propuestas de empresas extranjeras para la creación de empresas mixtas. Un total de 492 empresas extranjeras tienen representantes y/o oficinas en Cuba, entre ellas Bayer, Castrol, Hoechst, Pegaso, Sandoz y Total. A partir de los años 70, las empresas multinacionales han presionado fuertemente a los gobiernos en relación con los derechos humanos, la discriminación y las prácticas laborales injustas. Uno de los mejores ejemplos es el caso de Sudáfrica, en el que un gran número de empresas entre ellas empresas tales como la IBM en el sector de la informática, la Marriott en la industria hotelera, la ITT en el sector de comunicaciones, la General Motors en automotores, la Exxon en el sector petrolero, Citicorp en el sector bancario-financiero y la Johnson & Johnson en la industria farmacéutica, y muchas otras de las multinacionales más importantes fueron Signatarias de los "Principios Sullivan", que llevaron al colapso del apartheid y de la discriminación racial en el trabajo, y a las primeras elecciones verdaderamente democráticas en ese país. Inclusive, al contribuir financieramente al costo de la evaluación independiente de su cumplimiento, las empresas multinacionales mostraron su buena fe e intenciones de adherirse a los Principios Sullivan. Otros ejemplos de comportamiento responsable y voluntario por parte de las empresas multinacionales son: los Principios MacBride (el irlandés Sean MacBride fue fundador de Amnistía Internacional y ganador del Premio Nobel de la Paz en 1974) para combatir la discriminación religiosa en Irlanda del Norte; los Principios Slepak, para defender los derechos humanos en la desaparecida Unión Soviética; y los Principios Miller, para buscar un mayor grado de libertad política y liberalización en la República Popular China y en Tíbet. Por la forma impropia que se está realizando la inversión privada extranjera en Cuba, en vez de facilitar las transformaciones necesarias, las está obstaculizando o demorando. Por tanto, las organizaciones que se dedican a la defensa de los derechos humanos y los derechos laborales, así como a la promoción de la democracia en Cuba han decidido apelar a la comunidad internacional en general, y a los inversionistas extranjeros en particular, que están radicados en Cuba o que hayan propuesto o estén considerando formar empresas mixtas con el gobierno, para que suscriban y sean Signatarias de los Principios Arcos. Dichas organizaciones que copatrocinan estos Principios confían en que las empresas extranjeras muestren el mismo sentido de responsabilidad social que llevaron a la democracia en Sudáfrica, contribuyendo a la eliminación del apartheid turístico y otras discriminaciones tan resentidas por el pueblo de Cuba, lo que queda de manifiesto en los sucesos del 5 de agosto con el asalto al Hotel Deauville y las tiendas para extranjeros, así como de otras tantas violaciones de los derechos y libertades humanas, de las prácticas laborales injustas y de la brutal explotación del trabajador en lo que de acuerdo con la Constitución de 1976 es el supuesto "Estado de los Obreros y Campesinos" (Artículo 1) y establece que "todo el poder pertenece al pueblo trabajador" (Artículo 4). Próximamente se establecerá una Unidad Especial de Inversiones Extranjeras Responsables para realizar este Programa y apoyar las respectivas gestiones internacionales necesarias. La Sociedad Internacional de Derechos Humanos, con sede en Alemania, coordinará las actividades de este Proyecto en Europa, como lo hará su Comité Panamericano en América Latina.
III. Ejecución A. Informes Periódicos Las empresas Signatarias de los Principios Arcos procederán de inmediato a hacer lo siguiente: 1. Llevar a cabo una auditoría anual del cumplimiento de los Principios, por medio de la contratación de una empresa de auditoría certificada y reconocida internacionalmente. Se proporcionará un formulario especial que deberá ser utilizado por cualquier Signatario que emplee, directa o indirectamente a más de 25 personas en sus instalaciones en Cuba. 2. Presentar un informe anual de progreso, conteniendo los resultados de la auditoría arriba indicada, a por lo menos una de las organizaciones radicadas en Cuba que se dedican a la defensa de los derechos humanos o laborales que son copatrocinadores de estos Principios, con copia a la Unidad Especial de Inversiones Extranjeras Responsables que será establecida próximamente. 3. Informar a todos los cubanos que trabajen en sus respectivas instalaciones sobre el resultado de la evaluación y la clasificación obtenida en base al informe anual, y alentarlos a que den sugerencias de cómo mejorar dicha clasificación. B. Evaluación y Clasificación Todas las empresas extranjeras con inversiones en Cuba serán contactadas por organizaciones internacionales de derechos humanos, laborales, etc. para que se acojan voluntariamente a los Principios Arcos y se comprometan a cumplirlos estrictamente, de la misma manera en que lo harían con normas similares en sus propios países de origen y en el resto de las sociedades con un estado de derecho. La Unidad Especial de Inversiones Extranjeras Responsables contratará los servicios de una empresa independiente para que analice los informes de los Signatarios y haga una evaluación de los logros de cada uno. Se preparará una lista de Requisitos Básicos para medir el grado de cumplimiento de los Principios Arcos. Además, se desarrollará un método de clasificación según el grado de cumplimiento, y los resultados con la clasificación de cada empresa, junto con una relación de las empresas contactadas no firmantes de los Principios, serán publicados y distribuidos a los medios informativos y a otras organizaciones pertinentes. Se solicitarán contribuciones especiales a los Signatarios, con objeto de sufragar los costos de administración efectiva de este Programa. Al contribuir al financiamiento de este Programa, los Signatarios demostrarán su adherencia de buena fe a los Principios Arcos.
Como puede Europa facilitar la Democratizacion en Cuba Por: Antonio Fernández Turró Miembro de la Coordinadora Social Demócrata de Cuba
Texto leído en Estrasburgo, Francia, ante el Parlamento Europeo en representación de la Coordinadora Social Demócrata de Cuba y formando parte de la delegación de la Plataforma Democrática Cubana, a la sesión del 11 de Julio de 1995 donde se evaluó la política de Europa hacia Cuba.
Señor Presidente, distinguidos parlamentarios, señoras y señores. La Democracia es un viejo tema en Europa. Desde la aparición de este concepto y hasta nuestros días Europa ha sido el gran laboratorio de la humanidad para perfilarlo y entregarlo a los demás pueblos y a la Historia. En este trayecto Europa conoció también de los errores, y entre ellos especialmente el de los regímenes totalitarios. Ya está atrás el tiempo en que algunos creyeron que la política y la sociedad serían determinados exclusivamente por los cambios económicos y según leyes científicas. También se está de regreso de la creencia de que la salud económica de un país es sólo el resultado automático de la libre empresa. Para nuestro país, Cuba, la situación es muy diferente. Su sistema político permanece inalterable, y su régimen totalitario se sigue proclamando como mesias de un reconocido error. Por su parte el pueblo cubano está maniatado. Separado entre la isla y el exilio. Una isla reprimida por un despiadado totalitarismo, y un exilio desorientado y defraudado por tantas ilusiones fallidas. Venimos a hablar ante nuestros pares Europeos para pedirles ayuda en la difícil tarea de democratización de Cuba. De nadie podemos esperar una ayuda más desinteresada y convencida que de ustedes que si han experimentado la asfixia del estrangulamiento totalitario. Ustedes, que fueron sus vecinos y sus víctimas sí saben lo que no hubiera sido válido para convencer a Stalin, y esto tampoco puede ser válido para trasformar a su discípulo Fidel Castro. Venimos a decirles que deseamos y creemos en una solución incruenta para la democratización de Cuba. Esta ha sido nuestra posición por muchos años, y oficialmente, al fundarse la Plataforma Democrática Cubana, en Madrid, el 14 de Agosto de 1990. Así continuamos trabajando convencidos en la validez de esa solución pacífica, la cuál ha de ser realizada por el esfuerzo de los propios cubanos, y la ayuda de los factores más progresistas del mundo. La saludable tendencia de las naciones libres a considerar la democracia, no como un hecho local de sus paises, sino como una necesidad internacional de todos los pueblos, nos confirma aún mas en la relización de nuestras esperanzas. Especialmente en los últimos tiempos se ha ido abriendo camino una corriente de inversiones hacia Cuba por el criterio de que las inversiones son necesarias y humanitarias hacia el pueblo cubano. No cabe duda que son necesarias y de que pueden ser humanitarias según su planteamiento, y es por ello que requieren una reflexión. Cuba es un mercado virgen, potencialmente valorado en 100 mil millones de US dólares al año. Sin embargo, lo que se ignora en esta evaluación es que para poder obtener ese potencial económico es necesario que todo el pueblo cubano pueda integrarse como agentes libres a dicho proceso. Como el sistema político no se lo permite, esta condición a priori limita la economía cubana a una mera fracción de lo que podía ser. Para agravar mas aún esta situación, la existencia del sistema totalitario en Cuba condiciona cada inversión extranjera de capitales de una forma diferente y muy especial. Mientras se carece de un marco legal apropiado que garantice la integridad de la inversión, los inversionistas pactan con el gobierno privadamente, exigiendo altos rendimientos a corto plazo, sin entrar en consideraciones de bienestar nacional. Faltos de apoyo del oficialismo, los obreros son explotados por este sistema recibiendo sus salarios en pesos yendo a las arcas del gobierno los dólares que pagan los empresarios extranjeros. Las políticas de inversión que se están llevando a cabo en Cuba al presente son superficiales, de tipo extractivo, de tipo maquiladora, sin prospectos para que esas políticas le permitan alcanzar al país el despegue económico que necesita y en muchos casos sirven como ocasión de corrupción moral para los depauperados nacionales. Por consiguiente, el argumento que sostiene que al menos estas inversiones ayudan al pueblo cubano, es completamente erróneo. Estas políticas explotan al trabajador cubano y condenan al país a un nivel de desarrollo económico muy por debajo a su potencial, el cuál al pasar del tiempo, se irá mermando hasta desaparecer. Entonces Cuba se convertirá en otro Haití, con un ingreso per cápita de 250 dólares anuales. El mundo del cuál Uds. representan una gran parte, en lugar de beneficiarse del intercambio con una Cuba próspera tendrá que acostumbrarse a tratar con los problemas de una Cuba pobre y enfermiza economicamente a la cuál habrá la necesidad de ayudar repetidas veces por consideraciones humanitarias. En nuestra opinión, para lograr el potencial económico de esa Cuba rica a la que aspiramos es necesario cambiar su sistema político y dotarlo de otro que respete los derechos humanos y civiles, los cuáles a su vez, permitan el sano intercambio de las ideas y el desarrollo a plenitud de sus cudadanos libres. Esto no se logrará a través de inversiones inarticuladas y superficiales como está ocurriendo al presente; al contrario, creémos que estas acelerarán la destrucción de la capacidad de producción del pueblo cubano, ya que se concentrarán en sectores muy limitados como el turismo, o de tipo extractivo, o como mero uso de mano de obra barata. Este cambio tampoco puede ser un simple cambio de poder sino un verdadero cambio del sistema. El pueblo cubano de la isla ha perdido sus tradiciones de libertad y democracia, lo que dificulta el cambio. Por ello ha de ponerse énfasis en que se desarrollen todas las instancias de una verdadera "sociedad civil" en Cuba. De no ser así existirá siempre la amenaza de una dictadura de cualquier signo que prolongaría la falta de derechos en el pueblo cubano. Cubiertos estos aspectos económicos mas cruciales al presente, pasamos ha hacer un recuento de la actual sociedad civil en Cuba, y entendiendo como tal el tejido social que forman los grupos intermedios organizados entre el individuo y el Estado. Esta se encuentra compuesta por dos sectores: el "autoritario", hasta ahora mayoritario, que sirve de resorte social al Estado/Partido; y el "democrático", que opera aún en minoria en forma autónoma y autogestionaria, y bajo una fuerte supervisión estatal. La pequeñez del sector democrático demuestra las dificultades que experimenta la sociedad civil para desarrollarse en Cuba, y al mismo tiempo subraya su valor estratégico para elaborar el futuro democrático en la isla. Precisamente es oportuno consignar que la debilidad de la sociedad civil en la agricultura y la industria está intimamente relacionada con la escasez de alimentos y la baja productividad industrial. Al sector autoritario pertenecen las 6 organizaciones nacionales llamadas de masa, los 20 sindicatos nacionales adscritos a la Confederación de Trabajadores de Cuba; la mayoría de los 2,200 organismos no gubernamentales (ONGs) autorizados por el gobierno (que de hecho son gubernamentales o paraestatales por operar bajo las instrucciones del gobierno); los órganos nacionales, provinciales y municipales del llamado Poder Popular que están directamente vinculados al Partido Comunista de Cuba. En el sector democrático están los grupos y organizaciones que deciden sus acciones autogestionariamente aún cuando viven acosadas o infiltradas por agentes de la seguridad política. A este sector pertenecen las pocas ONGs que no son gubernamentales y que el gobierno tolera como un recurso argumental para demostrar su apertura, pero que no pueden incurrir en una agenda politíca. También incluye a la mayoría de los llamados "grupos simbólicos privados" es decir, las agrupaciones religiosas (católicas, protestantes y sincréticas) y la Masonería, incluyendo las parroquías por todo el territorio nacional (con sus diferentes pastorales: juvenil, de ancianos, social, carisimáticos, etc.); las casas-culto, cabildos, juegos, familias/padrino y sus ahijados, así como las distintas logias. Puede decirse que los grupos simbólicos disponen de la mejor red distributiva en el país por su dispersión que cubre todo el territorio nacional. La vanguardia de la sociedad civil en Cuba la constituyen los grupos de oposición que tienen una agenda política por la democratización de Cuba. Estos grupos reclaman un espacio político basado en la legislación vigente, derechos que reiteradamente les han sido negados por el gobierno. Según el modelo que impone el régimen, la sociedad civil tiene que funcionar bajo el control y las orientaciones del Estado unipartidista. Toda la participación popular debe estar incluida en los mecanismos estatales. Este que hemos descrito es el potencial y las dificultades para la democratización de Cuba y que la acción internacional puede tratar de ayudar en cualquier proyección política hacia la isla, porque un error de cálculo podría traer un efecto contrario al deseado. No podríamos concluir nuestra presentación sin resumir lo que según nuestro juicio podría facilitar la democratización de la Cuba actual. - Abogamos porque la ayuda que la Comunidad Europea decida dar al pueblo de Cuba se canalice de forma que no fortalezca el poder que tiraniza a la Isla, sino que alcance directamente a beneficiar a los grupos mas vulnerables de la sociedad. Deseamos que la ayuda se canalice a través de auténticos ONGs, o las iglesias, que trabajen en colaboración con ONGs internacionales sin la intromisión técnica ni financiera del gobierno cubano. - Solicitamos que la Comunidad Europea gestione la liquidación del presidio político mediante una amnistía general. - Pedimos la intervención de la Comunidad Europea ante el gobierno cubano para que se garantice la integridad física de los disidentes, los opositores y los defensores de los derechos humanos constantemente amenazados por el régimen. - Que las empresas cubanas, cooperativas o por cuenta propia, tengan el mismo derecho para asociarse con empresas extranjeras, y sin subsiguientes represalias. - Como parte de la ayuda externa, darle especial atención al fomento y fortalecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas nacionales, estén estas formados por trabajadores por cuenta propia o por cooperativas. - Hacer pesar toda la fuerza moral de los países democráticos sobre el gobierno de Fidel Castro, dejándole saber sin ambiguedades que sus métodos son inaceptables. Al mismo tiempo ofrecer todo tipo de apoyo a la mediación diplomática que facilite la transición incruenta hacia la democracia que perseguimos. Muchas gracias.
|
|
|
|