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El reino de la doble
moral,por Carmelo Mesa-Lago
Articulos Prensa Internacional
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Alejandro Anreus (La Habana, 1960) partió al
exilio con su familia en 1970. Se crió en Elizabeth, New Jersey. Militó
en la Agrupación Abdala (1976-78) y es miembro de Democratic Socialists
of America por casi una decada.
Recibio su licenciatura en historia de arte en 1984 (Kean College,
Union, NJ), y su maestria y doctorado de City University of New York
(1995, 1997). Fue curador del museo de Jersey City (1993-2001) y
actualmente es profesor de historia de arte y estudios Latinoamericanos
en William Paterson University, Wayne, NJ.
Es autor de Ben Shan and The Passion of Sacco and Vanzetti
(Rutgers University Press, 2001), Orozco in Gringoland
(University of New Mexico Press, 2001) y co-autor de The Social and
The Real: Art and Politics in the Americas (de proxima aparición,
Penn State University Press). En la actualidad escribe un libro sobre
cinco artistas cubanos del exilio.
Desde 2004 Anreus es miembro de la Coordinadora Social Democrata Cubana.
Alejandro Anreus
Este 9 de septiembre abrirá en la galería Bernice Steinbaum (3550 N. Miami Ave., Miami, FL.) una muestra de esculturas de la artista cubano-americana María Brito. Los temas de las piezas están inspirados por “Los Caprichos” de Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828).
Las memorias de un guajiro socialista Alejandro Anreus
Acabo de leerme las memorias de Carlos Franqui. El titulo del libro es más largo de la cuenta: Cuba, La Revolución: ¿Mito o Realidad? Memorias de un Fantasma Socialista (Península, 2006). Creo que con “Memorias de un fantasma socialista” este guajiro de Las Villas tenia un titulo lo suficientemente poderozo para agarrar a cualquier lector interesado. El libro cuenta con 451 paginas y una sección de cuarenta fotos. Su estilo es directo y claro,
Se nos están muriendo: Consuegra, Llinás, Fernández. Alejandro Anreus En los últimos dos o tres años hemos perdidos unos cuantos plásticos claves de la visualidad cubana: en el 2003 falleció en Nueva York Hugo Consuegra, el año pasado perdimos a Guido Llinás en Paris, y ahora en los primeros días de junio, acaba de morir, también en Nueva York, el pintor Agustín Fernández.
La pintura como contemplación: Miguel Loredo Alejandro Anreus "Cuando miro a través del lienzo - cuando traspaso la pared -¿que veré en el lienzo,queveré en la pared? ElAbsoluto." Piet Mondrian, 1919
El Papa Eslavo: Karol Wojtyla (1920-2005) Alejandro
Anreus
La escultura en Cuba: de la Vanguardia a la Revolución por Alejandro Anreus En la narrativa de la visualidad moderna cubana, la pintura tiene un lugar central. A la escultura se le menciona, pero rara vez se le analiza, discute y explica con la atención que se le da a la pintura. Es decir, si la pintura es la Cenicienta del cuento, la escultura es una de las hermanastras feas. Estos apuntes harán eso, apuntarán nombres de escultores,(....)
R.I.P.: Guillermo Cabrera Infante (1829 - 2005) Alejandro Anreus Hace un par de días, en la penúltima semana de febrero, falleció en el hospital londinense de Chelsea el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. Contaba con 75 años. Su muerte fue causa de una septicemia derivada de neumonía. En agosto de 2004 Cabrera Infante había sido operado de “bypass.” Llevaba casi cuarenta años viviendo su exilio en Londres.
Alejandro Anreus
Este 9 de septiembre abrirá en la galería Bernice Steinbaum (3550 N. Miami Ave., Miami, FL.) una muestra de esculturas de la artista cubano-americana María Brito. Los temas de las piezas están inspirados por “Los Caprichos” de Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). En esta serie de 80 aguafuertes de 1799, Goya satirizó la España de su época – un país vanidoso, ignorante y oscurantista (se da un aire al país de Bush!), donde las mujeres eran oprimidas y los niños abusados, mientras el clero y el ejercito gozaban de una abundancia de privilegios. Por miedo a la Inquisición Goya tuvo que “recoger’” sus “Caprichos” apenas una semana después de presentarlos al publico madrileño. Desde entonces han sido fuente de inspiración a varias generaciones de artistas plásticos, desde Delacroix a Manet, Orozco a Picasso, y ahora han inspirado también a María Brito. María Brito (La Habana, 1947) llegó al exilio en 1961, recibió su BFA de Florida International University y su MFA de University of Miami. Vive y trabaja en Miami, es divorciada, madre y próximamente abuela. Ejerce la docencia en Barry University. Creo que desde sus primeras exhibiciones de grupo a inicios de los años 80s, Brito ha ido produciendo una de las obras más sustanciales, complejas y profundas dentro del arte contemporáneo en los Estados Unidos. Su virtuosismo técnico es deslumbrante, desde sus instalaciones a sus esculturas, hasta una serie de oleos que son comparables a la mejor pintura renacentista nórdica. En esencia su tema es el ser humano (muchas veces representado en autorretratos que nunca caen en el narcisismo) en un mundo cambiante y de rupturas, donde las memorias lo mismo pueden consolar que ahogar, y las tradiciones, paradójicamente, oprimen y liberan. Estas “Goyescas” les vienen como anillo al dedo de María Brito. Son homenajes y parodias. Homenajes a Goya y parodias de las falsas nociones de estilo y de nuestro tiempo, donde parece que los retrasados mentales y los inválidos emocionales están a cargo del mundo. Con un oficio minuciosamente impresionante Brito le da cuerpo, carne y hueso a 20 de las imágenes de Goya. Son pequeños escenarios que poseen una blancura fantasmal. Son hechas de barro polymer y “cocinadas” en el horno casero de la artista. Las esculturas son de pequeñas dimensiones, no mas de 11x15x13 pulgadas. Pero la claridad y fuerza de las formas les da una monumentalidad impactante. El espíritu crítico de Goya es filtrado por María Brito, y a este ella le añade la sensibilidad de “una mujer, madre, exiliada cubana, americana naturalizada y católica” (palabras de la artista). La sátira se vuelve más sutil y más mítica. Creo que Brito es mucho más compasiva que Goya en su visión de la humanidad, y esto, misteriosamente se siente al mirar estas piezas. Estas obras confirman lo que hace ya tiempo se; María Brito es una de las artistas mas significantes dentro del arte cubano (incluyo a la isla y al exilio), el arte latino en Estados Unidos y el arte contemporáneo. Entre sus compatriotas solo la pueden acompañar unos cuantos: los difuntos Ana Mendieta y Félix González Torres, y los vivos Luis Cruz Azaceta, Arturo Rodríguez, Ana Ferrer y Arturo Cuenca. Su obra lo mismo nos conmueve que nos hace pensar. Estas son las señales del gran arte. El sábado 9 de septiembre abr una recepción de 7 a 9 de la noche. La exposición estará abierta al público hasta el 7 de octubre.
Las memorias de un guajiro socialista Alejandro Anreus
Acabo de leerme las memorias de Carlos Franqui. El titulo del libro es más largo de la cuenta: Cuba, La Revolución: ¿Mito o Realidad? Memorias de un Fantasma Socialista (Península, 2006). Creo que con “Memorias de un fantasma socialista” este guajiro de Las Villas tenia un titulo lo suficientemente poderozo para agarrar a cualquier lector interesado. El libro cuenta con 451 paginas y una sección de cuarenta fotos. Su estilo es directo y claro, con cierta tendencia a lo poetico, es decir que el estilo refleja al hombre. Carlos Franqui, a quien conozco desde finales de los años 70 y considero un amigo, es un hombre directo y claro, con cierta poesia en su persona. Creo que Carlos es ante todo un guajiro, un guajiro que habla varios idiomas, que ha viajado por casi todo el mundo, que fue amigo de grandes pintores y escultores como Miró y Calder, de escritores como Italo Calvino y filosofos como María Zambrano, pero un guajiro al fin y al cabo. Un tipo pegado a la tierra y sus cosas, un tipo genuinamente modesto.
Estas memorias cuentan su vida desde sus antepasados (un abuelo mambí) hasta su exilio europeo en 1968. Las primeras dos secciones del libro, “Al cantío de un gallo” y “La ciudad” son de un gran lirismo. Estás paginas captan lo que era ser un niño guajiro en los años 20 en Cuba, y lo que era ser un joven que legaba a La Habana del interior buscando educación, cultura y aventuras. Tambien estas paginas captan con gran honestidad la pobreza, las injusticias, las constantes frustraciones de la Cuba republicana. Franqui describe sin apasionamiento alguno su epoca de comunista y periodista al servicio del partido, al igual que su desilusión con el estalinismo y su auto-creación de un socialismo independiente y heretico, una especie de potaje ideologico con elementos de Martí y Guiteras, anarquismo, Rosa Luxemburgo, Trotsky (en el aspecto cultural) y la social-democracia de izquierda.
Lo que es obvio en todas estas paginas es el amor del autor por la cultura, sea esta musical, literaria o pictorica. Sus actividades montando exposiciones, escribiendo articulos, presentando conciertos, fundando grupos como Nuestro Tiempo (pre-revolución del ’59) o el Museo de Arte Contemporaneo en La Habana en los años sesenta, son pruebas constantes de su creencia martiana de que hay que ser cultos para ser libres.
Donde unico el libro se vuelve un poco repetitivo es en las secciones sobre la revolución, que va desde la pagina 226 hasta la 346. Mucho de este material Franqui lo cubrió con más frescura en su Retrato de Familia con Fidel. Escribe más de la cuenta sobre Ernesto “che” Guevara, y aunque critica al hombre y al mito, hasta cierto punto lo perpetua un poco. Estas paginas contienen varios “mea-culpas,” y estos, creo yo, son necesarios. Franqui fue una figura clave dentro del poder revolucionario en los primeros tres años de la revolución. Su periodico “Revolución” era el organo oficial del 26 de julio. Pudo haber criticado más, pero como la gran mayoria se dejó llevar por la euforia de la revolución. Estos hombres y mujeres no se detuvieron a pensar y a cuestionar, olvidaron que una sociedad abierta y democratica se construye con leyes e instituciones, no con el poder absoluto de un caudillo. Erraron. La diferencia es que Franqui rompió con el regimen, partió para el exilio y desde el exilio ha llevado un activismo de critica constante al estalinismo tropical de Fidel Castro Ruz.
Entre las mejores paginas de estas memorias se encuentran las dedicadas a anecdotas de los encuentros del autor con personajes como Sartre y Neruda, Picasso, Lam, Calder, Miró, Paz, Cortázar y Vargas Llosa, García Marquez. Muchas paginas representan la intelectualidad cubana con dignidad (Cabrera Infante, Lezama y Piñera) o con falta de eticidad y abundancia de miseria humana (Lam, Carpentier, Vitier, Otero, Retamar). Me hubiera gustado que Franqui hubiera escrito con lujo de detalles sobre su gran amigo Guillermo Cabrera Infante; se conocian desde que el autor de Tres Tristes Tigres era un muchacho que vivia en un solar habanero con sus padres y hermano.
Las paginas sobre Fidel Castro no añaden nada nuevo. Egolatra, totalitario y carismatico, así nos describe Franqui a Castro, de la misma forma que aparece en las paginas Retrato de Familia con Fidel.
Lo más hermoso de este libro es que está dedicado a a la mujer de Franqui, Margot, y varias paginas describen su amor por esta mujer, su compañera constante por toda una vida. Los que hemos tendo la suerte de tratar a Margot, sabemos que es no solo una mujer encantadora por su sencillez, sino una gran compañera que nunca abandonó a Franqui durante la insurreción contra Batista, durante su caida en desgracia y en estos largos años de exilio. Las ultimas paginas de estas memorias son melancolicas sin volverse amargas. Franqui sigue creyendo en un posible socialismo, intuitivo y abierto, democratico y respetuoso del individuo. Estas memorias molestarán a la derecha de Miami y a los pocos viejos batistianos que quedan vivos en la Florida. Molestarán al estalinismo tropical de la isla de Cuba y los tantos corifeos del gobierno como Otero, Retamar, Pablo Armando Fernández y Miguel Barnet. Sin duda alguna molestarán a ese viejo caudillo caribeño, que tiene que saber que por fín sus dís están contados.
Se nos están muriendo: Consuegra, Llinás, Fernández. Alejandro Anreus
En los últimos dos o tres años hemos perdidos unos cuantos plásticos claves de la visualidad cubana: en el 2003 falleció en Nueva York Hugo Consuegra, el año pasado perdimos a Guido Llinás en Paris, y ahora en los primeros días de junio, acaba de morir, también en Nueva York, el pintor Agustín Fernández. Consuegra y Llinás fueron fundadores del grupo de los once en La Habana de los años cincuenta. Ambos cultivaron la abstracción expresionista y gestual. Llinás partió para un exilio parisino en 1963 y no volvió más nunca a la isla. Consuegra le hizo el juego al régimen castrista y por fin a finales de los sesentas salió para el exilio. Pictóricamente Consuegra pasó del expresionismo abstracto a una etapa casi “Pop” al llegar al exilio. En sus ultimas tres décadas de vida había a vuelto a la abstracción, esta vez era una abstracción que integraba el gesto con ciertas estructuras arquitectónicas (Consuegra siempre se ganó la vida como arquitecto). Poco antes de su muerte escribió sus memorias. Llinás se mantuvo fiel a la abstracción de gesto. Dejó una de las obras mas fuertes y consistentes en este idioma pictórico que se hayan producido en las Ameritas. Sus oleos, acuarelas y extraordinarios grabados piden un estudio detallado y analítico. Fernández salio para Paris becado por la revolución en 1959; se demoro bastante en romper públicamente con el régimen de La Habana y mantuvo amistad con el surrealista chileno (y pro-castrista) Roberto Matta. La primera pintura de Fernández le debe mucho al colorido y barroquismo de la llamada “Escuela de La Habana:” Portocarrero, Mariano, etc. Sus naturalezas muertas y primeras abstracciones basadas en elementos de las mismas son obras de gran colorido y movimiento. En Paris y después Puerto Rico (donde vivió hasta 1972, cuando se instaló en Nueva York) desarrolló una pintura tonal, casi monocromática, cargada de pardos, grises, blancos y negros. Las formas dentro de estas obras evocan un mundo de tensiones eróticas. Fernández insistió durante toda su vida que su pintura era metafísica, no erótica. Tengo que discrepar con el artista; su pintura es de un erotismo casi sado-masoquista. Si técnicamente Fernández era un pintor de gran oficio, emocionalmente su pintura es de una frialdad casi académica. En sus mejores momentos – sus dibujos en creyón – crea una superficie neo-clásica cuya visión del mundo es pos-surrealista. Ya han muerto los tres. Como tantos de nuestros creadores, han muerto en el exilio, en la libertad, pero también en muchos casos en el abandono y la indiferencia de la comunidad cubana. No dudo que la Cuba “oficial” les de un modesto reconocimiento póstumo (ya lo ha hecho con Consuegra y Llinás). No vamos a diluirnos; esto es parte de una estrategia propagandística. La realidad es que todos somos parte de la misma cultura visual, literaria, musical, etc., y esta nace en la isla y se extiende en esa infinita nación cubana que es el exilio anti-castrista y pos-castrista (la genial frase es de Rafael Rojas). Creo que el exilio le debe reconocimiento a estos artistas y estoy hablando de reconocimientos concretos: exposiciones retrospectivas, libros serios y comprar la obra. ¡A ver si Gloria y Emilio Estefan en vez de comprar Boteros y Picassos compran Llinás, Consuegra y Fernández! Se nos están muriendo nuestros viejos pintores y escultores, poetas y músicos en este exilio, que muchas veces parece interminable. De la generación de Llinás, la de los 20, nos quedan los escultores Estopiñán y Gay García en Miami, el pintor Jorge Camacho en Paris y el pintor (también miembro fundador de los once) Antonio Vidal en La Habana. Hay que reconocerlos y estudiarlos, hay que escribir sobre ellos, hay que comprar sus obras antes que se nos mueran.
La
pintura como contemplación: Miguel Loredo
Alejandro Anreus
“Cuando miro a través del lienzo – cuando traspaso la pared – ¿que veré en el lienzo, que veré en la pared? El Absoluto.” Piet Mondrian, 1919
Podemos decir, aunque parezca extremadamente radical, que la pintura religiosa occidental, auténticamente espiritual, contemplativa, deja de existir con Fra Angelico y sus contemporáneos después del 1455. Lo que viene después es esencialmente una manifestación visual de la religión como cultura, no la autentica y contemplativa espiritualidad. Claro, que hay excepciones; la Magdalena de Dónatelo, casi toda la obra de Bernini, Zurbarán y Rembrandt. Lo auténticamente espiritual, el éxtasis visual, la contemplación óptica, se esconde, hasta se pierde y no vuelve a surgir hasta la obra de ese místico atormentado que fue Van Gogh en el siglo 19, y en los grandes pintores y escultores abstractos del siglo 20: Mondrian, Malevich, Arp, Brancusi, Rothko, Reinhardt. Obviamente excluyo a un pintor moderno figurativo como Georges Rouault, que trabaja dentro de la iconografía tradicional del catolicismo. Lo irónico en Rouault es que su mejor obra, la que muestra intensidad de espíritu es en papel y consiste en sus visiones críticas de la corrupción del mundo. Cuando pinta santos son meramente decorativos. La iconografía tradicional del arte religioso se vuelve problemática en el mundo moderno. A principios de los años cincuenta el filósofo católico francés Etienne Gilson fue invitado por la Galería Nacional de Washington a dar una serie de conferencias; en ellas, tituladas “Pintura y Realidad” y eventualmente publicado en libro, hizo una propuesta audaz. Gilson escribió que después de los horrores de la segunda guerra mundial (campos de concentración, bomba atómica) la imagen de la figura humana había sido permanentemente mutilada y por esto seria dificilísimo usarla como un vehículo de la espiritualidad en la plástica. Solo la pintura abstracta, tan difícil como profunda, quedaba como “campo abierto” para lo sobre natural. Desde 1909 el pintor holandés Piet Mondrian ya sabía esto y estaba en su búsqueda. Mondrian se apoyaría en la teosofía, las religiones de Asia, hasta en el jazz, y eventualmente poco antes de su muerte en 1944, estando exiliado en New York, se convertiría al catolicismo. Para Mondrian el catolicismo “era al mismo tiempo la mas antigua y contemporánea religión y lo abrazaba todo, desde la teosofía a la contemplación oriental, y el arte abstracto.” En esta misma aventura de pintura y espiritualidad encontramos al ruso Malevich, al checo Kupka, a los escultores Arp y Brancusi, al norteamericano Rothko. Hoy en día unos cuantos se suman a esta tradición como Brice Marden y William T. Williams.
El reto en la pos-modernidad en que vivimos esta en crear un vocabulario visual que haga lo que hace la obra de Fra Angelico y sus contemporáneos: visualmente abrir un espacio hacia la contemplación. Creo, como Gilson, que hoy en día esto lo puede lograr solamente la pintura abstracta. Y es aquí donde aparece Miguel Loredo. Sabia de Miguel Loredo desde mis años de militancia en ABDALA, cuando Loredo era uno de los miles de presos políticos en Cuba, cuya libertad demandábamos. En 1994 durante una visita a Puerto Rico, mi amigo Carlos Franqui me habló del como un poeta de primera con una gran sensibilidad por la pintura. Hace un par de años fue otro amigo, ese dinamo que es el curador Ricardo Viera, quien me volvió a mencionar a Loredo y quien facilito nuestro encuentro en su casa de Pennsylvania. Debo de admitir que cuando oí que Loredo pintaba me volví un poco escéptico. Me dije a mi mismo: un fraile que es un buen poeta y también pinta – no me suena bien la cosa. Vi un par de sus cuadros en reproducción y la verdad que no me hicieron ningún efecto. No fue hasta que lo visité en su iglesia de Saint Francis en New York y fui a su taller que pude dejar de mirar y comenzar a ver. Entonces me di cuenta que Miguel Loredo es un poeta y un pintor que es fraile, no un fraile que pinta. Desde un principio Miguel Loredo ha sabido lo que el holandés Mondrian intuyó y aceptó al final de su vida; todo es abrazado y transformado por el Absoluto.
Todos miramos el fenómeno visual que nos rodea día tras día. Pocos superamos el mirar y comenzamos a ver. Ver es un acto meditativo y profundo, muchas veces difícil, casi siempre imposible. Más de tres horas en el taller de Miguel Loredo viendo obras en papel y oleos en lienzo, conversando y guardando silencio, hicieron posible en mi lo que James Joyce llamaba una epifanía. Para Joyce una epifanía era un momento eléctrico en el que sucedía un reconocimiento, una compresión al nivel emocional e intelectual de algo profundo. Los lienzos de Loredo están en un proceso evolutivo – cada paso se vuelve mas gigante y recientemente dan el salto. Ya esto estaba sucediendo en su obra en papel, donde el grafito, la tinta y mínimos toques de acuarela abren el blanco del espacio creando una superficie de austera sensualidad donde la mancha y la línea se cantan mutuamente y nuestra visión es depurada. Me atrevo a decir que dibujar es difícil, dificilísimo, visualmente es el equivalente de la poesía. Octavio Paz dijo en varias ocasiones que como poeta envidiaba la prosa y los párrafos del novelista como un dibujante envidiaba a un pintor la pasta y el color. Paz añadía que el poeta y el dibujante se la jugaban con la página en blanco, que el poema y el dibujo poseía una desnudez aterradora. Los dibujos de Loredo tienen esto, una desnudez aterradora, son pinceladas, líneas en el silencio. No rompen el silencio, sino que lo abren al espectador. Creo que en los dos últimos años los oleos de Loredo se han ido purificando, es decir han adquirido y siguen adquiriendo rigor formal y densidad de contenido. Pintadas con “media pasta” y ligeras veladuras de agua de ras, sus telas poseen una paleta que tiene mucho en común con la pintura española del siglo 17; azules Prusia, grises plateados, pardos y carmelitas, verde olivo y ese negro que va desde la frialdad al fuego. Los lienzos están haciendo lo que su obra en papel ha sido desde un principio. Como escribí anteriormente, dan el salto. Los niños saltan de alegría y en sus juegos; esto es pura intuición. Pascal y Kierkegaard hacen referencias constantes en sus escritos al salto que tiene que dar el corazón o el alma para escapar la prisión del racionalismo y hacer contacto con Dios; esto es el coraje de los místicos. Corajuda intuición, resuelta visualmente, es lo que esta sucediendo en “el salto” de los lienzos de Miguel Loredo. Su pintura se concierne con situar al espectador con los pies en el suelo y la vista en el cuadro – esto sitúa al ser humano entre la tierra y el infinito. Entonces el cuadro es la ventana hacia el Absoluto. Y los espectadores de hoy; ahogados en la pos-modernidad, desorientados por el bullicio del consumerismo y agotados como astronautas olvidados en el espacio, se transforman de espectadores en participantes, de individuos a personas que se atreven a saltar con el cuadro, quizás hasta a perder un poco de medio y abrirse al Absoluto. Mucho de lo que pasa por pintura abstracta hoy en día confunde, la pintura de Loredo aclara, mientras ésta enfría, la de Loredo conmueve, mientras ésta acciona, la de Loredo aquieta. No olvidemos que lo que Loredo hace es pintura, de colores fuertes e intensos, no claros o primarios, sus composiciones son sencillas y directas, no simples o decorativas – el contenido le da sustancia a su pintura, pero su vocabulario visual es el de la pintura. Las mas significantes ideas espirituales y filosóficas de nada sirven en las artes plásticas si no existe primero una autentica visualidad con oficio y originalidad. Ya Goya lo dijo en el siglo 19: “pintar es combate.” Loredo pelea esta batalla pictórica con su valentía abierta y alegre de franciscano.
La llamada “escuela de New York” creo una pintura denominada por los críticos como “action painting” – pintura de acción. Miguel Loredo hace lo opuesto; pintura de contemplación. ¿Y que es esto sino un espacio, una apertura hacia el Absoluto?
El Papa Eslavo: Karol Wojtyla (1920-2005) Alejandro
Anreus
Se puede decir que existieron dos etapas en su papado; los primeros 10 años llenos de vigor y energía, y los últimos 16 años llenos de enfermedades y flaquezas físicas. Durante su primera década logró reformas genuinas en el espíritu del Segundo Concilio del Vaticano. En sus últimos años enfatizó la tradición y el dogma. Para los que creemos en la importancia de la continuación del espíritu de reforma, de apertura comenzado por el Papa Juan XXIII en 1959, el Papa Juan Pablo II no solo dejo cosas importantes sin hacer, si no que se negó a lidiar con temas sumamente críticos usando el dogma y la tradición como fundación de su NO. Siguen entre nosotros estos temas candentes e importantísimos: el control de la natalidad, la ordenación sacerdotal de las mujeres, el celibato opcional, y una actitud más humana hacia el divorcio. También la misma gobernación de la iglesia, y no estoy hablando en que se convierta en una democracia participativa, sino que exista mas transparencia en su gobernación y que la opinión del laicado se escuche y se respete. Entre el mismo clero, que exista la colegialidad que pidió el Segundo Concilio; que el Papa no sea un dictador benévolo sino “el primero entre los iguales.” En años recientes hemos visto como el autoritarismo ha tenido la última palabra: el reciente escándalo de pedofilia en los Estados Unidos y la persecución de la teología de la liberación en Latinoamérica durante los 1980s y 1990s. Sobre lo ultimo quiero añadir que el Papa tuvo todo el derecho de cambiar la ley canónica para que ningún clero participara en ningún gobierno (creo en la total separación de la iglesia y el estado), fuera este de izquierda o de derecha, pero de esto a censurar al franciscano brasilero Leonardo Boff y perseguir sistemáticamente a todo teólogo que alzara su voz usando la metodología y la praxis de la teología de liberación hay grandes diferencias. La genuina, la autentica teología de liberación, la de Gutiérrez, Sobrino, Boff, Assman y López Miranda, es teología radical, no marxismo-leninismo trasnochado e inspirado por La Habana.
Dejando atrás mis divergencias teológicas y pastorales con Juan Pablo II, quiero ahora recalcar su significación en nuestro tiempo. Al comienzo de este obituario usé la frase “el Papa Eslavo,” Wojtyla era un eslavo en todo el sentido de la palabra: un espíritu profundo con gran sentido del sentimiento trágico de la vida, un escéptico frente al progreso de la historia y si, un místico que creía en el poder de la fe y la oración, no en el simplista racionalismo. Su persona y temperamento pueden haber sido los de un personaje en una novela de Dostovievsky, su sensibilidad la misma que la de su compatriota el poeta Czelaw Milosz. Como hombre y como sacerdote Karol Wojtyla vivió los dos grandes traumas del siglo pasado: el nazismo y su holocausto y el estalinismo y su opresión. Frente a la brutalidad diabólica de estos horrores de la historia el Papa uso la firmeza espiritual, ética y moral enraizada no en la relatividad modernista, sino en la verdad absoluta de su cristianismo católico. Me atrevo a decir que este Papa tuvo más que ver con el derrumbe del comunismo en la Europa del este que el difunto y sobrestimado Ronald Reagan. Pero para mí hay algo tan o más importante en el legado de este Papa que en los Estados Unidos tratamos de ignorar: sus posiciones socio-económicas. Este Papa era decididamente crítico del capitalismo, de su consumerismo desbocado, sus excesos materiales, su individualidad egoísta y su triunfalismo monetario. Me atrevo a decir que el Papa en lo socio-económico era casi un social-demócrata que creía en una economía mixta, en la responsabilidad social de la comunidad, en la eliminación de la pobreza, un sistema medico de todos y para todos, educación universal, etc. El actual Presidente Bush ha hecho mucho hincapié en que ambos estaban opuestos al aborto y abrazaban “la cultura de la vida.” El Papa si era consistente en abrazar “la cultura de la vida;” no solo se oponía al aborto sino a la pena de muerte, a la violación del medioambiente y a la guerra. Bush solo se opone al aborto, su “cultura de la vida” es selectiva. Es en estas posiciones donde encontramos la verdadera grandeza del legado de este Papa; si, el supo decirle NO al nazismo y al estalinismo, pero también supo decir NO al fuego fatuo del capitalismo desalmado. Cuando el Papa visitó Cuba durante cinco días en 1998, no solo criticó al régimen castrista, sino también al embargo impuesto en mayo de 1960 y el cual no ha derrocado el estalinismo tropical de La Habana. Antes de regresar a Roma el Papa dijo “que el mundo se abra a Cuba, que Cuba se abra al mundo” – una lección importante para toda la nación cubana, lo mismo en la isla que en el exilio.
Sus últimas horas de vida fueron un ejemplo extraordinario de lo que es, en el antiguo sentido quijotesco y unamunesco, saber morir. Abrazó la muerte con alegría y serenidad, la recibió como “la hermana” de la que habló San Francisco de Asís. No tuvo miedo, no se escapó en la artificialidad de la tecnología médica, tampoco se refugió en la eutanasia. Supo morir, como supo vivir. Siempre nos dijo que lo importante era la persona humana, no el egoísta individuo. Siempre nos dijo que todos éramos hijos de Dios, en Europa, en América, en todo el tercer mundo. Aprendamos esto. Como escribió San Pablo, “mantuvo la fe, corrió y termino la carrera” y ahora descansa en paz.
La escultura moderna en Cuba: de la Vanguardia a la Revolución por Alejandro Anreus
Para Roberto Estopiñán en sus 84 años
En la narrativa de la visualidad moderna cubana, la pintura tiene un lugar central. A la escultura se le menciona, pero rara vez se le analiza, discute y explica con la atención que se le da a la pintura. Es decir, si la pintura es la Cenicienta del cuento, la escultura es una de las hermanastras feas. Estos apuntes harán eso, apuntarán nombres de escultores, tendencias importantes, fechas claves y obras de importancia dentro del periodo que podemos definir como moderno dentro de la plástica cubana, de finales de los años veinte hasta la llegada de la revolución en el 1959. Los nombres de los pintores Víctor Manuel, Amelia Peláez, Eduardo Abela, Carlos Enríquez, Fidelio Ponce y Wifredo Lam, son entre los mas conocidos dentro de la vanguardia pictórica cubana entre 1927 y la pos-guerra, y es uno de sus contemporáneos, el escultor Juan José Sicre (1898-1974), el que introduce la escultura moderna en la isla. Sicre nació en el central Carlos Rojas, provincia de Matanzas. Estudió en la Academia de San Alejandro y partió para Europa en 1921. Continuó sus estudios en la Academia de San Fernando en Madrid, y fue influenciado por la obra del escultor español Victorio Macho. En 1923 Sicre se trasladó a Paris donde continúo sus estudios en la Grande Chaumiére, aquí fue discípulo de Antoine Bourdelle – ex discípulo y asistente de Auguste Rodin, por vía de este descubrió la escultura impresionista al igual que el estilo arcaico de los griegos. En Paris Sicre estudió talla directa con el español José de Creeft – aunque rechazó el decorativismo de este ultimo, la forma espontánea de tallar directamente sobre el material con un mínimo de dibujo, fue una influencia clave. En esta época Sicre desarrolla un estilo sencillo y elegante en lo que se refiere al retrato escultórico; ejemplos típicos son sus retratos de los pintores cubanos Antonio Gattorno y Víctor Manuel, y de los escritores César Vallejo y Miguel Ángel Asturias. Sicre regresó a Cuba en 1927 y se integró a la enseñanza en la Academia de San Alejandro. Aunque continuo practicando el retrato, su Sylvia de 1928 es un ejemplo excepcional del retrato moderno en su sencilla estilización, sensualidad y frescura, su labor escultórica se enfoco en los monumentos públicos. De estos, su Monumento a Finlay, la Fuente de las Antillas, los relieves de las muertes de Maceo, Agramonte, Céspedes y Martí en el Panteón de los Veteranos (Cementerio Colón), prueban que la escultura publica no tiene que ser ordinaria ni aburridamente académica, sino sencilla y directa, evocando el dinamismo de la modernidad. Sin duda alguna, la obra de Sicre más conocida es su Martí en la plaza cívica de La Habana. El obelisco – llamado en joda la raspadura – no fue diseño de Sicre sino de un arquitecto favorecido por el régimen de Batista. Esta escultura es un buen ejemplo de lo que los críticos de la época llamaron estilo racionalista; sus formas fueron talladas evitando detalles excesivos y presentando el cuerpo como una abstracción donde la poderosa cabeza del apóstol descansa. Es sin duda alguna uno de los iconos más reconocibles de Martí dentro de la visualidad cubana, junto a los retratos del apóstol pintados por Eduardo Abela y Jorge Arche. En 1927 Sicre fue, junto con los pintores Abela y Gattorno, uno de los firmantes de la declaración del Grupo Minorista; señal importante de su compromiso con las ideas progresistas y vanguardistas del momento. Yo creo que quizás su labor más importante en introducir la modernidad en la escultura cubana fue su magisterio en San Alejandro. La Academia era un lugar tradicional y cerrado, donde reinaba la mediocridad artística y las conexiones políticas. Cuando Sicre llega a San Alejandro el área escultórica era controlada por académicos de tercera categoría como Esteban Betancourt, Isabel Chapotin y José Oliva Michelena. Sicre introduce la talla directa en piedra y madera, empuja a sus alumnos a trabajar con maderas nacionales, hace énfasis en la importancia del dibujo como un proceso dimanico de pensar la escultura y les habla de Rodin y sus discipulos, al igual que de las esculturas de pintores como Picasso y Matisse. Ya para época de la segunda guerra mundial Sicre se ha convertido en el maestro de escultura preferido por aquellos que tienen inquietudes vanguardistas. A finales de la década del cuarenta de la clase y el taller de Sicre sale una generación nueva de escultores: Roberto Estopiñán (1921-), Agustín Cárdenas (1927-2001), Eugenio Rodríguez (1917-1968), Manuel Rodulfo Tardo (1913-1991), José Núñez Booth (1919-1993) y Rolando Gutiérrez (1919-1976), para mencionar a los más importantes. Otras dos figuras que contribuyeron a la escultura moderna en Cuba dentro del contexto de la Academia de San Alejandro fueron los escultores afro-cubanos Teodoro Ramos Blanco (1902-1972) y Florencio Gelabert (1904-?). Ramos Blanco fue un producto neto de la academia, recibiendo allí su educación e integrándose a la facultad en 1936. Ramos Blanco no se rebeló en contra de la academia; mas cultivo cierta tendencia expresionista dentro del academicismo, sobre todo en sus cabezas como Vida interior, Autorretrato, y Negra vieja. Sus monumentos públicos, con la excepción del Monumento a Mariana Grajales y la tumba de Antonio Guiteras, son desastrosos ejemplos de un monumentalismo exagerado y facistoide típico de la Italia y Alemania de los años treinta. Florencio Gelabert estudió dibujo, escultura y pintura en la Academia de San Alejandro, y se recibió doctor en pedagogía de la Universidad de La Habana. En 1936 entró a la facultad de la escuela anexa de San Alejandro, donde fue profesor de dibujo geométrico, proyecciones y lavado. En su obra escultórica Gelabert se especializo en el relieve y la talla en madera; estilísticamente su escultura evoca ciertas tendencias decorativas del art nouveau al igual que la estilización expresionista de escultores alemanes como Lehmbruck. Dos figuras claves en la escultura moderna cubana, las cuales se desarrollaron fuera de la academia son Rita Longa (1912-2000) y Alfredo Lozano (1913-1997). Longa fue prácticamente autodidacta, y aunque estilísticamente su obra es ecléctica, desarrolló en los años cuarenta y cincuenta una escultura publica llena de gracia y sensualidad, donde lo decorativo se interpone sobre el realismo de las formas. Sus obras mas reconocidas son Bailarina de Tropicana, Grupo familiar del zoológico de La Habana, y La Virgen del Camino. Alfredo Lozano estudió brevemente en la Academia San Alejandro y mas tarde en México en la Academia de San Carlos y la Escuela La Esmeralda bajo la tutela del escultor Luis Ortiz Monasterio y el pintor Manuel Rodríguez Lozano. De vuelta en Cuba en 1937, Lozano se integró a la facultad del Estudio Libre de Pintura y Escultura fundado por el pintor Eduardo Abela. De esta experiencia nace su larga amistad con los pintores Mariano y Portocarrero. La primera obra de Lozano, sea tallada en piedra o modelada en yeso, contiene formas de bloques rotundos y mínimos a la vez, las cuales evocan la influencia Pre-Colombina. Eventualmente sus esculturas pasan por un periodo mediterráneo, donde los hombres y mujeres son gruesos y sensuales como se ve en la terracota de 1943 titulada Bacanal. Durante la segunda guerra mundial el escultor checo exiliado Bernard Reder vivió en Cuba, y sus conceptos del volumen y el espacio influyeron a Lozano. En los años cincuenta Lozano comienza a soldar en hierro y es aquí donde su obra se vuelve más abstracta, siendo formada por líneas y planos que se entrecruzan; su hierro Arquero de 1954 es un ejemplo de esta orientación. Durante los años 1944-56 Lozano fue parte activa del grupo Orígenes y junto con los pintores Mariano y Portocarrero, su obra ilustró las páginas de la revista. Con los años sesenta Lozano abandona la escultura de escala mayor debido a problemas de salud pulmonar y cardiaca. Parte al exilio en 1967 desilusionado con la revolución y después de un activismo de izquierda desde los años treinta. Su obra en el exilio se distingue por su pequeña escala, sus formas minimalistas y orgánicas y su evocación de un mundo de esencias. Piezas como los bronces Planetario y Templo sintoísta, y mármoles como Flor prueban la frase del critico Carlos M. Luis: “Lozano es un modernista clásico.” A finales de la década del cuarenta surge una generación nueva de escultores, en su mayoría todos discipulos y asistentes de Juan José Sicre. De este grupo, Manuel Rodulfo Tardo y José Núñez Booth parten para Matanzas después de terminar sus estudios en San Alejandro y fundan junto con el pintor Roberto Diago la escuela de bellas artes de la provincia. En Cuba Tardo será un escultor bastante tradicional dedicándose al retrato y uno que otro monumento público. Después de partir al exilio en 1962, su obra se divide en dos; lo tradicional en retratos y monumentos para ganarse la vida y una abstracción biomorfica que se manifiesta en tallas directas en madera y en mármol – aquí la figura humana se intuye escondida en formas retorcidas las cuales entran y salen entre si mismas. Núñez Booth practicó el dibujo, el grabado y la escultura lo mismo en talla que en modelado. En modelado tuvo preferencia por el yeso directo – medio económicamente modesto que utilizaron todos los escultores de esta generación – el cual trabajó con gran virtuosismo técnico. Temáticamente, Núñez Booth mantuvo un compromiso con la figura humana, la cual representó con un idioma visual muy personal, una especie de síntesis entre el expresionismo y el cubismo. Eugenio Rodríguez fue un escultor, dibujante y grabador de gran habilidad. Aparte de sus estudios en San Alejandro bajo Sicre, también estudió grabado en el Taller de Grafica Popular en México. Hábil con las técnicas de soldadura, modelaje y talla, Rodríguez enfatizó el modelaje en yeso directo y en terracota. Su estilo fue una variación del neo-clasicismo que Picasso practicó durante los 1920s; figuras de hombres y mujeres cuyas formas son monumentalmente claras y sensuales. Sus esculturas de grupos de figuras siempre poseen un uso del espacio que es dinámico. Rolando Gutiérrez también practicó una figuración influida por el Picasso de los años 20, mas a partir de los últimos años de la década del cincuenta, su obra se volvió abstracta con tendencia a un decorativismo orgánico. Su técnica preferida fue la talla en piedra. Los dos escultores más significativos entre los alumnos de Sicre han sido sin duda Roberto Estopiñán y Agustín Cárdenas. El primero está “vivito y coleando” trabajando en Miami después de haber vivido la mayoría de su exilio en New York. El último falleció en una clínica en Cuba, donde estuvo internado por algún tiempo padeciendo de alzheimer. Estopiñán fue el asistente de taller que trabajó más cercanamente con Sicre, siendo maestro de obra en el monumento de Martí. Toda su obra escultórica desde finales de los años cuarenta hasta el presente, es un ejemplo de un artista que ha sabido absorber tendencias internacionales, las cuales ha adaptado a un estilo propio. Dibujante y grabador extraordinario, la obra grafica de Estopiñán va paralela a su escultura. A partir de 1948 practica un estilo mediterráneo donde la figura femenina es su tema principal como es obvio en las piezas Mujer recostada, Figura de mujer y Carmina, mas ya aquí es evidente su tendencia clásica hacia la pureza y sencillez de las formas. En los años cincuenta Estopiñán practica la talla en madera, la soldadura de metales y el yeso directo. Estilísticamente su obra se mueve entre una abstracción de formas limpias y un expresionismo de superficies agitadas. Es en esta época cuando Estopiñán es finalista en el concurso internacional para un Monumento para el Preso Político Desconocido (Tate Gallery, Londres, 1953), honor que comparte con gigantes de la escultura moderna como Alexander Calder y Ossip Zadkine. Su Preso político desconocido es una abstracción impresionante, donde una figura emerge de una serie de rejas. Al igual que su maestro Sicre (el cual firmó el manifiesto Minorista en 1927), Estopiñán se mantuvo activo en cuestiones culturales y políticas; fundó junto con Carlos Franqui, Guillermo Cabrera Infante, Néstor Almendros y Julio García Espinosa la Sociedad Nuestro Tiempo en 1949, cuya plataforma era una síntesis del existencialismo del momento junto con un marxismo crítico. Aunque Estopiñán estuvo activo en la lucha urbana contra la dictadura de Batista, siempre mantuvo una independencia estética en lo que a su obra visual se refería. Después de haber participado en el servicio diplomático de la revolución, Estopiñán parte para el exilio en 1961, diciendo en sus propias palabras:”De nuevo la revolución de Martí no se realizaba, era por segunda vez en el mismo siglo que era corrompida y traicionada.” En el exilio, durante los 60s, su obra es decididamente expresionista y desgarrada; en tallas de madera y soldaduras de clavos, en plumillas y grabados en metal salen sus Calvarios, Presos, Guerreros y Crucifixiones – en todas estas obras las formas son violentas y cortantes, las superficies viscerales. Emocional y estéticamente agotado, Estopiñán se mueve hacia la pureza de las formas, con un énfasis casi minimalista; a finales de los años setenta se vuelve hacia el torso femenino y es aquí done lo dejamos. Agustín Cárdenas fue en su obra escultórica un surrealista orgánico nato. Desde el comienzo de su carrera se distinguió en la talla directa en madera, participó en las primeras exposiciones del grupo Los Once, y en 1955 partió para Paris con una beca del gobierno. Vivió en la capital del modernismo hasta 1996, cuando regresó permanentemente a Cuba para ser ingresado en un sanatorio debido a la enfermedad alzheimer. Las primeras influencias en la obra de Cárdenas fueron la pintura de Wifredo Lam y la escultura de Jean Arp, mas tarde su contacto con André Breton lo llevo a revaluar lo mítico dentro del “primitivismo.” La esculturas de Cárdenas de los años cincuenta consisten en formas totémicas, verticales y angulares inspiradas en parte por las esculturas Dogon del Afrecha. Comenzando en la próxima década, las piezas adquieren gran escala, sigue trabajando la talla en madera y añade la talla en piedra en su repertorio. Temáticamente, estas esculturas hacen referencia a la cultura afro-cubana, específicamente a la santería, su extraordinaria instalación/escultura Cuarto famba es un ejemplo de esto. Para mediados de los años sesenta Cárdenas comienza a pasarse la temporada de verano en Carrara, Italia, y es a partir de este momento que su obra comienza a volverse excesivamente decorativa y repetitiva.
Rolando López Dirube (1920-1997) fue prácticamente un escultor autodidacta cuya breve enseñanza formal se limitó a clases con George Grosz en la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York. Pintor desigual y derivativo, es en sus esculturas abstractas, donde combina madera con metales, que su vocabulario visual es original – estas obras son orgánicas en su abstracción y expresionistas en su intensidad, Dirube dejo también un trabajo importante en el grabado en madera usando colores.
El último escultor “moderno” que mencionare en estos apuntes es Tomás Oliva (1930-1996). Miembro fundador del grupo Los Once, Oliva supera las influencias escultóricas europeas (con la excepción quizás de la obra de Julio González) y se abre a la estética del expresionismo abstracto practicado en New York durante los años cincuenta. En casi toda su obra escultórica Oliva trabajó el hierro con soldadura, produciendo obras dinámicas como Niveles ascendentes, Taurus y varias piezas sin titulo. Se puede decir que la escultura de Oliva refleja una improvisación controlada, la cual tiene un parecido con el bebop jazz de un Parker o un Monk. El mismo escribió: “Toda escultura puede ser reducida a una estética de contrastes. Porque es en los contrastes donde lo encontramos todo, y fundamentalmente, aquí encontramos la armonía.” Aunque la escultura moderna en Cuba no produjo ningún “ismo” original en el siglo 20, si es un ejemplo de absorción, adaptación y transformación de las tendencias internacionales a varios idiomas escultóricos personales. Dentro de estas expresiones, no cabe duda que los artistas más significantes han sido Sicre, Lozano, Estopiñán, Dirube, Cárdenas y Oliva. Después de la llegada de la revolución en 1959, la visualidad cubana es profundamente afectada de diferentes maneras. Eventualmente la modernidad cede paso a la pos-modernidad. Es dentro de esta idea que es importante notar que las dos visualidades más impactantes de la Cuba de los años sesenta son el afiche y el cine. Quizás generacionalmente, Tomás Oliva fue el último escultor moderno en Cuba. Después de el, a partir de los años sesenta, aparecen figuras como Enrique Gay García, Eladio González, etc. Pero eso es otro tema para otro ensayo. Estos apuntes solo han recalcado nombres, fechas y planteamientos estilísticos, y en algunos casos menciones de obras específicas. En plena pos-modernidad – la mayoría de las veces no se que carajo significa este termino en el contexto cubano - la obra escultórica de cubanos sigue dando frutos que absorben, filtran y adaptan tendencias y problemáticas escultóricas de hoy, dentro y fuera de la isla. Tenemos los ejemplos de Ana Mendieta (1948-1985), Juan Francisco Elso (1956-1988), María Brito, Rafael Consuegra, Laura Luna, Florencio Gelabert (hijo), Ana Ferrer y algunos otros como pruebas contundentes de que “las formas en sus espacios” no son las hermanastras feas de Cenicienta.
R.I.P.: Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) Alejandro Anreus Hace un par de días, en la penúltima semana de febrero, falleció en el hospital londinense de Chelsea el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. Contaba con 75 años. Su muerte fue causa de una septicemia derivada de neumonía. En agosto de 2004 Cabrera Infante había sido operado de “bypass.” Llevaba casi cuarenta años viviendo su exilio en Londres.
Antes de oír de su muerte en la radio o televisión, antes de leer los periódicos, ya había recibido un par de correos electrónicos de varios amigos compartiendo la triste noticia. Hubo llamadas telefónicas, mas correos electrónicos. Nos estábamos dando el pésame mutuo; es que Cabrera Infante nos pertenecía a todos los exiliados cubanos. Era nuestro escritor. Pensé en su mujer la actriz Miriam Gómez, y en sus buenos amigos como Carlos Franqui, Roberto Estopiñán y el Padre Miguel Loredo. Pensé en las letras de nuestra isla en la diáspora, en aquellos que han muerto en el exilio: Lino Novas Calvo, Gastón Baquero, Enrique Labrador Ruiz, Lydia Cabrera, poetas como Heberto Padilla y Alina Hernández, el novelista Jesús Díaz, y ahora Guillermo Cabrera Infante. Con el fallecimiento de todos ellos muere un poco de Cuba y a la vez Cuba continúa como patria errante en las obras que escribieron en y desde el exilio.
Guillermo Cabrera Infante nació en Gibara, provincia de Oriente. Se crió en La Habana vieja en un mundo de solares y pobreza que el supo captar en cuentos como Un rato de tenme allá y en la novela autobiografiíta La Habana para un infante difunto. Sus padres eran comunistas militantes, experiencia familiar que como el mencionó en varias entrevistas, “lo vacuno contra el comunismo” para el resto de su vida. Desde joven tuvo dos grandes pasiones: la literatura y el cine. En 1950 ingresó en la escuela de periodismo de La Habana y comenzó a escribir en varias revistas. Bajo el seudónimo de G. Caín escribió crítica de cine para la revista Carteles. En la década del 50 fundo con Carlos Franqui, Roberto Estopiñán y Néstor Almendros el grupo cultural Nuestro tiempo. De 1959 a 1961 Cabrera Infante fue director del suplemento literario Lunes de Revolución del periódico Revolución dirigido por Carlos Franqui. Fue agregado cultural en Bélgica entre 1962-65, con Gustavo Arcos como embajador. En 1965 rompió con el régimen de La Habana y partió para el exilio, viviendo un tiempo en Madrid y más tarde radicándose en Londres. En 1964 ganó el premio Biblioteca Breve por su novela Tres Tristes Tigres, y en 1997 obtuvo el premio Cervantes por toda su obra. Junto con Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, Cabrera Infante era un candidato de “lista corta” para el Nobel en literatura. Estos son los datos básicos de su vida, pero su vida, la de todos los días, la vivió en su literatura y en su pasión por Cuba.
Desde su primer libro de cuentos, Así en la paz como en la guerra, se notaba un narrador de peso completo a pesar de las influencias de la literatura norteamericana (Hemingway, Faulkner, Salinger). Solo hay que releer tres joyas dentro de esta colección: Josefina atiende a los señores, Un rato de tenme allá y En el gran ecbo, su cuento mas antologazo. Con Tres Tristes Tigres metió un “home run” en la literatura de todos los tiempos; considerada como un clásico de la novela nueva latinoamericana, este libro comparte el mismo espacio histórico que Cien años de soledad, Conversaciones en la catedral, La muerte de Artemio Cruz y Rayuela. Sus tres libros de critica de cine, Un oficio del siglo 20, Arcadia todas las noches y Cine o Sardina, son en las palabras de Mario Vargas Llosa “un deleite de prosa y cinematografía.” Cabrera Infante cultivó la prosa experimental, el cuento, la novela, el guión de cine, el ensayo y fue un articulista polémico. En vida publicó un total de 20 libros, incluyendo el texto que acompaña las pinturas de Ramón Alejandro (Vaya Papaya).
Debo de confesar que como lector mis tres libros favoritos de Cabrera Infante son las narraciones de Vista del amanecer en el trópico, la historia del tabaco escrita en ingles Holy Smoke y sus ensayos y artículos polémicos en torno a la problemática cubana Mea Cuba. En estas tres obras encuentro no solo al estilista genial cuya prosa es sencillamente un virtuosismo incomparable, sino al historiador humorista (su irreverente humor, muy, muy cubano) y al moralista trágico.
Solo hay que releer ciertos pasajes para reconocer que esto es literatura de primera:
“Y ahí estará. Como dijo alguien, esa triste, infeliz y larga isla estará ahí después del ultimo indio y después del ultimo español y después del ultimo americano y después del ultimo de los cubanos, sobreviviendo a todos los naufragios y eternamente bañada por la corriente del golfo: bella y verde, imperecedera, eterna.” (Vista del amanecer en el trópico, p. 233)
“Che Guevara began smoking cigars when he found out that in Cuba the pipe was considered so gringo that it was called a cachimba, the feminine form of cachimbo – a six-shooter in the Old West.” (Holy Smoke, p. 21)
A partir de su exilio Cabrera Infante se convirtió en uno de los polemistas anti-castristas más activos y significantes en el escenario mundial. En entrevistas, artículos y charlas atacó la traicionada revolución de 1959 como la pesadilla estalinista tropical que era. Nunca se arrepintió de haber sido revolucionario, junto con sus amigos Carlos Franqui y Roberto Estopiñán hablaba sin miedo de la pobreza e injusticia social de la Cuba de los 1940s y 1950s. Por mucho tiempo el exilio no le perdonó esto; periódicos y revistas de Miami lo criticaron y calumniaron con frecuencia, sobre todo en los 1970s y 80s. Con el tiempo a Cabrera Infante a veces se le iba la mano no tanto en su anti-castrismo, como en su rigidez frente al embargo, su crítica al novelista Jesús Díaz y sus elogios al desastre que fue la presidencia de Ronald Reagan. El tiempo probará que estos son hechos menores, lo que queda es su extraordinaria obra y su posición constantemente ética frente al castrismo.
Los que tuvimos la oportunidad de escuchar sus charlas a través de los años somos afortunados. Era un conferencista brillante, claro y lleno de humor. Recuerdo una charla que dio en la New York University en 1979 o 1980. Al terminar su ponencia, un miembro del público, obviamente pro-castrista lo acosó con una cita del periódico Granma, donde lo acusaban de ser agente de la CIA. Con gran chispa Cabrera Infante hizo un juego verbal: “Como diria caperucita roja: Granma what big teeth you have!” (Abuela que colmillos más grandes tienes)
El público respondió con carcajadas y el ofensor salio huyendo como perro con el rabo entre las piernas.
No cabe duda que con su muerte hemos perdido al escritor más significativo de nuestra literatura. Me atrevo a decir que junto con Octavio Paz (su amigo) y Julio Cortázar (su enemigo), Cabrera Infante forma parte del trío más innovador de la literatura en lengua española. Se nos sale de Cuba y de América y pertenece a la literatura universal. Pero siempre será nuestro escritor, el de los exiliados, con la patria errante en las palabras de sus libros. Que en paz descanse. |
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