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El reino de la doble
moral,por Carmelo Mesa-Lago
Articulos Prensa Internacional
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El mapa institucional latinoamericano se encuentra saturado de ministerios, organismos, entidades, secretarías y estructuras gubernamentales de las más diversas destinadas a la satisfacción de las múltiples necesidades de nuestras poblaciones.
EL ASCENSO DEL CASTRISMO AL PODER por Lino B. Fernández La noche estaba oscura y yo no lo sabía…..Nadie lo sabía…..La realidad política y social de nuestro pueblo giraba en el espacio estelar de una galaxia y el pueblo cubano era miope y no tenía conciencia de ello. Todos creíamos estar con los pies en la tierra esa mañana del 1 de Enero de 1959 menos Batista y su corte que volaban fuera del país para no volver.
En sus propias palabrasLa corrupción es tal que hasta Castro lo reconoce: Su régimen puede 'autodestruirse'.El comandante ha hablado… una vez más. El motivo: la conmemoración del aniversario 60 de su entrada a la Universidad, es lo de menos. Como siempre han sido muchas horas, a ratos agresivo y amenazante, por momentos didáctico y sarcástico en exceso, reiterativo e imprevisible. En fin, casi lo mismo de siempre.
Manual del perfecto amigo de Cuba: una apuesta racionalista
Por
Carlos Manuel Estefanía. Supongamos que usted cree en una utopía posible y que ella se haría en esa isla llamada Cuba, que pleno de espíritu altruista quiere echarle una mano a los isleños en la difícil tarea de la construcción de un a sociedad ideal. He aquí lo que usted deberá hacer para conseguirlo EL FRACASO DE LAS INSTITUCIONES EN AMÉRICA LATINA.
El mapa institucional latinoamericano se encuentra saturado de ministerios, organismos, entidades, secretarías y estructuras gubernamentales de las más diversas destinadas a la satisfacción de las múltiples necesidades de nuestras poblaciones.
Abundan entre otros los dedicados a la salud, alimentación, vivienda, educación, industria, empleo, atención a la infancia, a grupos especialmente vulnerables de población, etc., sin embargo el mapa social latinoamericano muestra una realidad muy distante de la solución de los acuciantes problemas de nuestros pueblos. Sobran la miseria y sus eternos compañeros el hambre, el analfabetismo y la incultura, la infancia abandonada (el sector de población más frágil, excelente caldo de cultivo para el comercio sexual, consumo de drogas y violencia), los ancianos desprotegidos, las enfermedades de todo tipo que alcanzan cifras vergonzosas, el desempleo y en fin una enorme lista de males sociales imposible de enumerar en este corto espacio, de todos conocidos y que a diario nos sacuden.
El análisis de este sombrío panorama plantea la lógica interrogante de por qué ocurren estas cosas en un continente rico en recursos naturales con poblaciones dadas al trabajo creador, emprendedoras y entusiastas. Los investigadores sociales (y también los políticos) buscan en el sustrato histórico, en la expoliación de los diversos imperialismos que por aquí han pasado o en la rapacidad de las transnacionales la raíz de estos males pero pocas veces señalan de manera decisiva la enorme cuota de responsabilidad que han tenido nuestros dirigentes a todos los niveles y a lo largo de toda nuestra historia en la conformación de este desastre de dimensiones continentales.
Sobran los ejemplos acerca de cómo presidentes, gobernadores, alcaldes, senadores, representantes, asambleístas, diputados e infinidad de otros funcionarios públicos han saqueado y continúan malversando los recursos de los pueblos, son los mismos que han jugado eternamente al fracaso de nuestras instituciones para luego aparecer como salvadores capaces de arreglar los daños que han creado o contribuido a crear, aprovechadores de oficio encumbrados en las diversas instancias de los gobiernos, muy hábiles también a la hora de proponer soluciones mágicas utilizando los recursos de los pueblos, de todos, pero apropiándose los laureles de la solución, fórmula repetida miles de veces en nuestro continente: socializar los costos y privatizar las ganancias bien sean estas expresadas en términos netamente políticos, económicos o una combinación de ambos y de aquí a repetir el ciclo. Terminan entregando en la mayoría de casos solo migajas y mucha propaganda, muy poco en realidad de aquello que con urgencia necesita la gente aunque la corte de aduladores que siempre les acompaña adorne con infinitos aplausos la ética del despojo.
Solo un número inmoralmente ínfimo de estos señores es llevado ante tribunales a responder por sus delitos y menos aquellos que pagan por sus deudas con la sociedad pero, peor aún, en numerosos casos son los denunciantes de tales hechos los llevados ante jueces sin escrúpulos a la hora de prostituir la Justicia que dicen representar.
La impunidad descarada, sustrato de la corrupción galopante en el negocio del poder y junto a ella la miseria moral, la peor de las miserias, resultan ser de los más poderosos motores generadores del fracaso de las instituciones en nuestro continente que lejos de robustecerse terminan siendo derrotadas, cada vez más incapaces de cumplir con los cometidos para los cuales fueron creadas; la consecuencia es una deuda social latinoamericana siempre creciente que ha puesto a muchas de nuestras naciones en la situación de vivir con una mecha encendida al lado de un barril de pólvora; bajo estas circunstancias los aplausos tarifados de los halagadores de turno y el silencio cómplice, que también se suele comprar, pueden resultar muy peligrosos.
Fdo.: Dr. Antonio Llaca Desde la ciudad de El Tigre. Edo. Anzoátegui. Venezuela / Mayo/2006EL ASCENSO DEL CASTRISMO AL PODER Lino B. Fernández La noche estaba oscura y yo no lo sabía…..Nadie lo sabía…..La realidad política y social de nuestro pueblo giraba en el espacio estelar de una galaxia y el pueblo cubano era miope y no tenía conciencia de ello. Todos creíamos estar con los pies en la tierra esa mañana del 1 de Enero de 1959 menos Batista y su corte que volaban fuera del país para no volver. La escena del tirano escapando fuera de Cuba después del dominio sobre la política nacional por 25 años era sin embargo símbolo de la diáspora de nuestro pueblo que comenzaba ese mismo día y que se prolongaría por décadas hasta el momento actual, abarcando a millones de cubanos, desintegrando la familia, transformando la esencia de la nación en un “no se qué” que a todos nos afecta negativamente.
¿Qué nos ocurrió a los cubanos? En los primeros 57 años de historia de la República de Cuba hubo un diferendo Cuba-USA que influyó notablemente en la historia de los 50 años siguientes. Este diferendo afloró en la agenda de la Revolución Cubana como una oportunidad para que la cúpula revolucionaria asumiera una política reivindicativa de la soberanía nacional, que de hecho convertía al régimen de facto en un valeroso David que se proponía luchar contra el poderoso Goliath del Norte. Claro que como una injusta añadidura, e invocando esta política de confrontación, el gobierno revolucionario se arrogó el derecho de oprimir y subyugar al pueblo cubano como una necesidad para sus objetivos. Durante la década de los años 50 hubo una lucha violenta por el poder político que había sido usurpado descaradamente por un dictador con mucha influencia en las fuerzas armadas. Durante esos años los demócratas cubanos acompañábamos esa lucha con un gran descontento por la corrupción política y el deseo de promover socialmente a las clases más necesitadas del país. Ello explica las expectativas con que se recibió la huída de Batista y el triunfo revolucionario. En 1956, una institución que no era de izquierda, la Agrupación Católica Universitaria (ACU), procedió a la realización de una encuesta nacional sobre el nivel económico-social del trabajador agrícola cubano. Con ella se pretendió conocer las condiciones reales de vida de ese sector tan importante y casi siempre muy desatendido por los gobiernos. Los gestores de la encuesta, no buscaban el poder político con ello, sino enfrentar a la opinión pública del país con ese sector de nuestras realidades, para que pudieran ser enfocadas y resueltas. Como resultado de esa encuesta de 1956 resultaba que había dos Cubas. La que aparecía en la encuesta, y otra Cuba, la que estaba en desarrollo y tenía verdaderos logros con avanzadas leyes sociales, una sociedad civil fuerte, una extensa clase media y una moneda estable y fuerte. Al advenimiento del período revolucionario, la tesis de los demócratas cubanos era mantener los logros de la república visible y resolver los remanentes del subdesarrollo. Sin embargo la élite revolucionaria que conculcó todas las libertades y el derecho en nombre de la soberanía nacional, procedió increíblemente a la destrucción sistemática de la segunda Cuba, que ya era territorio económico firme en el que se podría articular los nuevos planes de desarrollo. No era fácil juzgar por qué lo decidían así. Pero nosotros sí estábamos muy seguros de que lo sensato y racional era corregir sin destruír lo que había costado el esfuerzo de muchas generaciones.
Una histeria masiva se creó en Cuba, murió el derecho a disentir. Terminó la prensa libre. Las estaciones de radio fueron unificadas para prevenir discrepancias con la línea de la revolución. Otros sectores políticos fueron ignorados aun dentro del 26 de Julio. Así se pavimentó la vía para incesantes intervenciones que destruyeron los poderes civiles, económicos, políticos y judiciales. Cesó el Estado basado en la Ley así como en la Sociedad Civil. No había formas políticas de expresar el derecho a disentir. Si discrepabas eras calificado como un seguidor de Batista, un contrarrevolucionario o un agente del imperialismo. El disenso no tenía otra alternativa, que el expresarse mediante la fuerza de las armas. Desde su inicio el régimen revolucionario cubano ignoró la oposición, ¡tal como lo sigue haciendo ahora al cabo de 47 años!. Pero debe decirse la verdad completa, el régimen la oprimió dentro de Cuba, pero también los Estados Unidos la oprimieron con una manipulación constante, ¡y esto también ha continuado siendo después de 47 años!. Muchas veces ha venido a mi mente el convencimiento de que la historia podría haber sido muy diferente si los elementos ajenos a Cuba no hubieran participado en ella como lo hicieron. Quizás fue ineptitud nuestra el no saber resolver la diversidad de enfoques para organizar la opinión del país. Es incuestionable que hubo errores nuestros, pero también un intrusismo culpable que ha venido estorbando la solución del problema cubano. Desde esa ventana de mi realidad personal, durante casi tres años, viví otra experiencia: Yo fui testigo y compartí el nacimiento de una lucha con muchos hombres que no esperaron por otros para tomar responsabilidad por sus propias decisiones, y que ansiaron algo diferente de la revolución cubana, y no la frustración que sufrieron. Ellos no eran mercenarios ni defendieron intereses personales o foráneos y sabían que tenían poderosos enemigos. Algunos eran educados otros analfabetos; procedían de todas los niveles de la sociedad, y con gran variedad de creencias. Su mayoría no estaba representada por los “generales y doctores” que dirigieron la República anterior, y mucho menos, podían ser considerados como defensores del régimen de Batista. Fueron simples ciudadanos que reaccionaron contra algo que les disgustaba y preocupaba profundamente. No fue una insurgencia que sostuviera muchos debates, ni que brillara por su paciencia. ¡Fueron acciones bien sangrientas! Porque unos pocos pretendieron decidir el destino de todos mediante un torbellino de cambios sociales, políticos y económicos que afectaban la idiosincrasia del pueblo cubano. Que yo sepa los cubanos no fueron a la Embajada Americana en La Habana a consultar la opinión del cónsul o del embajador para hacer su decisión de lucha o de no oponerse al gobierno. La nuestra fue una reacción espontánea, y conste que el número de opositores era masivo. Nunca hubo un brote de entusiasmo tan grande por un futuro mejor como el que se experimentó al comienzo de la revolución, como tampoco ha habido una frustración tan grande como la que muchos experimentaron al final de 1959. Y la causa fue que nunca una élite de gobierno cambió su agenda en tan corto tiempo. Fue fácil, aunque costoso, conspirar en Cuba. Eran incontables las personas dispuestas para hacerlo. Desde los mismos puestos de mando de la revolución y de los antiguos luchadores contra Batista, surgieron cuadros que aun existían en 1966. La idea principal de la mayoría opositora de entonces no fue escapar del sistema sino organizarse contra él. Con más frecuencia se iba a la montaña que se buscaba asilo político, a pesar de ser obvio para todo el mundo que cientos de miles de milicias habían sido llamadas para integrar las fuerzas armadas futuras. A pesar de que sabían que la revolución estaba armada hasta los dientes, aunque su líder pregonaba embusteramente un “¿armas para que?”. Se veían los cañones y tanques por doquier; los discursos acerca del poder y el poder real nunca cesaban, tampoco los tribunales callaban un día y el número de sentencias capitales decretadas llegó a cifra increíbles. Sin duda todo cubano estaba consciente del riesgo que afrontaba. Nadie se imaginaba que lo que pretendía hacer era una tarea fácil, sino que la mayor parte tenía la certeza de que no sobrevivirían el intento. Aún a la mitad de 1961, en la Isla de Pinos solamente había 6000 prisioneros, 15% de los cuales eran ex-guerrilleros. Todas las grandes prisiones de Cuba, que eran numerosas, se encontraban abarrotadas. Calculando a dos por provincia, que eran más, albergaban dos mil prisioneros políticos cada una, lo que sumaba 24,000 prisioneros. Esto sin contar con La Isla de Pinos, que haría un total de 30,000 prisioneros. Añádase luego los invasores, y las incontables cárceles menores y vivacs que proliferaban a todo lo largo del país. Que pronto se incrementarían con las granjas y sitios de construcción donde trabajaban prisioneros. ¡Cuba era ya una gran prisión!. Los números indican que la resistencia interna en Cuba fue masiva, y generalizada. Es imperativo apuntar la existencia de otra vasta área de resistencia interna que no califica en ninguna de las categorías mencionadas, pero que fue reconocida como hostil al régimen por servir de apoyo logístico para las guerrillas, y que en los primeros años de la revolución, fue masivamente desplazada desde su asentamiento tradicional en las lomas del Escambray y otras áreas montañosas similares, a provincias lejanas. Esta emigración compulsiva de los residentes del Escambray copiaba la odiosa estrategia de “la reconcentración” concebida por Valeriano Weyler para reprimir la lucha de los mambises para la independencia de Cuba. Estos cubanos obligados también deben ser contados en las filas de la resistencia, porque de otro modo se hubieran sumado a las filas de la oposición, y podrían haberse mantenido en su región como apoyo a las guerrillas en las ofensivas de las milicias. ¿Qué hizo que tantos arriesgaran sus vidas? ¿Qué motivó tanta insurgencia en Cuba en aquellos años?. Puede decirse que las raíces de la oposición al sistema opresivo político comenzaron en Cuba desde antes de la revolución. Los cubanos no toleraban el abuso de la fuerza. Nos habíamos acostumbrado a repudiar la fuerza con la fuerza. Los cubanos esperábamos soluciones democráticas a los problemas nacionales, que no negaremos que eran bastantes. Había una conciencia de luchar por las libertades políticas y los ideales de justicia social, lo que condujo a muchos al sacrificio propio. Enrique Baloyra recordó en una ocasión un discurso de Fidel Castro al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en 1975, en que hablaba del espíritu de la gente joven en aquel tiempo, y la pureza de intenciones en los comienzos de 1959, su deseo de construir un país, de hacerlo bien, de poner límite entre lo que no había funcionado y lo que se había comenzado a construir para el futuro. Enrique, que estaba enseñando en Chapel Hill, pensó para sí: “¡Yo conocí mucha gente como esta!... El único problema es que todos ellos lucharon contra el Sr. Castro”. Lo habían hecho durante la tiranía de Batista y estaban insatisfechos con la farsa de las nuevas libertades de que se jactaba el régimen, mientras reprimía la expresión de ideas políticas diferentes a las suyas. A esa época pertenece la aparición de las “coletillas” como expresión de la censura del régimen en contra de la prensa que lo criticaba con sobrados motivos. Los trabajadores eran expulsados de sus centros de trabajo e inmediatamente eran incluídos en la lista de los enemigos de la revolución, y sólo por disentir de las medidas revolucionarias. Era constante la ”penalización de las ideas” y total la centralización del poder político. Así se eliminó de la vida pública de la nación a las otras fuerzas que luchaban para restablecer el orden constitucional y lo cual no podía llevarse a cabo sin poder organizar una opinión pública mayoritaria. Así se fue desarrollando la progresiva destrucción de la sociedad civil cubana. Esa delicada e indispensable red de asociaciones de hombres libres, necesarias para vivir, crecer, desarrollarse, producir, crear, expresarse, proteger a todos y poder vivir en paz. Pero el maratón revolucionario continuaba malbaratando los logros de la república democrática, que a pesar de muchas imperfecciones brillaba en el conjunto latinoamericano. Resistir era la palabra de orden. Pero la avalancha de los acontecimientos y la carencia de una palanca política en que se pudieran apoyar los opositores, permitió que la realidad nacional se convirtiera en el desierto cívico actual. ¿Qué ha logrado Cuba perdiendo tantos de sus hijos? Somos capaces de decir que hemos ganado algo después de tanta pérdida?. ¿Es aún posible avanzar dentro del camino de una sociedad cuando la espontaneidad y la pluralidad no son partes de la vida pública, cuando la familia está dividida y la juventud no espera nada de sus antecesores? Algo es cierto, y es que los cubanos quedamos atrapados dentro de la lucha de las grandes potencias por su supremacía militar. El equilibrio de los grandes poderes era lo que contaba. Y claro Cuba estaba demasiado cerca del imperio como para no jugar un rol importante. Yo no creo que a pesar de la arrogancia del discurso castrista, nuestra soberanía fuera factor a considerar dentro del debate de las superpotencias.. ¡Si poseer a Cuba era realizable, la URSS tenía que lograrlo!, y ¡bien valía Berlín el que se hipotecase el futuro de la República de Cuba y la felicidad de los cubanos!. Lo que se desarrollaba dentro de la Resistencia Cubana no era de interés para la CIA, excepto si esta podía ser controlada, dirigida, detenida o manipulada. Como apuntó Enrique Baloyra profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Miami en la Conferencia de Musgrove acerca de “Bahía de Cochinos y eventos relacionados”, celebrada en Georgia en 1995, “El error de la CIA consistió en inmiscuirse en la lucha, conformarla de manera que se lograran sus objetivos con nuestros medios, no nuestros objetivos con nuestros medios”. Tras la llegada del poder revolucionario, y en muy poco tiempo, los servicios de inteligencia extranjeros estaban preparando el camino para otros planes. Hay innumerables documentos, sin duda, sobre la penetración extranjera en Cuba. La oposición primera al régimen conoció su arribo y manejos, y nosotros específicamente, la sentimos de muy cerca. Es difícil hacer un estricto seguimiento del proceso de enajenación de la oposición por la propaganda oral que ambas partes hicieron. Aparte de ser difícil de seguir el proceso, su crítica ya no tiene la posibilidad de cambiar los acontecimientos escritos en la Historia. Han abundado las excusas, pero las razones esgrimidas por ambas partes como explicación han sido tan ambiguas que no merece la pena ir sobre ellas. Si algún beneficio podría derivarse de discutir esta parte de nuestra historia sería el arribar a conclusiones como éstas: * La guerra real en Cuba no debió ser aprovechada como elemento de disputa entre las dos potencias que competían por la supremacía mundial. * Tampoco fue entre un Goliath que asechaba a noventa millas de distancia y un David que defendía los derechos de su pueblo. * La guerra entre ese supuesto David y el Goliath duraría 72 horas con el sacrificio inocente de muchos cubanos, y la abstención traicionera del gigante. Pero la guerra entre el régimen tiránico y los cubanos que se opusieron y le presentaron una resistencia militar, duró seis años. Y esta guerra ni es conocida ni respetada. Sin embargo y a pesar de su vergonzosa derrota, el Goliath ha persistido en interferir en esta lucha digna y desigual, mas no para enmendar sus perjuicios a la causa cubana, sino para el exclusivo beneficio de sus propios intereses. Nos consta y existen documentos que avalan lo dicho, porque pasaron por las manos de la primera oposición que se lanzó a la lucha en Cuba sin pedir permiso para comenzar, organizar, sostener o dirigir su lucha ni los métodos para lograrlo. Desde el principio la resistencia en Cuba sabía que tenía que ocuparse de sí misma, aunque tuvo que soportar los intentos de manipulación como añadidura a las demasiadas complicaciones que le exigía la organización de la clandestinidad. Escuchábamos con frecuencia que cada vez que alguien dejaba Cuba porque su trabajo ya resultaba imposible por la persecución, los servicios de inteligencia americana exploraban sus posibles ambiciones personales con promesas de reconocerles una jerarquía mayor en el tinglado de su cuestionable apoyo al clandestinaje cubano. Con lo que su verdadera labor era fomentar un divisionismo que restara organización y poder efectivo a los cuadros operantes en la isla. A los que caían en esa tentación se les impartía una autoridad que realmente no se les podía dar, como era la de tomar decisiones que involucraban las vidas de quienes luchaban en la isla. No hay pueblo que pueda conducir una lucha desde fuera de sus fronteras. Esta debe ser conducida desde dentro, por aquéllos que la están peleando. Algunos soñaban, y aún sueñan, que los Estados unidos no iba a permitir un país comunista a 90 millas de sus costas. Y de esa idea surgió un corolario mucho más peligroso, el “que los cubanos les estaban dando permiso a los norteamericanos para decidir por ellos, y dirigir su guerra desde dentro de las oficinas de la CIA”. Los que así soñaban estaban otorgando un permiso implícito pero tácito, a los norteamericanos, para que controlaran el curso de la lucha y el acta de la victoria. Y a pesar de que la primera oposición responsable no cayó en esa trampa, los norteamericanos fueron covirtiendo en estéril todo el sacrificio cubano. Los grupos políticos en el exterior nombraban a nuevos líderes de la resistencia de dedo y con el apoyo de los servicios de inteligencia americanos. Estos nuevos grupos o movimientos carecían de organización eficiente y de la posibilidad de lograr nada útil con los equipos que les suministraba la CIA, al mismo tiempo que facilitaban la infiltración de las fuerzas de inteligencia del régimen en el movimiento clandestino. Así, todo lo que se desarrolló por la primera oposición no interesaba a los encargados de suministrar los medios que se lloraban para la lucha. Los que les interesaban eran quienes se dejaran controlar, dirigir y manipular, pero nunca los que luchaban en el terreno. Después de escuchar a varios hombres de los grupos de infiltración que se entrenaban antes de Bahía de Cochinos, uno se da cuenta de que aún ellos, tan interesados como estaban en obtener el entrenamiento necesario para unirse a la guerra dentro de Cuba, no controlaban el envío de la ayuda disponible, y ni siquiera conocían si sus gestiones obtenían algún resultado para el activismo interno. Aunque lo cierto es que esos hombres que tenían como principal interés el ayudar a sus compatriotas cubanos de la resistencia, se preguntaban el por qué esta ayuda tardaba tanto en implementarse. Mientras la oposición aumentaba y la situación se hacía más crítica dentro de Cuba, el régimen también perfeccionaba su sistema represivo en contra de la oposición. Era notable la disparidad entre los recursos con que contaba la resistencia y los de las fuerzas organizadas por el régimen. Y a esto hay que añadir el desconocimiento y mala información sobre la lucha interior que tenía la oposición fuera de Cuba. En Julio de 1960 el tiempo apremiaba y las necesidades crecían. La falta de visión sobre lo que estaba ocurriendo en Cuba aumentaba. La comunidad exiliada ya estaba infiltrada, mas la resistencia interna aun estaba intocada. La estrategia general, tanto la interna como la externa, parecían coincidir en principio, pero cada vez se fueron diferenciando más por el control norteamericano de las comunicaciones, los abastos miserables y el inevitable control sobre el entrenamiento de hombres. ¿Qué se preparaba en la isla? Expandir la organización y aumentar la preparación para la Guerra. Adentro ofrecíamos entrenamiento mientras extendíamos la red de seguridad interna y la protección general, y prioritariamente conocer sobre el recién fundado aparato de inteligencia enemiga. Buscábamos saber cuánto nos conocía, ¿cómo actuaba?, ¿cómo reconocerlos y detectarlos?, ¿cómo penetrarlos? ¿Que hacían tantos extranjeros en Cuba? ¿ De qué eran técnicos? Logramos compartamentalizar la resistencia. Creamos más de un MRR en Cuba. Uno para organizar la guerra, otro para ejecutarla. Ambos separados. Ambos coordinados a la altura del alto mando. Expandimos la presencia de la mujer en la clandestinidad, sobre todo en inteligencia, organización y coordinación de la seguridad y protección interna así como en comunicaciones y propaganda. Ellas desarrollaron actividades indispensables, y lo hicieron de una manera única en la historia de Cuba. Cuando las guerrillas comenzaron enseguida establecimos contactos con ellas para apoyarlas. Nos dedicamos a establecer comunicación, llevarles ayuda material, medicinas armas y parque, para ir estableciendo un plan general de integración que apuntaba en esencia a envolver al país en una guerra general de guerrillas apoyadas por hombres entrenados o que habían sido guerrilleros. No existía la idea de una invasión armada. Con lo que contábamos era con la decisión de innumerables cubanos dispuestos a luchar en contra de la implantación del comunismo en nuestro país, y lo que planeábamos era tener a cubanos ayudando a cubanos en una lucha progresiva, que por cierto tomó cuerpo demasiado rápido y antes de que se pudiera organizar plenamente. Lo que faltaba, y no podíamos proveer por nuestro propio esfuerzo, era el aseguramiento logístico de armamento y parque con el que materializar nuestra guerra, y esto tenía un tiempo óptimo de ocurrir o se corría el riesgo de que desapareciera la oportunidad si no era apoyada. Los cuadros civiles y militares del MRR intentaron apoyar las guerrillas ya integradas a lo que diera lugar. Se acordó no expandir los frentes armados a menos que se les pudiera apoyar en sus necesidades o corríamos el riesgo de perderlo todo. Finalmente la mayoría de nosotros continuaríamos engrosando las guerrillas en tanto se desarrollaran, o porque nos fuera muy difícil seguir operando debido a la persecución, o porque los esfuerzos de la guerra lo requirieran. Mas el apoyo no llegaba. Todo esto provocó un enorme sentimiento de frustración Se desconocía, o no se tenía en cuenta, el enorme potencial que se había generado en el país. La visión que se daba a través de los medios era en términos de propaganda panfletaria y no concebida como un apoyo a la lucha que se sostenía en condiciones muy precarias por los miembros de las distintas guerrillas. Es bueno señalar que el gobierno americano no nos abandonó, sino que simplemente nos ignoró. Nunca creyó en una revolución democrática desde dentro de la revolución comunista. De nada valió que nosotros arrancáramos primero y buscáramos su ayuda desinteresada, pero sencillamente no le interesamos. Nos desconocieron porque no nos dejábamos manipular. No midieron el alcance de nuestra fuerza, porque Cuba no era la Guatemala de 1954, ni nosotros un Castillo de Armas instrumental. Y con el tiempo, tanto los norteamericanos como muchos cubanos, fueron cayendo en el error de creer que había dos oposiciones, la de dentro y la de fuera. La de dentro nutría a la de afuera con sus acciones dentro del territorio nacional, pero la de fuera no podía hacer nada para suministrar a los de adentro. Y con esa incomunicación operacional, ninguna de las dos partes podía obtener la victoria. La obsesión de controlarlo todo desde las oficinas centrales de la CIA fue la razón de incontables confrontaciones y conflictos dentro de las fuerzas del Frente Revolucionario Democrático (FRD), y aún dentro de los grupos destinados a la infiltración y que intempestivamente fueron convertidos en una brigada de asalto mal preparada, con un número insuficiente de tropa, y que por ello estaba expuesta al fracaso. No se puede hablar de falta de coraje en la tropa porque el alistamiento había sido voluntario, y hasta se había viajado al extranjero para incorporarse a ese cuerpo armado. Pero toda la maniobra militar tenía un pecado original que se había sembrado en la mente de los oficiales de la CIA que atendían a los cubanos. Y esta mala semilla fue que no se debía contar con el pueblo que estaba llevando la lucha adentro. Ni siquiera fue alertada cuando se acercaba el día de la invasión. Nunca fue más evidente que la oposición interna no había sido, ni iba a ser escuchada nunca. Ya desde fines de Octubre de 1960, después del fracaso del alzamiento del comandante Plinio Prieto en el Escambray, quedó muy claro que era necesario a toda costa repetir la operación planeada por él o el Escambray se desintegraría ante el gran cerco que preparaba el ejército y que cada vez se iría ampliando más. Esto provocaría una lógica crisis del sostén material y la cooperación que habían venido prestando los campesinos de la zona. Como efectivamente ocurrió, y ya hemos hablado de ello anteriormente. Así sería más difícil mantener el contacto con ellos, como el llevarle los suministros y las medicinas que necesitaban los alzados. El plan que se empezó a desarrollar consistía en apresurar la entrada de hombres de los grupos de infiltración para enviarlos al Escambray, o usar en su lugar a prácticos confiables de la zona, para que hicieran contacto con los grupos de alzados y así se pudieran coordinar el sitio, el día y la hora para la recepción de armas por aire. Y como tercera opción, se procedería a una recopilación de todas las armas posibles para coordinar un alzamiento conjunto con el Mov. 30 de Noviembre. Sus militares y los nuestros, provistos con todos los equipos necesarios, permitirían establecer unas comunicaciones seguras con el Escambray, y fortalecerían a las guerrillas que ya operaban en el área. El 29 de Noviembre de 1960 el jefe de la CIA de entonces, Allen Dulles, informó al presidente Kennedy sobre el concepto y los pormenores del desembarco para liberar a Cuba del comunismo. La vida era tan apresurada entonces que no podíamos detenernos a sacar conclusiones sobre la falta de seriedad con los envíos de apoyo por aire a la resistencia. Para rematar la poca fe que ya se iba teniendo en esos envíos, ocurrió que unas pocas armas que se enviaron fueron lanzadas fuera de las montanas, doce millas al norte del Salto del Hanabanilla, y donde se encontraba un enorme campamento de las milicias del gobierno cubano. La ridícula noticia salió con abundantes fotos en toda la prensa cubana y mundial, y desacreditando la seriedad de la lucha que se sostenía. Y sin embargo las guerrillas eran tan heroicas que permanecían a pesar de que no llegaban los abastos. A fines de noviembre de l960 el Escambray no era el único foco de insurgencia pues existían numerosos grupos guerrilleros en casi toda la isla. En el Escambray estaba Evelio Duque con sus hombres, la guerrilla comandada por Osvaldo Ramírez, la del comandante César Páez, la de Membribe, la de Merejo Ramírez y otras, se calcula que ya para esa época había cerca de tres mil hombres alzados en el Escambray y que estaban agrupados en 82 guerrillas, muchos de ellos sin armas. Calculamos en 150 mil los hombres que rodearon al Escambray por su mayor concentración de guerrillas. También hubo el grupo de hombres recién venidos del exterior, casi todos de la sección estudiantil del MRR, y que desde entonces se nuclearon en una organización denominada el Directorio Revolucionario Estudiantil, con vistas a alzarse en las montañas del Escambray y de Oriente. En la provincia de Camaguey estuvo la guerrilla de Tomás San Gil en la Sierra de Cubitas. Hubo varias guerrillas en Pinar del Río, Matanzas y las Villas, que antes de Bahía de Cochinos llegaron a sumar más de 30. A pesar del fiasco militar de Bahía de Cochinos y durante los años 1961 y 1962, estas guerrillas, lejos de disolverse, crecieron en número y en tropa a lo largo del territorio nacional y sin reparar en la total carencia del apoyo exterior. En ese momento todavía había guerrillas por toda Cuba, y que eran ayudados por el campesinado. También se mantenían conspiraciones importantes dentro de las fuerzas armadas hasta los finales de Agosto de 1962, en que hubo una gran redada con juicios sumarios y fusilamientos masivos de los que aún falta mucha información. La rama militar del MRR duró hasta 1966 cuando el grupo central de sus dirigentes mas importantes fueron arrestados y ejecutados. Un grupo numeroso de ellos había luchado en la Sierra Maestra con Castro en los tiempos de Batista. Formaron parte de la columna # 1 y lucharon por mas de un año en las llanuras de Camagüey como era el caso de José Vásquez. De los grupos de infiltración llegaron hombres entrenados sobre todo en guerra de guerrillas y en comunicaciones radiotelegráficas, que se fueron distribuyendo por todas las provincias y se mantenían en la clandestinidad en espera de la intensificación de la guerra en el interior del país. Aparentemente el enlace exterior de estos hombres era una base de comunicación desconocida que nunca tuvo real enlace con los hombres de los campamentos en Guatemala. Lo sabemos porque los hombres que el MRR había introducido, y los que le habían asignado como telegrafista del comandante Plinio Prieto, estaban bajo nuestras órdenes, y habíamos experimentado de primera mano que nuestras trasmisiones no se enlazaban con otros hombres de los campamentos de cubanos. El control estaba todo en las manos de los servicios de inteligencia de la CIA. Esos agentes de la inteligencia profesional actuaban desde lugares desconocidos, sin mediación de cubanos, y por tanto muy desconocedores de todas las realidades de nuestro país, y de la guerra que nunca quisieron reconocer. Así los cubanos resultaban piezas desechables de un ajedrez ajeno. Las conversaciones sostenidas con la inteligencia americana que se nos acercaba, ya desde Marzo de 1960, eran bien diáfanas en aclarar sobre quiénes debían dirigir, sobre quiénes decidirían con quién se debía contar dentro de Cuba para hacer crecer la oposición. Hubo aclaraciones sobre como se había de conducir la guerra dentro del país, nuestro rechazo a que nos diesen cuadros de ex militares del régimen de Batista que ya habían entregado las armas con anterioridad. Esas discusiones -todas ellas en definitiva- reclamaban dar prioridad a los acontecimientos que ocurrieran dentro del territorio nacional cubano. Y la razón de nuestra lucha era la recuperación de una revolución que había sido desvirtuada y traicionada. Sin compromiso con el pasado corrupto y sin vasallaje a ningún poder exterior. Si habían de ayudarnos tenía que ser sin condicionar nuestras acciones y respetando la jerarquía cubana del proceso. El alto mando de la CIA, prefería a los militares del régimen de Batista como gente mas confiable para ser integrada a la nueva lucha cubana, y obviamente no les gustó que le informáramos en contrario a su gente en La Habana. Reconocíamos que tenían todo el derecho de luchar por la democracia de su país, por lo que las puertas de las organizaciones clandestinas estaban abiertas para ellos, pero que no estábamos dispuestos a integrar una fuerza armada que pudiera confundirse con el ejército que había sostenido a Batista en el poder. La CIA también se resistía a aceptar que la lucha fuera dirigida desde Cuba y no desde el exterior. No aceptaba el razonamiento de que una duplicidad de mando traería confusión y propiciaría la penetración por parte de la inteligencia cubana. Uno de los héroes de la resistencia, “Francisco”, solía decir que la resistencia no estaba en campaña política. Hay un documento de fecha Enero de 1961, donde él predice, poco antes de ser capturado en Marzo junto con múltiples líderes, de qué manera se estaba amenazando la sobrevivencia de la resistencia. Jorge Domínguez, profesor de Ciencias políticas de Harvard, me preguntó en la conferencia sobre la primera oposición sostenida en Musgrove, Georgia en 1995, si yo no pensaba que nuestra concepción sobre la lucha había sido demasiado militar. ¡Yo asentí !- Y hoy en día añadiría que no fue una concepción, sino una combustión espontánea. ¡Así respondió un considerable número de cubanos! Las razones que había en 1960 para oponerse al régimen despótico siguen vigentes aún hoy.- O dicho de otra manera: Las razones de una oposición actual al sistema opresor no se distancian de las razones primigenias. ¡No hay ninguna nueva razón! Como no sea recalcar que todas ellas están multiplicadas por 47 años de lo mismo. El vacío ético del líder lo ha trasladado enteramente a su infructuosa revolución.(*) Este articulo fue enviado para su publicacion a la revista " Encuentro de la Cultura Cabana" número 39
La corrupción es tal que hasta Castro lo reconoce: Su
régimen puede 'autodestruirse'.
El comandante ha hablado… una vez más. El motivo: la conmemoración del aniversario 60 de su entrada a la Universidad, es lo de menos. Como siempre han sido muchas horas, a ratos agresivo y amenazante, por momentos didáctico y sarcástico en exceso, reiterativo e imprevisible. En fin, casi lo mismo de siempre. Sin embargo, dijo una cosa nueva: en sus (Encuentro en la red) propias palabras ha reconocido que "podemos autodestruirnos". Tal reconocimiento quizás sea el reflejo subconsciente de lo grave y peligroso que son la subversión de valores y los desquiciamientos ético-morales que hoy constituyen el fundamento de las relaciones sociales cubanas, y que cada vez más se convierten en conducta predominante en la Isla. El poder revolucionario confiscó propiedades, haciendas e intereses privados, para instaurar un sistema de justicia y equidad ejemplar que, lejos de funcionar, destruyó las bases económicas y éticas de las relaciones sociales, porque sustituyó el talento por la fidelidad política y el interés individual por las huecas monsergas colectivistas. Esto, en lugar de eliminar las desigualdades, sembró hondo el retraso y la corrupción. Los cubanos reducidos, en esa nueva estructura, a la categoría de objetos sociales y condenados a 'cumplir, siempre cumplir', sin capacidad ni mecanismos para exigir al poder su parte del contrato, siempre esperando por las concesiones o dádivas de arriba, ni cortos ni perezosos cada vez más fueron utilizando en su beneficio personal todos los recursos y bienes del Estado. Al punto de operar, con el tiempo, un proceso de sui géneris reconfiscación desde la sociedad, en la cual participan de una manera u otra las tupidas redes burocrático-administrativas, político-ideológicas y represivo-policiales. Tomar del Estado Así nos hemos acostumbrado a vivir: el poder exige a sus ciudadanos plena fidelidad y toda la disciplina social, los ciudadanos simulan entregarlas; el poder no cubre las necesidades y expectativas de sus ciudadanos, no cumple las promesas ni asume responsabilidades; los ciudadanos se dedican a tomar del Estado todo lo alcanzable, al punto que la malversación, el desvío de recursos o cualquier forma de ilegalidad son los caminos más cortos —a veces los únicos— al bienestar material, en una larga cadena que se extiende desde los más simples ciudadanos hasta altas instancias del gobierno. Basta señalar los casos de corrupción registrados en los últimos tiempos. Por ejemplo, en el Ministerio de la Pesca, las empresas vinculadas al turismo o entre los jóvenes regentes de la llamada "batalla de ideas", cooptados por el propio máximo líder para entregarles, junto a enormes cuotas de poder y recursos, la dirección de los ambiciosos planes que impulsan por estos días las autoridades de La Habana. La extendida normalización del fenómeno amenaza, como muchos han advertido, las bases mismas del cuerpo social. En tanto carecemos de canales sociales de crítica y cuestionamiento, todo es perfecto e intocable hasta medio minuto antes que el máximo líder tome cartas en el asunto. Valga el ejemplo de la abogada que con valentía y responsabilidad denunció, a todos los niveles y por todos los canales establecidos, la extendida corrupción en una importante empresa estatal, para sólo lograr ser triturada de manera inmisericorde por esa maquinaria que entrelaza el poder y la corrupción. Las máximas autoridades del país durante mucho tiempo han sacado pingües beneficios de las grandes limitaciones materiales y la creciente corrupción que han caracterizado la vida cubana en las últimas cinco décadas. La precariedad y escasez permanentes obligan a depender del gobierno para obtener los tan necesarios bienes materiales. Aquí el talento, el trabajo y el esfuerzo tienen poco valor. El Estado proveía, pero siempre en una cantidad menor a la demanda o las necesidades, lo cual implicaba enfrentar vecino contra vecino, compañero contra compañero, colega contra colega, en la carrera por alcanzar las dádivas o prebendas del poder. Esto rinde siempre buenos dividendos a las intenciones de dominio absoluto y eterno. Por otra parte, la corrupción garantiza que la sociedad
no llegue nunca a la depauperación total, manteniendo una
útil "estabilidad precaria". El poder sabe que los que están
medrando "se comportan bien" para no caer o perder, a la vez
que acumula un segundo expediente oscuro y oculto de los
entes más visibles e influyentes del establishment,
para utilizarlo en su contra cuando sea menester, con la
tranquilidad adicional que reporta saber que los recursos y
ventajas económicas provenientes de prácticas subterráneas e
ilegales no pueden ser usados para combatir el sistema. La única respuesta Al parecer, los cubanos, después de sufrir tantos experimentos fallidos, promesas incumplidas, exclusión en su propio país y la pérdida de tantos esfuerzos y esperanzas, asumieron que la única respuesta y salida era arrebatar al poder, a cómo diera lugar, lo que este se negaba a conceder. Todo parece indicar que las máximas autoridades del país, ante la pérdida de entusiasmo ideológico (de hecho, sólo en las máximas instancias gubernamentales debe haber conocimiento pleno de hasta dónde llegan hoy las deserciones de las personas privilegiadas y confiables que viajan al extranjero, las bien ocultas pero crecientes desafiliaciones partidistas y la disminuida participación ciudadana en el accionar de las organizaciones de masas) y la corrupción generalizada, vieron, como se dice en buen cubano, que la candela alta y cercana amenazaba las bases mismas de tan profundo y largo dominio. Pero, como de costumbre, decidieron atender a las consecuencias y no a las causas del problema. Si los bien preparados trabajadores docentes y paramédicos abandonan sus puestos, por no soportar las duras condiciones de trabajo y la baja remuneración, improvisamos bisoños maestros y enfermeros sin experiencia, con insuficiente preparación y dudosa vocación para crear un nuevo problema. Ahora el alto liderazgo de la Isla, al parecer, alarmado por el real y preocupante avance de la corrupción o por los desfavorables efectos de la ofensiva populista que lo ha llevado, en los últimos meses, a ofrecer mucho, cumplir poco y perder gran parte de su credibilidad, o por ambas cosas inclusive, ha comenzado por la red de distribución de combustible automotor y amenaza con ocupar e intervenir cada establecimiento productivo y comercial del país. Lo hace con una especie de ejército personal de jóvenes multiusos (trabajadores sociales), que después de ser rescatados de la desvinculación o el desestímulo estudiantil, ser revestidos con los atributos y prebendas que corresponden a los "programas priorizados", lo mismo sirven para investigar los niveles de desnutrición que padece la gente, dar atención a desprotegidos e inadaptados sociales, o servir gasolina con "garantías" de total honradez y transparencia. El experimento, medio siglo después Cómo terminará la nueva campaña purificadora no importa mucho, pero las dudas principales sobre los resultados de la misma radican en que los "jóvenes cruzados" son cubanos con el mismo origen, vivencias y necesidades de sus predecesores, ahora en desgracia. El otro análisis es que los empleados de las estaciones de combustible, ahora sometidos a la sospecha y a la investigación, en su más aplastante mayoría fueron "educados y formados por la revolución", además de haber llegado al lucrativo empleo después de un cuidadoso proceso de selección e idoneidad. Con esta nueva campaña de intervenciones se entierra esa tupida, costosa e improductiva red de vigilancia-control-prevención-represión política, ideológica y policial que debía garantizar la pureza del sistema y, de paso, se amplía la des-institucionalización que se corresponde con la provisionalidad y anarquía estructural que es históricamente consustancial al proceso revolucionario. La revolución llegó al poder, según sus propias palabras, para curar a Cuba de las desigualdades, la explotación de los desposeídos, los privilegios de las élites nacionales y foráneas, y de la permanente corruptela de los políticos venales. Casi medio siglo después, el experimento ha costado la
vida a muchos, separado a las familias, sembrado el odio,
profundizado las desigualdades, para después de robar la voz,
los sueños y las esperanzas a toda una nación, reconocer —en
sus propias palabras— que estamos al borde de la
autodestrucción, porque la corrupción se ha extendido hasta
los cimientos mismos de la sociedad.
Manual del perfecto amigo de Cuba: una apuesta racionalista
Por
Carlos Manuel Estefanía.
Supongamos que usted cree en una utopía posible y que ella se haría en esa isla llamada Cuba, que pleno de espíritu altruista quiere echarle una mano a los isleños en la difícil tarea construcción un a sociedad ideal. He aquí lo que usted debería hacer para conseguirlo: En primer lugar infórmese de lo que ocurre en el lejano país, hágalo consultando fuente alternativas. Para ello nada mejor que las redes del Internet. Si se trata de conocer la versión oficial, lo indicado sería visitar la página oficial del gobierno de Cuba y sus enlaces. También deberá consultar una visión absolutamente independiente del gobierno, entonces lo más apropiado será revisar las notas periodísticas de Cubanet, por supuesto; también leer lo que aparece en las páginas que se le enlazan. Una vez consultadas estas dos fuentes haga un listado de las organizaciones relacionadas con Cuba que existan en su país. Lo ideal sería que usted pudiese visitar una organización favorable al gobierno y una que se le oponga, más en la práctica es difícil. Los exiliados cubanos se han concentrado en pocos países, mientras que el gobierno cuenta con embajadas en la mayoría de las naciones del mundo, allí donde haya una embajada cubana, habrá por lo general una asociación de amistad que de alguna manera reproducirá lo que ya vio en la pagina oficial. Pero no se desanime y sírvase de la situación, ahora que tiene mayor criterio sobre los discursos que diferencian a los cubanos. Primero intente definir a partir de lo leído en la red si la organización cubana más cercana es progubernamental u opositora, otra manera de conocer su orientación radica en la membresía: cuantos más compatriotas suyos vea en las reuniones, tanto más favorable será al gobierno cubano, en cambio cuanto más cubanos vea que participan en ella tanto más probable será que se trate de una organización de exiliados y que la información o aclaraciones que allí reciba coincida en buena medida con lo leído en Cubanet. Pero como ya decimos, lo más probable es que su país de origen no haya exiliados cubanos, así que usaremos para su instrucción lo que tenemos a mano, la clásica sociedad de amistad ( con el gobierno cubano). Acuda a ella, escuche sus conferencias, disfrute de sus fiestas, lea los libros y periódicos que en ella se distribuyen y conviértase en lo posible en un experto de la revolución cubana, por supuesto su formación sería incompleta si no viajara a la isla como parte de alguna brigada de trabajo voluntario. Una vez allí no se pierda una sola activad, ya fuera productiva, cultural o festiva. Baile cuanta salsa quiera, visite los museos y escuelas modelos, vibre en la Plaza de la Revolución, junto a las multitudes congregadas y el Comandante en jefe (Fidel Castro) clamando contra el bloqueo y el acoso imperialista, y no sea renuente si al descubrírsele algún mal de salud, sus anfitriones le ofrecieran tratamiento médico, será de primera y probablemente gratis. Regrese a su país tómese un descanso reflexione sobre todo lo que vio, escuchó y vivenció en Cuba, trabaje, guarde dinero y vuelva a la isla por su propia cuenta. Los primeros días alójese en un hotel hasta que en su andar por la calle encuentre alguien que le ofrezca alojamiento en su casa por unos dólares, tendrá varias opciones, acepte la más humilde, y con menos barreras físicas entre su pieza y las del resto de la familia. Tengo un amigo sueco que encontró alojo en lo que en Cuba llaman Solar, una antigua mansión compartimentada que terminó convertida en hogar de numerosas familias, sus testimonios sería la envidia de cualquier antropólogo o sociólogo que busque comprender la realidad de Cuba. Ese sería pues el lugar ideal para conocer a profundidad al pueblo cubana si que si termina en un solar puede darse con una piedra en el pecho. Pero si no, confórmese con la residencia de cualquier isleño de a pie le servirá. Aproveche estando allí la extroversión inaudita de los cubanos para enterarse de como vive la familia, de sus conflictos, de sus aspiraciones, de como trabaja, de cuanto gana a cambio, y súmele a esto lo que recibe gratuitamente. Acompañe a los niños a la escuela, entérese de paso de las particularidades de la enseñanza, del estado de las aulas y de las condiciones del trabajo agrícola escolar, haga las mejores migas con los abuelos, váyase de compras con ellos, también al hospital y la farmacia cuando estén enfermos y tome nota mental de todo, contrastándolo permanentemente con la información ya obtenida. Ahora pase a equilibrar la información política recibida en su viaje anterior por parte de los voceros gubernamentales, entre en contacto con los que se oponen al gobierno. Como no se trata de un bloque homogéneo lo mejor será que se entreviste con representantes de sus vertientes mas destacadas, y en mochos aspectos contrapuestas, en particular le recomendaría, para ir de izquierda a derecha, a los dirigentes de Arco Progresista, a los los del Movimiento Cristiano Liberación y por último a los de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba; deje que ellos expongan ante usted cuales son los problemas que enfrentan los cubanos y cuales las soluciones que proponen. Luego adéntrese aún más en la sociedad civil sumergida; visite sus bibliotecas, agencias de prensa y cooperativas independientes del estado y si para entonces no ha tenido algún problema con las autoridades por andar en tan extrañas movida, entrevístese con las familias de los prisioneros por motivos políticos e intente, incluso, acomparles a la prisión a visitar a su seres queridos, es algo que difícilmente conseguirá pero que no estará de mas intentar ya que implica el folklorico recorido de media isla. Con toda esta experiencia en su morral, regrese a su país y entréguese a la reflexión nuevamente, tratando de dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Viven los cubanos de acuerdo a las posibilidades y los recursos que les ofrece la tierra en que nacieron? Si su respuesta fuera positiva pregúntese que deben hacer para mantener ese estado ideal, si fuera negativa plantéese la siguiente pregunta. ¿Qué impide que los cubanos vivan como deberían?¿ Cómo podrían construir la utopía que tanto usted como sus dirigentes políticos, gubernamentales u opositores proclaman? Cuando haya dando con la respuesta y esté plenamente convencido de ella, podrá dar nuevos pasos. En primer lugar contarle a todos sus conocidos lo que sabe sobre Cuba y sus gentes, luego reclutar entre los más interesados miembros para una organización a fundar que llamaremos Comité de Ayuda al pueblo cubano ( o cosa parecida). Debe ser una asociación realmente independiente y para mayor prestigio sin vínculos con embajada alguna, particularmente la cubana y la norteamericana (para ese entonces entenderá lo que le digo). La organización se registrará como entidad no gubernamental, abrirá una pagina en el Internet y trazará una agenda de trabajo basada en lo que usted y los asociados consideren que son las principales necesidades del pueblo de Cuba, o por lo menos aquellas que su grupo, y su país pueden satisfacer. Para ello deben darse ustedes a conocer ante opinión pública de su país, enviado notas a los periódicos, ofreciendo conferencias sobre el tema de Cuba y sobretodo realizando un trabajo humanitario de ayuda a su pueblo, por ejemplo recaudando libros, computadoras, o medicinas, así como comprometiendo a las organizaciones políticas de su país con los objetivos trazados por su organización; lo que habrán de ser distribuidos entre aquellas estructuras que en su opinión representan el bienestar de los cubanos. Estructuras con las que los activistas de su Comité habrán de fortalecer los contactos. Entonces, echada a andar la maquinaria se habrá consagrado usted como un verdadero amigo de Cuba y los cubanos. ¿ No le parece maravilloso? Pues manos a la obra.
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