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Desde.....

 

Por la independencia de Suecia y la democratización de Cuba. Carta abierta de Cuba Nuestra al Gobierno Sueco

Señor Fredrik Reinfeldt, Primer Ministro de Suecia
Señor Carl Bildt,  Ministro de Asuntos Extranjeros
Señora Cecilia Malmström, Ministra de Asuntos Europeos
Señora Gunilla Carlsson, Ministra de Cooperación Internacional para el Desarrollo
Señor  Tobías Billström,  Ministro de Migración y Asilo Político

UNA GENERACIÓN QUE PERSISTE

Por: Salvador E. Subirá

  Quizá es conveniente que, al menos una vez, hablemos de nosotros mismos para establecer nuestra identidad cívica.

 

BANCARROTA EN EL PARAÍSO

En un lugar del Caribe, cuya historia me honra compartir, hay una isla poblada de palmas y músicas, que medio siglo atrás sufrió un gran huracán que la estremeció hasta las raíces. No fue remolino de vientos sino de hombres. Hasta que por fin un día todo se  calmó y salió el sol.(....)

 

PROGRAMA DE ACCIONES DE TÚNEZ PARA
LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

Reconocemos que ha llegado el momento de pasar a la acción, considerando los trabajos que ya se han hecho para aplicar el Plan de Acción de Ginebra e identificar las esferas en las que se han logrado avances, se están logrando avances (....)-*Recomendamos que se lea el Art 46

 

"Demo"- cracia por Michelle Fuser

"Vivimos una forma de gobierno, que no esta fundamentado en las instituciones de nuestros vecinos; al contrario somos el modelo para algunos al envés de imitar otros. Su nombre, como todo depende no de pocos pero de la mayoría, es democracia” Péricles, Oración fúnebre, in Tucidides:A Guerra do Peloponeso, Livro II, 37La “Demo” – cracia,
 

Pueblos cautivos Entrevista con el doctor José Luis Piñeiro

Soy exiliado, miembro de una familia que fue víctima, en los 70, de la política de desplazamiento poblacional y reconcentración en Pueblos Cautivos llevada a cabo por el Gobierno de Fidel Castro. Antes de esa época hubo reconcentraciones también, pero a nosotros nos tocó la desgracia en los 70.(...)

Allende
Salvador Allende (1908-1973).

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El fallecido ex presidente chileno Salvador Allende recibió fondos del Comité de Seguridad del Estado (KGB) de la desaparecida URSS para su campaña electoral y posteriormente durante su mandato. La organización de espionaje soviético no sólo le dio dinero para ayudar a que fuera elegido en 1970. También le pagó por servicios, informaciones y análisis, y le envió regalos personales.

Agricultura
Éxito de la agricultura: ¿cómo antes de 1959? (AP)
Los cubanos pagan un alto precio por la negativa oficial a liberalizar la economía, en un país donde la riqueza de los ciudadanos es ilegal.

 

El debate de la izquierda: Entre la religiosidad y el realismo político por JOAQUíN VILLALOBOS, Oxford

Resolucion del Banco Central de Cuba

Madre cubana a la opinión pública Internacional

A glimpse at Castro's delusions, Stone's imagination, por Marifeli Perez-Stable

EEUU celebra el compromiso de América Latina con los DDHH por votar contra Cuba

¿ Por qué no a la izquierda socialdemócrata ?

Informe del relator - Carta de Derechos y Deberes de los Cubanos 

La euforia de los patriotas, por RAFAEL ROJAS, México D.F

 

 

Por la independencia de Suecia y la democratización de Cuba. Carta abierta de Cuba Nuestra al Gobierno Sueco
2006-10-25
 
Señor Fredrik Reinfeldt, Primer Ministro de Suecia
Señor Carl Bildt,  Ministro de Asuntos Extranjeros
Señora Cecilia Malmström, Ministra de Asuntos Europeos
Señora Gunilla Carlsson, Ministra de Cooperación Internacional para el Desarrollo
Señor  Tobías Billström,  Ministro de Migración y Asilo Político
·                    
 
El 6 de octubre de 2006, en la presentación del programa y de los ministros de su gobierno, el señor Fredrik Raifeldt, expresó el compromiso de contribuir, de una manera concreta, a impulsa de la democracia en Cuba y Bielorrusia. Siendo Cuba Nuestra una publicación especializada en el tema del movimiento democrático cubano, la primera y más antigua de su género en Escandinavia, aparecida en 1995, consideramos oportuno este momento para recomendar a la nueva administración sueca, los pasos necesarios para  facilitar él tránsito en la isla; de un modelo político autoritario y unidireccional a otro que  garantice la mayor participación posible del pueblo en la toma de las decisiones que atañen a su estado, economía y sociedad. Lo hacemos conscientes de la necesidad que tienen este y otros gobiernos de la Unión Europea de tener claro cual es el camino que debe seguir la solidaridad con Cuba. Así mismo nos enfrentamos con esta carta a la confusión sembrada en distintos punto de la vieja Europa, por organizaciones y activistas, vinculados a los sectores más irracionales del exilio cubano en Miami; los que asumen, por dinero, ineptitud  o ideología, la tarea de trasnformar el respaldo de los europeos a la liberación de los cubanos en el sometimiento de Europa a la equivocada estrategia norteamericana hacia la isla caribeña. Algo que sólo beneficia régimen  de La Habana, facilitándole el trabajo a quienes le defienden a capa y espada en este continente. Como se ve, también en el caso de Cuba los extremos se encuentran y eso hay que evitarlo. Si otros, con el fin de lograr el aplauso o el dinero que viene de Estados Unidos, están dispuestos a tira por la borda, su experiencia en Cuba, así como las lecciones que se desprende de las revoluciones de 1989 en Europa Oriental, ese no es el caso de quienes firman esta carta. Colocamos, por tanto nuestro intelecto al servicio de Suecia y de Cuba, proclamando la necesidad de independencia de la primera, para que pueda contribuir con inteligencia y efectividad a la democratización de la segunda.

Consideramos que para ayudar a Cuba Suecia no debe involucrarse en proyectos, que pasan de ser anticastristas para convertirse en anticubanos por las consecuencias que se pueden derivar de ellos. No queremos que un gobierno sueco, mal aconsejado, termine contribuyendo mantener viva la popularidad del lo que un día fue La revolución Cubana, mientras obstaculiza sin querer la aparición, dentro de las estructuras cubanas, de un Alexander Dubček o un Mijail Gorbachov, capaz de emprender desde arriba la reforma que Cuba necesita. Queremos que Suecia, en lugar de debilitar, como hacen los Estados Unidos, impusle el ascenso en Cuba de quienes mañana se convertirán en viabilizadores internos de una transición democrática,  que la nación escandinava se convierta en la auspiciadora de estos, ayudando a que en Cuba, aparezcan figuras como las hubo en las transiciones de España y de Europa Oriental: personalidades que pese a su impoluta hoja de servicio al régimen resultaron figuras claves del cambio como fueron: en España Torcuato Fernández-Miranda, y Adolfo Suárez González, en Polonia Wojciech Jaruzelski, en Checoslovaquia Ladislak Adamec, en Hungría Gyula Horn, Imre Pozsgay, Rezső Nyers, Miklós Németh, y en Alemania Oriental el todavía comunista Egon Krenz. Se trata de nombres olvidados,  pero que en su momento jugaron un rol fundamental, lideres que al optar por el diálogo en lugar de la represión, completarion la labor de opositores como Lech Walesa. Para que en la nomenclatura cubana puedan ascender y fortalecer  sus posiciones los  políticos que desde el poder abrirán las puertas del cambio, es necesaria una política de distensión e intercambios entre los estados, de la que Suecia debe ser ejemplo. Esto no excluye criticas y denuncias a las violaciones de los derechos humanos en el país latinoamericano. En lo que no debe caer el gobierno sueco es en esa confrontación permanente que existe entre Estados Unidos y la isla, que es a donde se intenta arrastrar a Suecia desde Miami. Para lograr este objetivo, se parte de la falacia de que la oposición es el único sujeto del cambio en Cuba, omitiéndose el rol que juega en este proceso el desarrollo de elementos democratizadores en el interior del sistema y que terminan por desencadenar su crisis. Hablamos de una maduración que lejos de acelerarse se inhibe, con las medias de congelamiento o aislamiento.

No se trata de apoyar al Estado comunista en todas sus manifestaciones, Suecia debe saber distinguir entre aquellas actividades que responden a objetivos meramente propagandísticos o represivos, y aquellas que benefician al pueblo, como pueden ser proyectos de salud, culturales, alimenticios etc. Con respecto a los segundos, El gobierno de Suecia debe seguir  facilitando la presencia de organizaciones no gubernamentales suecas en la isla, como es el caso de Erikshjälp y cualquier otra que no esté sometida, desde el punto de vista ideológico, al gobierno de la isla, ni termine convertidas en órganos propagandísticos de este frente a los pueblos de las dos naciones. Así mismo debe fomentar encuentros entre profesionales de la isla y el país escandinavo, de modos que estor creadores de opinión por excelencia puedan difundir en Cuba los aspectos positivos y también negativos de la sociedad sueca, como referencia útil de hacia donde ir cuando los cubanos puedan dejar atrás el totalitarismo.
 
Del mismo modo, el gobierno sueco no está obligado a comprometerse con cualquier manifestación de anticastrismo, por el simple hecho de que esta se proclame como democrática. Tanto fuera como dentro de Cuba existen grupos antigubernamentales con los que los partidos que conforman la coalición que hoy gobierna en Suecia deberían marcar distancia. Un ejemplo lo tenemos en la organización favorita de los sectores intransigentes del exilio cubano, la llamada Asamblea Para Promover la Sociedad Civil en Cuba. La directiva de esta organización no ha tenido el menor escrúpulo en solicitar que Estados Unidos no cesen con las sanciones económicas contra Cuba1 y cual si fuera poco  intenta involucrar, sin éxito afortunadamente, a las Damas de Blanco2 y al Proyecto de Bibliotecas Independientes3 en la campaña lanzada desde Miami bajo el título de congreso “yo no coopero” en la que se llama además de no colaborar con la represión -lo cual es legitimo-, a no colaborar  tampoco con las “ actividades económicas de producción del régimen”. El problema es que en un país de economía centralizada, no existe diferencia entre actividades económicas del gobierno y la de la nación, algo que muy bien conoce la economista ex comunista Martha Beatriz Roque, Lider de la APSC. Se trata pues de fomentar un boicot económico, que solamente afecta al pueblo y por tanto resulta inadmisible. El daño que le hace la línea de esta organización al proceso democratizador es bien conocida por el régimen, no por gusto le permitió hacer un congreso, en mayo del año 2005, pues esta es la oposición que hace falta para paralizar la transición. Suecia debe evitar involucrarse con grupos que promueven en términos generales, lo que no acepta en ella, como es la desobediencia civil. En primer lugar porque se trata de una propuesta suicida, que activaría la violencia en un país donde la represión es despiadada y bien organizada -menos implacable que en los años sesentas admitámoslo, pero mucha mas dura de lo que lo era en los países comunistas a finales de los ochenta-, en segundo porque de tener éxito esta “desobediencia” sobrevendría en caos, sino una guerra civil, con ella nuevas oleadas de balseros Con ellos aparecerá el único motivo capaz de desencadenar una intervención de Estados Unidos en Cuba, país lo suficientemente cargado de armas, fanatismo y antinorteamericanismo, como para transformarse en un segundo Irak o algo peor. No es eso lo que Suecia debe desear para Cuba.

Suecia debe avalar con su solidaridad expresiones auténticamente independientes como la que representan las Damas de Blanco en su lucha pacífica por la liberación de los prisioneros de conciencia de la primavera del 2005, como el Programa Todos Cubanos que impulsa el Movimiento Cristiano Liberación para incorporar a la ciudadanía a la reflexión sobre sus derechos y al trabajo pacífico que conduzca al control democrático de las instituciones por parte del pueblo, todo sobre la base del respeto de la legalidad vigente. Otra iniciativa que merece el respaldo pleno del gobierno de Suecia, por avenirse al espíritu de la democracia imperante en este país es la "Acción contra el Terrorismo Ideológico y Político hacia la Diferencia" que impulsa Arco Progresista y que busca que la ONU declare terroristas a quienes agredan a opositores así mismo debe respaldarse desde el gobierno de Suecia, y al margen de sus diferencias ideológica el intento de La coalición de presentar ante la Asamblea Nacional del Poder Popular propuestas de leyes para institucionalizar 'la promoción de la no violencia' . En cambio no merecen el respaldo ni el compromiso de Suecia los grupos que en el exilio o en la isla aboguen por medidas militares o económicas que afecten directa o indirectamente al pueblo de Cuba, de lo contrario Suecia se ganara el repudio de los cubanos. Recuérdese frente a Cuba el caso de España bloqueada por la ONU en el año 1946. Entonces no le resultó difícil al Franquismo movilizar a miles de ciudadanos, quienes para protestaron contra la ONU como enemiga de su país, quedando como amigo el gobierno de Perón, por haber enviado carne y trigo para paliar el hambre de los españoles. Lo mismo se hace en Cuba cada vez que desde afuera, se intenta castigar al régimen en el plano económico.

No se pude simplificar la situación de Cuba, no se puede olvidar el Poder de los con Poder, como hacen algunos activistas  de Europa Oriental que se van a Miami 4 para criticar desde allí la actual política europea hacia Cuba, proponiendo estrategias “democratizadoras”, que no fueron precisamente las que llevaron a la democratización de sus países, y que de ser aceptadas equivaldría a cometer, por parte de los demócratas,  el mismo error de que cometió la extrema izquierda latinoamericana, cuando quiso imitar la revolución cubana siguiendo una visión abstracta y limitada  de lo que esta había sido. Aquella, en los años sesenta intentó reproducir la revolución cubana, sobre la base de los esquemas guevaristas, al no tomar en cuente la decadencia total del régimen de Batista, incluso el colaboracionismo con el que contaron los opositores dentro de las fuerzas armadas. Esa visión limitada o único que logró fue inundar a Sudamérica de muertos y traer regímenes  aun más represivos que aquellos que habían  sido combatidos por los émulos de Fidel Castro. Algo similar pasaría en Cuba sino se aprende la lección completa de Europa oriental.

Suecia tiene que trabajar pues en respaldo tanto de los “Gorbachovs¨ como de los “Walesas” de Cuba.  Para ello nada mejor que sintetizar lo mejor de la política el saliente partido socialdemócrata en el gobierno con la auspiciada desde la oposición por el Partido Liberal, desde el día en que el Centro Internacional Liberal Sueco recibió su primera asesoría de Cuba Nuestra. Esto ocurrió en el año 1995,  entonces  lo que imperaba en los ámbitos académicos, periodísticos y políticos de Suecia era una visión favorable al sobre el régimen cubano, Madeleinte Sjöstedt, por entonces presidenta Centro Internacional Liberal Sueco, habría de enfrentarse a una delegación del Partido Comunista de Cuba, y no encontró mejor fuente de orientación que nuestra. De nuestra asesoría en ese momento nació una colaboración que significó un verdadero giro copernicano en las relaciones Cuba Suecia. Los cubanos encontramos en SILC la palanca de Arquímedes que nos permitió alzar ante los ojos  de Suecia la existencia de un emergente movimiento democrático cubano, iniciándose así la vista a Cuba de políticos y periodistas, primeramente liberales, luego democristianos, y socialdemócras, quienes a su regreso  y con sus testimonio quebrando para siempre, el buen nombre que tenía el régimen cubano en Suecia. Otro tanto hizo con la sección internacional de SAC tras la asesoría de Cuba Nuestra y después de visitar a Cuba dando a conocer, dentro de la izquierda la explotación que sufre la clase obrera cubana, y fue gracias a ese esfuerzo iniciado que fueron conocidos en Suecia destacadas figuras de la oposición como es el vocero de Arco Progresista Manuel Cuesta Morúa, o el periodista independiente Raúl Rivero, y estamos seguros también que de no haber sido por aquella llamada de Sjöstedt, jamás se habría desatado la reacción en cadenas que permitió el otorgamiento de Premio Sájarov al democristiano Oswaldo Payá y a las damas de Blanco.
 
Para darle continuidad a este trabajo, sin que lo positivo de este se pierda  recomendamos una posición en la que se conjuguen, la independencia tanto con respecto a la política norteamericana hacia la isla, la propia experiencia histórica de Suecia en su transición  casi pacifica de la autocracia a la democracia, así como el conocimiento de las regularidades que dieron determinaron en Europa del nacimiento vida y muerte del modelo importado a Cuba por el gobierno de Fidel Castro. Lo que es Suecia hoy lo debe a que su pueblo, y sobretodo sus políticos  aprendieron que no es a través de la revolución, la guerra civil o el enfrentamiento entre los ciudadanos que se resuelven los conflictos entre gobernadores y gobernados. Así mismo queremos que se resuelva la contradicción existente entre el Partido Comunista de Cuba y el pueblo de la isla.
 
El Partido Comunista se ha hecho dueño del gobierno, el gobierno se ha apoderado del estado y el Estado de la Economía y de la vida privada. La Asamblea Nacional, más que como órgano de representación popular, es el instrumento del que se vale la élite gobernante para legitimar sus decisiones.
 
Para que en Cuba exista una verdadera democracia debe ponerse fin a la hegemonía del Partido Comunista sobre el sistema político y transformase la asamblea del Poder Popular en un autentico órgano representativo. El principal instrumento de referencia para este cambio debe ser la "Declaración Universal de los Derechos Humanos", adoptada el 10 de diciembre de 1948 en la Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. A la hora de promover los cambios es importante que no se le dicte al pueblo cubano la manera en que tiene que organizar su democracia, también que se respete el derecho de los cubanos una vez liberados del régimen unipartidistas los márgenes que ellos consideren pertinente de interferencia estatal en la economía y de acción de las leyes del mercado. De lo que se trata no es de imponerle un modelo determinado a Cuba, sino de apoyar a los cubanos en el establecimiento de un modo de organización política donde el pueblo determine como quiere vivir.  Tal transformación ha de venir de adentro de Cuba, los actores fundamentales serán allí. Los elementos renovadores que todo régimen comunista incuba dentro de su sistema político: Partido, Gobierno, Estado y Asamblea, la sociedad civil que conformas desde las organizaciones paraestatales como son las organizaciones de masas oficialistas, hasta los grupos abiertamente disidentes, pasando por las diferentes iglesias y asociaciones religiosas. Ninguno de estos actores debe ser pasado por alto a la hora de elaborar una política coherente para facilitar la democratización con Cuba, en este sentido, Suecia debe evitar toda política de aislamiento que solo conduciría a la nordcoreanización del régimen. En Cambio, sin echar a un lado la denuncia y la solicitud de mas libertades para el pueblo, el gobierno sueco debe tomar medias que fortalezcan los contactos Estado-Estado y Pueblo-Pueblo. Lo mismo debe hacer Suecia en el ámbito Europeo, quebrando la absurda dicotomía entre los que buscan castigar al estado cubano al tiempo que se pronuncian por una solidaridad militante con el movimiento democrático y de otro lado los que están concientes de que el aislamiento  del país no conduce a nada, y al mismo tiempo toman distancia de la oposición.
 
La fórmula sueca tiene que ser la del tendido de puentes tanto a las estructuras que representan al poder como a las de la  oposición, como vía para acelerar la maduración de las condiciones del cambio. Un buen modelo de convivencia con régimen de absoluta oposición ideológica nos lo ofrece el Vaticano, en especial la consigna del Papa Juan Pablo Segundo, que el mundo se abra a Cuba y que Cuba se abra al mundo. Manteniendo con el gobierno cubano las mismas relaciones de respeto mutuo que existen entre aquel y la dirección de la iglesia católica cubana.

Suecia debe mostrar su amistad con Cuba en el ámbito internacional, lo hará con la denuncia la falta de derechos humanos en el país, pero también condenando cualquier medida que afecte a su pueblo como es el caso del embargo de Estados Unidos. Según las cifra oficiales más reciente, cubanas el embargo ha causado este daño el daño económico  causado  por el embargo a la economía cubana superó los 86 mil 108 millones de dólares, un promedio de 1 832 millones de dólares anuales. Esta cifra debe alegrar a sectores más irracionales del exilio cubano, quienes son en realidad los que sostienen la política equivocada de los Estados Unidos hacia cuba. Ante el electorado desesperado y desarraigado cubano americano, el embargo,  como demuestran estas cifras se convierte en una medida efectiva para dañar al régimen, olvidándose que por las características del modelo implantado en Cuba no existe diferencia entre la economía que sostiene al régimen y aquella de la que vive el pueblo, la diferencia está en que es el gobierno y no la población el que determina hacia donde canalizar el dolor causados por los golpes a la economía, este dolor como se comprenderá no irá a parar al propio régimen sino a aquel que se pretende liberar: al pueblo.  Ello no le quita la culpa al gobierno por los sufrimientos de Cuba, pero si contribuye a regalarle un corresponsable. El embargo debe ser eliminado incondicionalmente, no es más que un estúpido intento de traer la democracia cabalgando sobre los cuatro jinetes del Apocalipsis, y eso no lo quiere nadie para Cuba salvo Estados Unidos, Israel, Islas Marshall y Palau, las únicas naciones que defienden en la Asamblea General de la ONU el mantenimiento de las sanciones contra Cuba. Pero Suecia debe ir mas allá e impedir la aplicación extraterritorial de estas medidas en su propio suelo, lo que se constató cuando la empresa DELL SVERIGE AB5, se negó a vender computadoras a la organización con sede en Estocolmo Sociedad Académica Eurocubana, usándose como pretexto el origen étnico de los miembros de esta organización [con personalidad jurídica sueca] y la presencia del adjetivo-cubana” en el nombre de la misma.
 
En el seno de la UE el gobierno Europa  para que no se vuelva a interrumpir el diálogo como ocurrió tras el encarcelamiento de los 75 opositores políticos pacíficos y la ejecución de los tres secuestradores en Abril de 2003. No se le debe dar argumento al régimen cubano para que bloquee, como hizo en julio de 2003, la ayuda bilateral directa de la UE  a Cuba, que desde 1993 había alcanzado la cifra145 millones de €- No se le debe dar argumentos para que se limiten las relaciones diplomáticas las misiones Europeas. Suecia debe ser un garante dentro del Consejo de la unión para que bajo cualquier circunstancia se mantenga el diálogo con el gobierno cubano, pues eso facilita, que de manera paralela, los gobiernos europeos mantengan contactos con el pueblo y los sectores realmente nacionales y democráticos de la oposición. Suecia debe trabajar para que la Unión Europea mantenga su presencia en Cuba como una de los principales socio comercial, fuente de inversión extranjera, proveedor de turistas a Cuba, y su socio en la cooperación para el desarrollo.
 
El gran dilema se genera por las condiciones en que son empleados los cubanos en las empresas con participación parcial o total extranjera. En general los cubanos son arrendados por el estado a estas empresas, por ello el salario que llega a sus manos está muy por debajo del valor real de su fuerza de trabajo. Por otra parte el monopolio del estado sobre el empleo le permite disminuir artificialmente el precio de la mano de obra cubana, sobretodo la calificada. Al aceptar los contratos en estas condiciones, las empresas extranjeras se convierte de algún modo en cómplices de la explotación que sufre el pueblo cubano por parte del estado totalitario. Si en Cuba se estableciese un autentico estado de derecho y se le recociera la personalidad jurídica que tienen todos y cada uno de sus ciudadanos estos podrían establecer la demanda de sus empleadores extranjeros por las condiciones en las que fuero explotados. Para los partidarios del aislamiento de Cuba la solución más fácil es la de provocar espantar las inversiones de países como Europa y Canadá, donde existe una legislación que preteje al obrero de actos como los cometidos en Cuba. Sin embargo hay que tomar en cuenta el otro aspecto de las inversiones, estas traen desarrollo y contacto internacionales, que constituyen las bases necesarias la democratización. Indiscutiblemente el desarrollo es una premisa necesaria, aunque no suficiente para la democracia. En cuanto a la deuda moral y legal que contraen los empresarios extranjeros con sus empleados cubanos, consideramos que una solución sería lograr de estos el respaldo indirecto al movimiento democrático, ya sea dándole acceso en sus locales y oficinas los activistas opositores, ya financiando el trabajo de estos.

Proponemos pues al gobierno sueco la creación de un fondo empresarial para la democratización de Cuba, al que deben contribuir empresas que tienen presencia en la isla, como son B Sandvik International, DeLaval Havana, Ericsson, Skandi System/IDTM i Kuba, Volvo Construction Equipment. Se trataría de fijar una cuota no tan alta que desestímale la inversión en Cuba, ni tan baja que convierta en ridícula o simbólico el aporte de estas empresas al restablecimiento de los derechos laborales y políticos de los cubanos. Esto fondo podría ser presentado como modelo al resto de los países de Europa y América que invierten en Cuba.
 
Suecia debe exigir en todos los foros la liberación de los prisioneros de conciencia, así como aquellos presos políticos que no hayan cometido crímenes punibles dentro de la propia Suecia, a modo de no darle argumentos a los defensores del régimen en el país escandinavo para contrarrestar esta campaña. Suecia debe abstenerse de participar en medidas punitivas contra los altos cargos del régimen, por las razones que sea, de lo que se trata ahora es de lograr la libertad y la democracia en la isla, no de castigar ni aterrorizar a nadie, en particular a quienes tienen en su mano la posibilidad de desencadenar los cambios. Resultaría pues contraproducente así mismo incorporación de figuras de este gobierno a campañas impulsadas por los sectores más irracionales del exilio, sin duda alguna con el beneplácito cuando no el apoyo de los órganos de inteligencia cubanos, como son los festejos por la enfermedad de Fidel Castro, o las ridículas campaña impulsada fuera de Cuba contra la sucesión presidencial prevista por el sistema de gobierno imperante, escandalizándose por algo  que ya era sabido desde hace tiempo: la sustitución de Fidel Castro por su hermano. Lo importante no es tanto escandalizar con inútiles campañas,  como es diseñar una estrategia efectiva y bien pensada para la reforma total del Estado y convertirlo en un instrumento democrático cubano.  
  
El modelo cubano se ha establecido sobre dos puntales fundamentales, el respaldo total de la Unión Soviética y el control de una personalidad de Culto como Fidel Castro, la salida del escenario de estos dos factores crea las condiciones precisas para que afloren los elementos aperturistas dentro del sistema que jugar en Cuba el mismo papel que jugaron en Rusia los tecnócratas de la línea gorbachoviana. Ahora si se desprecia a los cubanos, si se crean las tensiones necesarias, lo que se logrará es la revitalización de elementos más autoritarios, la aparición de un nuevo Strong man y acelerar la integración militar de Cuba, con regímenes autoritarios como el de China o el de Corea, o acelerar las tendencias anexionistas que impulsan el gobierno de la isla y el régimen de Hugo Chávez. Suecia no debe facilitar este proceso, es necesario pues que mantenga la independencia y la cabeza fría eligiendo muy bien sus consejeros, quienes no son precisamente los  que provienen de Miami, ni los que responde a aquellos por un subsidio. Suecia debe escuchar a quienes no vendemos nuestra palabra por dinero pues nos sobra vergüenza.
 
Suecia debe convertirse en un modelo en el estímulo del flujo libre de información, debe pues estar presente en cuanto evento cultural e informativo tenga lugar en Cuba, sea oficialista u opositor. La embajada sueca debería ofrecer servicios acceso de Internet al pueblo de cubano, sin discriminación ideológica alguna, de modo tal que lo mismo un fanático comunista que un convencido demócrata pueda acudir a buscar información. El gobierno de Suecia podría enviar a las organizaciones civiles de Cuba, también sin discriminación, equipos de computación conectados al Internet, por vía de satélites. Igualmente se podrían mandar publicaciones hechas en las llamada lenguas modernas , que muchos cubanos entienden a las diferentes la bibliotecas de Cuba, sean públicas o establecidas por la sociedad civil en forma de proyecto de bibliotecas independientes. Por supuesto Suecia debería respaldar dotando de los recursos necesarios proyecto informativos como Cuba Nuestra, que pese las calumnias que diseminan los castristas en Suecia, no esta financiado por organización de Norteamérica, y mucho menos respaldado por terroristas del exilio, él mismo en que se nos difama por seguir una línea independiente.
 
Suecia debe facilita los contactos pueblo a pueblo. Del mismo modo que los castristas organizan cada año la llamada brigada nórdica, donde jóvenes suecos son invitados a la isla para convertirlos en propagandistas del régimen, debería el gobiernos de Suecia auspiciar una brigada cubana, financiando la visita a Suecia de jóvenes cubanos para que conozca el funcionamiento de este país, lo bueno y lo malo, y no solo lo positivo como hace el régimen de la isla en su proyecto de adoctrinamiento a los extranjeros que le visitan.

Suecia debe respaldar encuentros de profesionales, suecos y cubanos, incluso concederles a estos últimos, sobretodo en el caso de aquellos expulsados por motivos políticos, contratos temporales de trabajo en el país para que conozcan como funciona una sociedad moderna y cual es el verdadero valor de su fuerza de trabajo. El gobierno sueco podría retirar el visado impuesto a los cubanos por el gobierno de Ingvar Carlsson 1994-1996, como forma de frenar la llegada de solicitantes de asilo, y paso previo para desatar la deportación masiva de cientos de refugiados cubanos.

El gobierno sueco debería auspiciar así mismo el contacto de la sociedad civil sueca con las asociaciones civiles cubanas, sea partidarios del régimen o no tratando de auspiciar, a través de conocidos comunes el dialogo entre todas estas. Suecia debe recordar mas que el aspecto confrontativo (que se estimula desde Estados Unidos) el aspecto consensuado que tuvo la transición democrática en Europa Oriental. Cualquiera que sea el gobierno de Suecia, este debe oponerse a toda confrontación, al tiempo que le ofrece su mano a quienes con iguales dosis de valor e inteligencia trabajan en Cuba por la libertad de su pueblo. Suecia puede ganar para la causa de estos demócratas a los miles de cubanos crecidos y adoctrinados por el sistema, que a pesar de los pesares se creen protegidos y representados por él, hay contar también con estos cubanos liberarlos será mas que con actos de fuerza, se logra con inteligencia. Es lo que pedimos al gobierno de Suecia. Esperamos vuestra respuesta.

Estocolmo 18 de Octubre de 2006
 
 
Carlos M. Estefanía
Director
(Ciudadano sueco de origen cubano)
 

Carlos Viamontes
Redactor General
(Ciudadano sueco de origen cubano)

 
Henrik Jesús Hernández
Analista Político
(Ciudadano sueco de origen cubano)


 Germán Díaz
Responsable de Relaciones Públicas
(Ciudadano sueco de origen cubano)
 

 

 

1 - El Secretariado Ejecutivo de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en carta a congresistas cubanoamericanos  ha declarado:
"podemos asegurar a ustedes – y por su conducto al Congreso de ese gran país [USA] – que nuestra coalición no apoya la adopción por parte de los Estados Unidos de medidas unilaterales dirigidas al levantamiento total o parcial del embargo existente".
Félix Bonne Carcassés, René Gómez Manzano, Martha Beatriz Roque Cabello, Carta del Secretariado Ejecutivo de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil (APSC) a Congresistas Cubanoamericanos, en Misceláneas de Cuba, Estocolmo, No 4, Julio-Agosto 2005. página 28

2-Miriam Leiva, Damas de Blanco no participarán en envento de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba, 2006-10-9, en www.cubanuestra.nu 

3-Beatriz del Carmen Pedroso, Proyecto de Bibliotecas Independientes de Cuba no participará en congreso promovido por La Asamblea Para Promover la Sociedad Civil, 2006-10-6 en www.cubanuestra.nu

4-Rui Ferreira, Analizan en foro la transición en Cuba, El Nuevo Herald, Oct. 13, 2006

5-, El Departamento de Relaciones Exteriores de Suecia toma partido en diferendo Dell- Sociedad Académica Eurocubana. Sale a relucir la ley Helms Burtons, 2006-9 en www.cubanuestra.nu

 

UNA GENERACIÓN QUE PERSISTE

 

                                                            Por: Salvador E. Subirá

 

Quizá es conveniente que, al menos una vez, hablemos de nosotros mismos para establecer nuestra identidad cívica.

 

Somos cubanos, que al llegar a la edad en que podíamos y queríamos empezar a actuar en la política de nuestro país, tuvimos que enfrentar el período más difícil de nuestra historia republicana. Nos referimos a los ocho años de una dictadura empecinada por mantener el  poder, la de Fulgencio Batista, seguidos por los cuarenta y siete años de una tiranía totalitaria que descarriló a Cuba de su destino democrático y persiste en abismarla en la miseria total, y que por supuesto, es la tiranía de Fidel Castro.

 

El programa educativo nacional, que era obligatorio, se encargaba de formar a todos los cubanos en los principios de la convivencia democrática, en el conocimiento de las instituciones públicas que regían esa convivencia, y de revelarle el tesoro moral que nos habían legado los próceres que conquistaron la independencia y fundaron nuestra república. Así sabíamos que el poder nunca debía ser considerado como botín  para beneficio propio, sino como oportunidad de aportar nuestros mejores esfuerzos y talentos en la consecución del bien común para nuestro país. Sencillamente el “con todos y para todos” de José Martí. Pero además, y por el mero hecho de ser parte del pueblo cubano durante la década de los años cuarenta, ya teníamos una clara vivencia del valor que adquiere la vida cuando se la puede disfrutar en la libertad de una democracia.

 

Nosotros, además, tuvimos  la oportunidad de conocer y estudiar la falacia de los

procesos políticos que se proponían destruir la democracia. Con ello queríamos prever los peligros que podían tronchar la salud cívica de nuestra república . Pero la historia no nos fue propicia y quiso poner a prueba nuestra voluntad patriótica. Nunca falta un Judas para traicionar, y el país lo tuvo. Esta vez por su insana ambición de poder. Sólo por ello ocurrió que la mayor guerra ideológica de la historia humana tomara por asalto nuestro territorio para campo de batalla de sus intereses. Y lo cierto es que nos sorprendió por un camino nuevo, y en descubierto.

 

Saber más allá de la dialéctica diaria también nos comprometía a hacer más que el resto del pueblo. Y también  nos empujaba el idealismo generoso que caracteriza a la juventud y que siempre está dispuesta al sacrificio.  

 

Muchos prefirieron escaparse del torbellino que se le venía encima al país, y era su derecho hacerlo, porque quizás intuían que la batalla superaría nuestros recursos. Nosotros también pudimos abandonar la isla, pero entendimos que no debíamos rendir nuestra república a los desmanes de un tirano totalitario. No vacilamos en abandonar nuestra rutina de vida para afrontar los peligros del clandestinaje, sintiéndonos la presa perseguida por unos depredadores sanguinarios, y sabiendo que era muy fácil que nuestro nombre apareciera en la lista de fusilados que publicaba la prensa a diario. Pero era nuestro turno en la historia y no era honorable renunciarlo.

 

Así decidimos formar filas, y bajo el fuego, tuvimos que cavar la primera trinchera del frente para iniciar la defensa de los verdaderos intereses nacionales. Aún cuando muchos compatriotas no lo comprendían así, y hasta se alineaban en la tropa equivocada. Justo es decir que la mayoría de ellos también respondía honradamente a las notas de un engañoso clarín que decía convocar para la justicia y la libertad. Era un combate muy desigual, con los sentimientos cruzados, pero sabíamos que estábamos más cerca de la verdad. El libro de la vida, que pudo ofrecernos un capítulo lírico, prefirió asignarnos un capítulo épico, y sólo nos quedó adentrarnos en su espacio con valentía para dejarlo escrito con decoro y dignidad.

 

El tiempo estaba en contra nuestra. Sobre el terreno sentíamos el avance de la demolición democrática y la invasión del totalitarismo. Desesperábamos por obtener los medios que permitieran revertir el curso de los hechos, pero nadie escuchaba, ni parecía interesado en hacerlo. Mientras tanto el régimen se seguía fortificando por la largueza interesada de todo el comunismo internacional. El gobierno iba ganando control de todos los medios del país, y sin ninguna ayuda nos era imposible perdurar. Todo esto en medio de la pasividad de muchos compatriotas que ya se iban rindiendo al miedo. Y peor aún, en medio de muchos otros cubanos que militaban en la crecida represiva del régimen, unos por dejarse manipular con ingenuidad, otros menos escrupulosos por ver la oportunidad de saciar rencores o pasiones, y otros por la simple ambición de pescar en río revuelto.

 

Creyendo en la honestidad de la mayor potencia democrática del mundo, que se decía amiga, hubo muchos jóvenes que salieron del país conjurados para un entrenamiento del que regresarían a combatir como cuerpo armado. Y así efectivamente lo hicieron con una brigada de combate compuesta exclusivamente por cubanos. Ellos no faltaron a su palabra, pero la potencia sí faltó a la suya incumpliendo súbitamente la logística necesaria y prevista.

 

Nuestro caso fue distinto porque nosotros no salimos de la isla. Entendimos que nuestro mejor desempeño sería el vertebrar una organización nacional para la insurgencia, el sostén de sus frentes y el trabajo político urbano y rural a través de acciones militares limitadas, la propaganda clandestina y la resistencia cívica. También pensábamos servir de apoyo a la brigada cubana que se entrenaba en el extranjero, pero desconociendo el tiempo de su llegada. Vivíamos en un tiempo afiebrado donde nuestra disposición era mayor que nuestras posibilidades. Así no fue extraño, que muy pronto,  maravillosos compañeros de lucha tuvieran que afrontar el sacrificio supremo de sus vidas en una acción guerrillera, o con un último grito de combate frente a la descarga de los pelotones de fusilamiento.

 

Pero lanzarse en esa empresa fue madurar en el conocimiento del mundo. Muy pronto

supimos que los cubanos de ambos bandos sólo resultábamos piezas de un ajedrez mayor. A ninguna de las partes cubanas se les definía claramente que sus intereses nacionales le interesaran a las grandes potencias involucradas. Los dos ambiciosos por adueñarse el mundo sólo topaban sus cornamentas con soberbia y con ello opacaban los ruidos menores del bosque. Pero en la sombra de ese combate la metralla seguía rompiendo pechos cubanos, destruyendo el quehacer inteligente de medio siglo de república, e hipotecando el futuro de nuestro país.

 

A los que sobrevivimos nos tocó afrontar un presidio implacable, infinito y sin esperanza. Nuestra circunstancia comenzó a ser lo que ya todo el mundo conocía y condenaba como campos de concentración, y lo que también posteriormente se condenaría como gulags.  Fueron largos años de reclusión a descontar del tiempo limitado de una vida, y durante el  tiempo privilegiado de la juventud. Pero la prisión castrista no era sólo confinamiento, era sobamiento constante para castigarte el cuerpo y rendirte el alma. En ese entorno nos tocó vivir largos años que parecieron siglos. Estuvimos bajo la amenaza de aniquilación como rehenes. Tuvimos que trabajar en régimen de esclavitud y fuimos escarnecidos con la crueldad del bocabajo. Nos exploraron los límites físicos de nuestra supervivencia. Vivimos la cruda conciencia de que éramos entes desechables para cualquier demostración de terror que sirviera al régimen. Y todo podría resumirse con que se había borrado nuestro nombre de la lista del género humano.

 

Pero no sólo eso, porque simultáneamente había que padecer la indiferencia de nuestro pueblo, que en pocos casos no sabía, pero que las más de las veces se hacía el sordo y no averiguaba porque no le convenía saber lo que podía estorbar su acomodamiento dentro del régimen totalitario.  Además sin el reconocimiento internacional que creemos  merece todo aquel que lucha por la libertad, la justicia y el derecho, y  que tanto nos habría ayudado para acortar nuestro inhumano tiempo de presidio. Para la opinión internacional no había otra verdad que lo que el régimen declaraba en sus discursos y comunicados oficiales, y que se complacía en repetir con las mismas y exactas palabras del régimen. Demasiados intelectuales conocían y no contradecían la invectiva sostenida contra el pasado de nuestra república, ni les preocupaba lo que estaba ocurriendo realmente en Cuba, sino que preferían embelesarse con la urdimbre demagógica de Fidel Castro, pasando por alto que el verdadero significado del castrismo había que investigarlo en la intimidad de los hogares y calles de la isla, y no en los cantos de sirena que el régimen propagaba a través de sus ondas mercenarias. En ese grado de soledad malvivíamos despreciados también por el mundo, inermes y, sobre todo, a expensas de los desmanes de un régimen sin límites morales.

 

Todavía nos asombra el haber salido vivos de aquel huracán de odios. Nos fueron soltando como bagazos y a regañadientes. Como pulgas que le sobraran a un perro rabioso. Y todo para reiniciar una vida sin futuro y una lucha sin oportunidades.

 

En el tiempo de la disolución del Presidio Político Histórico el régimen se sentía en control del país, y la vida ciudadana parecía resignada a la permanencia del régimen. La escasez crónica de todas las cosas se había hecho un hábito tolerable, y podía haber alguna queja  pero a nadie se le ocurría cuestionar el sistema. Mas sobre nosotros, los ex -presos políticos, pesaba el estigma de representar un tiempo viejo que no podía retoñar. Mientras las quejas de la ciudadanía eran de forma, nuestras objeciones al régimen eran de fondo. Y por ello había ojo avizor sobre nuestras vidas y acciones. Era lógico que sobrábamos en aquel país y que no podíamos hacer nada que satisficiera nuestra conciencia. Entonces tuvimos la suerte de que el exilio cubano nos gestionara un puente de plata hacia la libertad.

 

Nos dolía la lejanía de Cuba, pero sabíamos que era sólo una estación del mismo camino emprendido veinte años atrás. También tuvimos la noble misión de divulgarle a un exilio valeroso y respetable, pero incrédulo y desfasado por el intercambio de silencios, sobre el verdadero palpitar y sentir de las nuevas generaciones en la isla. Resuelta la subsistencia, cada cual dio pasos individuales para retomar su compromiso moral con el pueblo cubano. Como el molusco hubo que ir abandonando los caracoles viejos. Y las afinidades nos fueron asociando en las organizaciones que mejor concretaban nuestras aspiraciones para el futuro de la patria. Así llegamos al convencimiento de que necesitábamos adoptar el rostro de la política real del mundo a fin de ser reconocidos y respetados. Y fue fácil y natural hacerlo, porque estas organizaciones también correspondían con las vertientes internacionales vigentes en el momento actual.

 

El resto ha sido ir descubriendo y juntando manos solidarias con nuestros semejantes de toda la diáspora cubana. Y el hacerlo nos ha traído la feliz prueba de que la causa de la libertad de Cuba ya resuena en todas las latitudes.   

 

Medio siglo después no es tiempo de reparar en cicatrices ya cosidas. Olvidamos que fueron agresión, y se nos convirtieron en paz por el deber cumplido. Pero una retrospectiva deja en claro que el pueblo cubano no sólo tiene la virtud de la alegría, también tiene la de la perseverancia en sus luchas por la libertad. Lo tenemos documentado la historia del siglo XIX. Nuestros próceres de la independencia perseveraron 30 largos años para coronar sus esfuerzos. Y nosotros no nos queremos comparar con la valentía suprema del ejército mambí, pero nuestra gesta ya va durando medio siglo y sin respiros. Claro que cada cual con las armas de su tiempo. Pero tanto ellos como nosotros, viniendo de abajo y prodigando el sacrificio.

 

Mientras, seguimos inconclusos. No nos ha llegado la hora del descanso, y seguimos dispuestos. Porque queremos afirmar que esa ceja de tierra arqueada del Caribe no se asomó sobre la superficie, y en sitio privilegiado del mar, para temer los miedos de una noche, sino para disfrutar las fiestas del sol. Y nuestro destino es lograrle esa aurora, no sólo para recuperar el hogar cubano libre, sino también como diligente taller del progreso  social y plaza de la amistad con todos los pueblos.

 

Arq. Salvador E. Subirá

Miami. 19 de Abril del 2,006.

 

 

BANCARROTA EN EL PARAÍSO

 

En un lugar del Caribe, cuya historia me honra compartir, hay una isla poblada de palmas y músicas, que medio siglo atrás sufrió un gran huracán que la estremeció hasta las raíces. No fue remolino de vientos sino de hombres. Hasta que por fin un día todo se  calmó y salió el sol. Se había esperado un final muy trágico, mas fue tan imprevisto y rápido, que no le dio tiempo a la tragedia. Pero la desaparición de los temidos uniformes confirmaba el final. Fue un despertar de aurora múltiple, la de un día, la de un año y la de una nueva era de esperanza. Y todos celebraron una fiesta de velorio, como la de Papá Montero, para enterrar al miedo y al silencio. De verdad había llegado una súbita paz con sus ilusiones anexas. Y entre ellas la creencia de que el torbellino del huracán se había llevado todas las balas, los vicios y la corrupción, y que por fin la yunta nacional se encontraba en la guardarraya que llevaba derecho a la república de todas las virtudes.

 

Esta gesta por el poder tuvo la ventura de enamorar al mundo y de ganarle a su caudillo un prestigio de profeta. No era posible que se hubiera obtenido aquella victoria por la dignidad humana y que el mundo no la aplaudiera con alborozo. De todas partes, próximas y lejanas, llegaban voces concertadas en una apoteosis coral espontánea, pero también parcialmente dirigida por una batuta virtuosa y escondida. La palabra del caudillo tenía la prioridad de todos los micrófonos, y su imagen merecía la primera plana de todas las ediciones.

 

Mientras tanto en la isla todo lo vivo se dispuso a restañar sus heridas. La ciudadanía volvió a la vida normal que llenaba de alegría las ciudades, y todos esperaban una primavera de sus instituciones democráticas. Pero el caudillo que se hizo con el poder, traía planes ocultos para mudar el campamento.

 

 Por boca del recién estrenado líder, y sin falsa modestia, el pueblo supo que su advenimiento había sido el más ardiente deseo del Apóstol de la independencia de la isla. También que toda la historia anterior a su llegada había sido un tiempo de vergüenza  ignominiosa, y que sólo ahora comenzaría la verdadera historia del país. A muchos estas afirmaciones le parecieron exageradas, mas las pasaron por alto como las simples licencias que se le conceden a un poeta. Pero lo inquietante, y que hacía sospechar la insanidad, fue escucharle decir que la verdadera guerra no era la que recién se había terminado, sino la que sólo ahora se podía comenzar. Y es que mirando en derredor, la cordialidad amistosa de los isleños no sabía descubrir ningún  enemigo.

 

El caudillo estaba convencido de que la historia lo había estado esperando con impaciencia, y no quería defraudarla. Por ello prodigaba discursos, extensos y de tono grandioso, como para que siguieran resonando por los siglos venideros, y sin importar que su contenido no tuviera nada que ver con la isla que había venido a redimir. Venía obsesionado con la igualdad, y en nombre de ésta, tomó posesión de los bienes de todos en la isla con el fin de poder igualarlos  con eficiencia en una pobreza general. Convencido de que sólo él representaba al destino, pasó a exigir de todos la adhesión total y la sumisión absoluta. Así, cualquier discrepancia se convirtió en grave y digna de ser reprimida con una radicalidad a ultranza. Ni que decir que la práctica iniciada por la autoridad máxima fue conquistando niveles hacia abajo hasta imponerse como la norma, y acorralando a cualquier opinión diferente como un grave delito en contra de la sagrada Seguridad del Estado. Así todos los circuitos del poder revolucionario quedaron obligados a funcionar con criterios de alto voltaje. Aunque causaba extrañeza que aquellos cambios ejemplares para construir un mundo mejor se estuvieran realizando bajo el influjo del miedo y sin espacio para lo humano.

 

Desde muy pequeño el caudillo se había dado cuenta de que la verdad le era un estorbo. No la aceptaba como conclusión lógica y deseada para orientar y dirigir la vida. No. Para él era una intrusa que constantemente estorbaba su carrera de ambiciones. Lo de él no era incapacidad de juicio por insanidad mental, sino pérfido deseo de recomponer al mundo para su  complacencia y beneficio. Y desgraciadamente para él, la verdad era la divisa universal para todos los intercambios humanos. Así, después de darle muchas vueltas al asunto, comprendió que la solución de su problema sólo estaría en diseñar e implantar  una manipulación de la maldita verdad que le permitiera poder embaucar a la isla y al resto del mundo.   

 

Y cuando ya fue caudillo sentado en el poder, vio llegado el momento de ejecutar su maniobra. Lo inició con una proclamación simple, que escuchada a secas, podía parecer un simple recurso retórico que evitaba palabras alarmantes. Pero cuando luego la razón trató de procesar su significado quedó sumida en el desconcierto. Era una sensación que venía acompañada del presentimiento de que se estaba abocando un abismo total, interminable y progresivo hasta el mismísimo infinito. ¿Quién hubiera podido imaginar siquiera algo tan drástico como aquello?. Pero venía de una fuente de credibilidad mundial. Alguien que había demostrado una capacidad superior para resolver cuestiones críticas, y que se expresaba con una autoridad  que nadie se atrevía a disputar. Y además, el que alguien se sintiera tan seguro de sí mismo para expresar una declaración tan perturbadora, ¿no era acaso índice de una capacidad de dirigente excepcional que se merecía toda nuestra credibilidad y confianza?.

 

El hecho era la denuncia oficial de que la “verdad” que todos conocían, con cuya solidez  se había elaborado todo lo humano, y que estaba en el núcleo de todo, “nos había estado engañando”. Así como se oye. Hasta el mismo idioma era insuficiente para expresar una estafa de esas dimensiones, porque ¿qué sentido hacía decir que “la verdad era mentira”?. Para expresarlo, el caudillo había usado un circunloquio figurando que al pueblo de la isla se le había impuesto un matrimonio con la mentira. Y añadía que ahora había llegado el momento de enfrentar y condenar el fraude, aunque provocara escándalo. Con ello se entendía que se nos iba a dar a conocer otra verdad que sí sería la pura y sin contaminación. Siempre quedaba la ambigüedad de posible colusión entre ambas verdades por escribirse con las mismas letras, y el peligro de que la ahora proscrita siguiera formando parte del enunciado de la nueva y verdadera. Pero si el caudillo nos iba a dirigir, no había por qué preocuparse. Algunas mentes ingenuas anotaban la curiosidad de que el Dios de la tradición había empleado seis días para la creación de un universo coordinado, ¿y cómo era que ahora a este caudillo le bastaba un discurso para desmantelarlo todo?. Esto resultaba abstruso para nuestra pobre capacidad, y sólo se  aliviaba nuestra frustración confiando en que la secuencia de las acciones posteriores lo descifraría todo.

 

En resumidas cuentas ¿qué era la “verdad”?. Pilatos había dejado constancia de su escepticismo sobre ella en el proceso más famoso de la historia y se ganó el repudio de dos milenios. Pero el tema seguía siendo actual. ¿Dónde estaba el arbitrio para establecer la “verdad”?, ¿Dónde la referencia universal para transarla?. Se sabía que la “verdad” era una referencia cardinal de la racionalidad humana, pero también que era muy evasiva para definirla. No obstante, sin ella ¿qué se habría podido elaborar a lo largo de toda la Historia?. Algo más a recordar era la tradición espiritual de Occidente que aceptaba y creía en las enseñanzas de Jesús de Nazareth, y especialmente en su afirmación de que él era “el camino, la verdad y la vida” . Y ahora era cuestión de preguntarse, ¿cuál sería el nuevo modelo para orientar nuestra moralidad?.

 

La aceptación de aquella propuesta tan perturbadora demostró la poca seguridad que los isleños tenían en sí mismos, en sus principios y en la república recorrida. Además, por ella, le estaban concediendo al caudillo, que no sólo sería la representación del Estado que se fundaba, sino  su misma encarnación. Aceptado así, el caudillo estaría dotado de plenos poderes para ejercer el despotismo, y estaba por ver si sabría hacerlo con ilustración. Pero todo esto fue anestesiado con el canto de sirena de que el conocimiento de la nueva verdad concedería un poder tan grande a quien la poseyera, que fácilmente podría enfrentar y vencer a cualquier enemigo por más poderoso que fuera.    

 

Mas por el momento, los ciudadanos de a pie, ya podían ir rumiando que la “verdad” conocida no era de fiar, y que la muy zorra se las había jugado a todos a través de los siglos. Los bachilleres también podían considerar la malicia de Aristóteles, que tan preocupado había parecido para que estableciéramos nuestros juicios con claridad. Por la nueva revelación se derrumbaba la casi totalidad del marco en que se desarrollaba la vida de todos. De hecho no se podía confiar en nada hablado o escrito. El Derecho, la Filosofía y la Moral quedaban depuestas ipso facto para regir la justicia, la razón y la conducta humana. Las Ciencias Políticas y Sociales tendrían que volver a empezar desde cero. La libertad y la democracia conocidas eran puros sofismas. Pero la más impostora de todas era la Religión con su presunción de ser el vocero autorizado para exponer las verdades fundamentales y eternas, así como el origen de la vida y su significado.

 

Así se fue aprendiendo con los días que la susodicha frase no era retórica, y que ciertamente, significaba desmantelar el mundo conocido para fundar otro desde sus inicios. Esto implicaba que diariamente se amaneciera bajo las ráfagas de un nuevo ciclón tropical que desquiciaba al más cuerdo, porque cada día también se exigía más pero se comprendía menos. Siempre se explicaba que los cambios eran para el logro de una sociedad mejor, que sería el momento glorioso de materializar el paraíso real que siempre había buscado el género humano, en lugar del falso que mencionaba el mito religioso. Y esto se aceptaba muy bien cuando uno recibía algún beneficio gratuito y directo, o cuando las consecuencias adversas sólo recaían en otros, y de quienes se exigía comprensión y espíritu dadivoso. Pero había algo incongruente en la elaboración de aquel paraíso, y es que no era válido para todos.

 

Como es lógico, el caudillo tuvo que asumir la ingente tarea de orientarlo todo porque era el único que sabía hacia donde nos dirigíamos. A todo el pueblo se le requería estar muy atento de todos sus discursos porque se trataba de la única persona que podía explicar el nuevo significado de la vida. Y a nosotros sólo nos correspondía seguirlo como un rebaño que sigue confiadamente a su pastor. Esto le llevó a fundar un nuevo sistema educativo donde la enseñanza ayudaría a crear la nueva sociedad. Las escuelas tendrían textos nuevos que no descarriaran la mente de las nuevas generaciones con las abominaciones del pasado del país ni del alucinante mundo exterior, sino que los confirmarse de que estaban viviendo en el mismo corazón del paraíso.

 

Sin embargo esto no era toda la dimensión del problema. El hecho es que la falsa “verdad” estaba infiltrada en nuestro pensamiento, como un virus de computadora. Habría que comenzar por eliminar toda la memoria  contaminada, e incorporar el nuevo programa. Y como todos no progresarían uniformemente en su aprendizaje, se tenía una lógica crisis de la comunicación humana por pérdida de los referentes confiables. En fin que la razón había perdido la clave para descifrar su cordura.

 

Pero el desastre era más profundo aún. Sólo nuestro país había descubierto y denunciado la descomunal estafa a la razón humana,  mientras la mediocre y cobarde comunidad mundial se negaba a reconocerla. Hasta hubo quien decretó embargar el comercio y los créditos internacionales a la isla. A todos se le repetía que esta posición de vanguardia valiente de nuestro país debía servirnos de gran orgullo. Pero a la hora de un balance resultaba que el que nuestro país hubiera avanzado tanto en el descubrimiento de la índole mentirosa de toda la estructura del conocimiento y de la sociedad, nos había convertido en los ermitaños del planeta.

 

Sin embargo, a la astucia del caudillo no se le escapaba que su régimen necesitaba presencia en la opinión pública mundial. Por su experiencia perdularia conocía que en una pelea dispareja, las simpatías siempre favorecían al más pequeño. Entonces el caudillo decidió fabricarse una rápida enemistad con el gigante del mundo, lo que luego se desarrollaría como una hostilidad permanente que le permitiría presumir como su más valiente y encarnizado retador.   

 

También estaba seguro de que la prensa lo ayudaría. Mucha de ella por convicción, pero el resto también lo haría por la conveniencia de publicar noticias escandalosas que llamaran la atención y vendieran periódicos. La violencia siempre es más noticia que la paz, el desafío que el acuerdo y el chantaje que la amistad. Para eso le bastaría mantener un flujo constante de hechos ruidosos, declaraciones utópicas, acusaciones atrevidas y violencias calculadas, que le convertirían en un favorito, y así tendría garantizada una presencia permanente en todo tipo de prensa.

 

Esta situación que enfrentaba nuestro pueblo no era nueva en la historia humana. Aunque la Biblia había dejado de ser una fuente confiable, su referencia a la disensión ocurrida durante la construcción de la Torre de Babel reflejaba una situación semejante a la que estaba experimentando el mundo actual, y en la que nuestro heroico país estaba ocupando la primera línea del combate. Y ¿cómo nos sería posible sobrevivir esta crisis global?. No existía una respuesta sensata, pero se estaba seguro, de que gracias al liderazgo excepcional de nuestro caudillo, lo lograríamos.

 

Muy pronto, el caudillo decidió que no tenía derecho a limitar los beneficios de su gestión mesiánica a la isla. Era posibilidad y deber suyo el irradiarlos también al resto del mundo, porque su misión no podía ser menos que universal. Entonces se dio a convocar, arengar y liderar a todos los descontentos del mundo, convirtiendo a  la isla en capital mundial del berrinche y en primer exportador de la subversión. Y su pasión por ese mundo nuevo le llevaba a una continua demanda de sacrificios del pueblo, porque la isla premiada con su advenimiento, también tenía el deber de ser heroica. Mas el pueblo nunca protestaba, aunque es cierto que los medios de comunicación estaban demasiado afanosos en la divulgación de la  verdad  pura, y no dejaban espacio para emitir opiniones.

 

Pero  las proyecciones del caudillo eran demasiado grandes para los medios económicos de la isla, y pronto concluyó que también necesitaba el financiamiento de un Rey Midas. Era obvio que no lo podría obtener de quienes amaban la paz y la concordia. Con astucia estudió las cotizaciones de Bolsa en los intereses políticos, su ojo turbio rastreó la posible presa, y sólo la encontró en una manada de truhanes por la otra esquina del mundo. Entonces no vaciló en venderles sus servicios mercenarios a cambio de que le respetaran su insaciable necesidad de figurar en todos los foros, de que lo apoyaran como  fiscal del mundo que no estuviera comprometido con sus truhanerías, y de que celebraran su inconfundible estilo de rufián.     

 

De hecho, en la isla, no faltó gente de muy baja catadura moral (aunque ahora el término “moral” estaba por definirse y resultaba ambiguo) que no celebraban el advenimiento de la nueva era. Como lo hacía notar el caudillo, esos eran los que habían sido beneficiarios de la vieja ”verdad”, y por la cual habían podido amasar enormes riquezas a costa de la explotación de los pobres. Era gente que no comprendía el privilegio de vivir en este país de ahora y en este tiempo predestinado que abriría las puertas de un futuro inimaginable y colmado de felicidad para todo el planeta. Eran menguados que preferían renunciar la gloria del proceso que se abría e irse a seguir viviendo en el mundo hipócrita de la “verdad” mediatizada. Y ello, a pesar de la ostensible generosidad de la nueva sociedad. Estos tarados morales se evadían escurridos y cada vez más avergonzados, porque no eran capaces de asumir la nueva calidad social. No apreciaban el privilegio de que hubiese aparecido alguien que poseía toda la capacidad y toda la sabiduría, que era acreedor del homenaje más absoluto, y del más profundo agradecimiento por todos los beneficios de la vida organizada por él. Alguien a quien se le debían entregar las manos, la inteligencia, la vida, la conciencia, y cualquier cosa que él reclamara.

 

Por otra parte este caudillo ofrecía muchas garantías, y la más importante era la de estar exento de cometer errores,  porque no existía ninguna referencia válida para determinar la ocurrencia de un error suyo. Él siempre tenía la razón, porque lo que él juzgaba que era necesario, se convertía automáticamente en la verdad real de la nueva era. La verdad sólo provenía de la voz del caudillo, de lo que él opinaba y ordenaba que se hiciera, para que el mundo avanzase hacia el paraíso que prometía. Esto sin excluir que el caudillo pudiera decidir sobre la vida o muerte de quienes merecieran castigo o eliminación de su proyecto. Todo lo cual le confería el carácter de un ser necesario y omnipotente. Y para algunos había algo controversial en el caudillo, porque su voz ¿acaso no parecía ser la del Dios que habíamos abolido?. Pero no obstante, estas aproximaciones y evidencias subliminales entusiasmaban a la muchedumbre, que empezaba a aceptar algo metafísico en el caudillo.

 

También la Biblia, ¡siempre la mentirosa Biblia!, reflejaba una situación semejante con el papel que desempeñó Moisés al frente del pueblo judío en su peregrinación hacia una tierra prometida. Pero mientras el profeta Moisés tuvo que recibir instrucciones superiores escritas en las Tablas de la Ley para luego trasmitirlas, nuestro caudillo actual lo proclamaba todo de viva voz y con una autoridad propia. Como añadidura y confirmación, ahora se  estaba progresando en el desarrollo de la libertad, porque los diez mandamientos quedaban reducidos a uno sólo, que era el hacer la voluntad del caudillo.

 

Es claro que una experiencia tan nueva y tan fuerte no podía ser asimilada igualmente por todos. Para algunos la revelación fue como un deslumbre que los poseyó y les llevó a una adhesión absoluta, total y decidida, aun cuando esto les implicase la misma muerte. Hablando todavía con el significado viejo y proscrito, esta disposición parecía guardar semejanza con un sacerdocio y el desaparecido fanatismo religioso. Pero no era cierto, porque mientras el fanatismo religioso resultaba de la fe en una oscura órbita esotérica, la adhesión a ultranza del caudillo era resultado de la fe en un liderazgo inmediato, fiable, y empeñado en la noble tarea de forzar un mundo nuevo y el paraíso. Y con ellos el caudillo formó la casta del poder. Ellos serían dóciles instrumentos suyos para lo que hiciera falta hacer. Serían sus manos, sus pies y su lengua, siempre responderían con obediencia ciega, no repararían en esfuerzos ni sacrificios, ni tendrían objeciones de conciencia basadas en la vieja moral desprestigiada. Porque en definitiva la verdadera moral, era la que estaba siendo elaborada poco a poco, y sobre la marcha, por las decisiones del caudillo.

 

Pronto se comprendió que la cultura y el arte tenían que refundarse sobre la nueva base. Y esto dio lugar a la casta de los conversos, formada por viejos intelectuales que se sintieron promovidos a un nuevo ámbito de la luz y del destino. Su conversión a la nueva alborada fue sorprendentemente inmediata, profunda, obediente y entusiasta por el nuevo caudillo y su régimen. Deslumbrados y conquistados por ese nuevo y posesivo amor, no vacilaron en romper todos sus lazos con la cultura anterior del país, y se aplicaron dócilmente a esparcir la nueva cizaña. Lo mismo denigraban al mundo anterior, que aplaudían su destrucción, o fabulaban el nuevo destino. Aunque siempre atentos a la batuta del caudillo para no desafinar su sinfonía. Fue algo que algunos querrían igualar con la conversión del fariseo Pablo en el camino de Damasco. Pero mientras Pablo consagró su vida a la propagación de una “verdad” corrupta hasta sufrir el martirio en una colina de Roma, la casta de los conversos sólo se consagró a resonar y embellecer el discurso oficial para esperanza de todas las naciones, para la gloria del caudillo, y de paso, mantener su silla en la orquesta.   

 

Descendiendo en la escala de fidelidad estaba la casta de los miméticos, que no entendían, pero tampoco necesitaban entender, porque adivinaban y temían las dificultades de vivir al margen de un tiempo mesiánico. Ellos se sentían empujados por la fuerza de los acontecimientos y se rendían con entusiasmo al desfile de la corriente. Lo correcto era adaptarse inmediatamente al nuevo molde, sin excluir la asunción de responsabilidades subalternas que pudieran lograr algún beneficio. Y siempre estaban dispuestos a figurar en las coreografías oficiales,  No importa que a veces los viejos conceptos los angustiaran, porque el catecismo oficial les recordaba, permanentemente, que vivían en tiempos heroicos, y había que estar a la altura de esos tiempos. Y como  convenía creerlo así, quedaban superadas sus angustias.

 

La casta de los nirvánicos  estaba compuesta por los que se habían hecho indiferentes a cualquier cosa que ocurriera. Lo aceptaban todo como un destino que había que soportar. Y antes de que se les impusiera cada nuevo sacrificio, o lo que antes habría sido un atropello, ya estaban resignados. También pertenecían a esta casta los nacidos durante el tiempo mesiánico, que habían sido amamantados con la única verdad, que sabían que todo el pasado era espurio y pecador, y que la verdadera Historia sólo había empezado con el caudillo. Privilegiadamente, las versiones oficiales los habían mantenido bien informados sobre la explotación, la corrupción y la infelicidad del resto del mundo. Por todo ello sabían que no tenían otra opción válida que perseverar en aquel único bastión que luchaba por el futuro, y capear los inconvenientes como algo inevitable de la vida. Pero ningún cambio formaba parte de sus opiniones.

 

Los enquistados eran muy numerosos pero no existían oficialmente. Eran los parias que no creían en la bondad del presente, y vivían en estado de sitio. Ellos sobrevivían en el ghetto de sus negaciones, llenos de silencios elocuentes, y suspirando por un regreso a la vieja “verdad” que todos podían comprender y hacía la vida más llevadera. Para ellos los recursos eran mínimos, y no se les sacrificaba como ganado enfermo, porque hacían falta como mano de obra. Pero sabían que no tenían ningún derecho al futuro.

 

Los que sí luchaban activamente por la repatriación de la cordura no eran demasiados. No se les concedía el derecho a la luz del día y tenían que actuar como fantasmas, pero nutrían la esperanza de muchos. Eventualmente el caudillo hacía alusiones genéricas de enemigos emboscados, que obviamente los incluían, pero dejando indeterminado al sujeto de su denuncia para que el resto de la sociedad que tuviera dudas también temblara por sus infidelidades. A ellos se les denunciaba como traidores, gusanos, vendepatrias, lacayos, contrarrevolucionarios, lamebotas del imperialismo, agentes de la CIA, mercenarios, y lo que la inspiración fuera dando. Pero precisamente por esos discursos es que se conoció que las palabras soeces no lo eran cuando se destinaban a los fines nobles que patrocinaba el caudillo.

 

También llegó a saberse que revolucionario era más que ciudadano; que la libertad no era algo inherente al ser humano, sino la obediencia ciega debida a los intereses de un régimen revolucionario; que la justicia no era para preservar derechos, sino una amenaza para aquel que se descarriara del camino oficial; y que las manifestaciones externas de los ciudadanos eran más importantes que sus convicciones internas. Se esclareció que la amistad era un sentimiento falso inventado por la burguesía para poder mantener sus  privilegios, por ello se prohibió todo tipo de reuniones, y hasta el ejercicio de la caridad, que ya quedaron catalogadas como un delito. Y se aclaró, sin margen de duda, que la solidaridad correcta no podía ocurrir entre los miembros de la sociedad, sino sólo como adhesión absoluta de cada revolucionario con el caudillo.

 

Sin embargo el caudillo era notable por su humildad, y a pesar de ser el imprescindible de todo, se manifestaba con suma modestia y en contra de un culto a su personalidad. Sólo permitía su rostro en todas las vallas anunciadoras y en todos los affiches del país, para infundirle seguridad al pueblo que lo amaba. Y su permanente y exclusiva presencia en todos los medios de comunicación escrita, radial y televisiva, era sólo una necesidad que él afrontaba con infinita paciencia. En esos medios no cabía la posibilidad de una crítica al caudillo, porque él nunca hacía nada incorrecto, ni se equivocaba. Pero era espontáneo e inevitable que se derrocharan infinitas alabanzas en su bienaventurado nombre. La supresión de la Navidad por el 26 de Julio, no fue una decisión en contra de la religiosidad, sino que era algo obligado para fijar el origen de la nueva era que se estaba fundando. Que la finca donde nació, la celda en que estuvo prisionero, el cuartel de su primera masacre y el barco con que navegó a territorio cubano, se hayan convertido en santuarios de peregrinación, no eran una política establecida, sino sólo una devoción internacional. Y para colmo de la humildad puede decirse que mantenía en secreto el nombre del parque donde debía descansar su cuerpo embalsamado, a fin de que siguiera presidiendo e inspirando el futuro del mundo creado por él.

 

Era notorio que muchas cosas no marchaban bien en el país, mas siempre por culpa de otros que no ayudaban al caudillo, o no le informaban las deficiencias, porque bastaba que él conociera las cosas, para que estas quedaran resueltas en los informes oficiales.

Por su parte el embargo era tan brutal que impedía la siembra del frijol, malograba la germinación de las viandas y cohibía la libido del ganado. A veces tampoco era comprendido, como ocurría con su campaña nacional de apagones para madurar la conciencia revolucionaria a través del sacrificio, y que no era bien entendida. Al cabo de los años, algunos reparaban en que el caudillo siempre había tenido una sospechosa afinidad y preferencia en asociarse con los truhanes. Hasta le criticaban que fuera a recibir las medallas de los deportistas olímpicos como algo propio y merecido. Tampoco convencía el redescubrimiento y regreso a la medicina natural que hacía innecesarias las medicinas de laboratorio, los hospitales y los médicos. Ni la escasez crónica de viviendas que devolvía a toda la población a la promiscuidad primitiva. O que no fuera tan honesto el cobro de un peaje para las drogas. Ni que en un paraíso se fuera a comer por libreta de racionamiento. Otros alegaban con razón, que la Biblia volvía a ser más digna de crédito que el caudillo, porque Moisés había llegado a la tierra prometida en sólo cuarenta años, mientras que el líder de la isla llevaba cuarenta y seis y ni asomo de esperanza. Y si la hechura de aquella nueva república había sido a imagen y semejanza del caudillo, ahora era evidente y notoria la tremenda fealdad de su conciencia.

 

Mas aquella isla no era digna de él porque siempre estaba exigiendo resultados, y hasta muchos ya dudaban del paraíso que se había prometido. Se susurraba que éste siempre había sido un espejismo del desierto en que se iba transformando la isla. Más elocuente era el “sálvese quien pueda” que requería semáforos en el estrecho de la Florida para un nutrido tráfico de naves experimentales, que sólo navegaban con rumbo norte, y que no se podían enmascarar como logro del régimen revolucionario ni como un aporte a la ingeniería naval. Pero sobre todo eran indignantes las infames mentiras con que estos tránsfugas luego traicionaban la dignidad del primer territorio libre de América.

 

Hasta que por sobreabundancia del hastío, el pueblo llegó al convencimiento de que aquel  no era un verdadero caudillo, sino un pobre faraón que ni siquiera sabía terminar su propia pirámide. El muy infeliz había ido dejando perder todo aquello de lo que presumía. La igualdad era para los bobos, la honestidad sólo un disfraz, la justicia se había escurrido por las grietas de sus mentiras, y el futuro se le escapó en una balsa. Lo único que le quedaba a su favor era un miedo que se depreciaba por días, y que llegaría al ridículo en el mismo instante de su ausencia. Ya había consenso en el pueblo de que aunque su pirámide no estuviera lista, había que deshacerse de él. Había que concertarle su cita con Osiris en la constelación de Orión al más breve plazo, nada de momia para la posteridad, y por si acaso, se condenaba toda intención futura de exploración en ese sector del universo.   

 

Y simplemente ocurrió. Para complacencia de los vivos, de los muertos por su causa, y hasta de las generaciones futuras. Ese día además ocurrieron milagros que parecían imposibles. La fidelidad de la casta del poder no atravesaba la muerte. Apenas terminó el funeral y ya la casta demostró tener planes alternativos que incluían la abjuración de su largo servicio al implacable. Con habilidad cortesana dejaban entrever lo útiles que podían ser sus servicios para deshacer la madeja totalitaria. Lo único que suplicaban, aunque sin decirlo, era el poderse sostener en los niveles de influencia. Y ello sin importar que esto fuera claudicar en el otro extremo del espectro político. La casta de los conversos sacó a la luz odas secretas que habían esperado en la clandestinidad por ese día de gracia. Como por encanto, y en el estilo de “como decíamos ayer”, los conversos regresaron con destreza al cauce antiguo, y hasta empezaban a criticar los tiempos del caudillo.  La casta de los miméticos sufrió un gran trauma porque la desaparición del caudillo los dejaba sin brújula y en la incertidumbre. Su adaptación y seguimiento del régimen depuesto se había vuelto un instinto, pero nunca había incluido la disposición funeraria. Pero si se juzgaba por la inercia de su costumbre, lo lógico es que en esos momentos, y en lo que se definía el curso de los acontecimientos, ellos tuvieran el deseo de hacerse invisibles como el difunto. La casta de los nirvánicos estaba atónita por aquellos acontecimientos impensables y tan radicales que habrían alterado al mismo Buda. Muchos estaban tan anquilosados en  su indiferencia que no comprendían el júbilo de los demás. Y los nacidos dentro del tiempo mesiánico dudaban en creer si aquello sería el fin del mundo o algo ya previsto por Carlos Marx y que les habían ocultado. Los enquistados lloraban de alegría  porque volvían a ser ciudadanos, y podían esperar el regreso de la justicia. Por este cambio ellos recuperaban el “sí” que se les había atrofiado en su océano de negaciones, y lo que se escuchara en adelante no necesitaría ser entendido al revés.

 

Los luchadores activos tenían muchas cicatrices y muchos recuerdos, pero sobre todo mucha satisfacción del deber cumplido. Ahora comprendían un poco lo que sintieron los mambises el 20 de Mayo de 1902. Además recordaban a los hermanos caídos que no pudieron llegar a la victoria, y con quienes se sentían obligados. Había que trabajar arduamente en la paz para demostrar con los hechos que el sacrificio de los caídos no había sido en vano. Pero además sentían orgullo de hombre por haber liberado la patria  que se entregaría a las futuras generaciones de la isla.

 

No hubo que hacer nada  especial para regresar a la antigua y sólida verdad, porque todos la habían mantenido escondida en su recinto más íntimo, y bastó abrirle la jaula para que saliera a volar de nuevo. También ocurrieron algunos fenómenos extraños que llamaron la atención de la ciudadanía. Uno de ellos fue la aparición de un perro callejero y sin pedigrí que deambulaba por toda la ciudad, y tenía la peculiaridad de ponerse a aullar en las esquinas concurridas. Pero todos los espiritistas coincidieron en aclarar que se trataba del ánima del mismísimo caudillo, que no encontraba la paz porque nunca la había conocido, y que sus aullidos eran de protesta porque no lo dejaban ladrar por televisión. También desde el extremo oriental llegaron noticias sobre lo acontecido con la imagen de la venerada patrona de la isla. Pues se supo que en el rostro de la imagen había aparecido una sonrisa misteriosa y muy parecida a la de la Mona Lisa.

 

Se tuvo noticias de que en el otro lado del mar había mucho júbilo, y que la libertad hacía sus maletas para el regreso. Y se pudo confirmar porque los vientos alisios que soplaban desde el estrecho de la Florida, traían los ecos rítmicos de una conga lejana y entusiasta,

                      …Ya el caballo no relincha…

                          (Coro) …Los gusanos se lo comieron,

                          Con el Ché y los Ce-De-eRRe…

                          (Coro) …Los gusanos se lo comieron,

 

Y cuando la libertad llegó por fin y pisó el suelo de la isla, se le aguaron los ojos, mandó al diablo las maletas, y corrió a abrazar a la gente del barrio.
 
 

PROGRAMA DE ACCIONES DE TÚNEZ PARA
LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

INTRODUCCIÓN

1.             Reconocemos que ha llegado el momento de pasar a la acción, considerando los trabajos que ya se han hecho para aplicar el Plan de Acción de Ginebra e identificar las esferas en las que se han logrado avances, se están logrando avances o aún no se han logrado avances.

2.             Reafirmamos los compromisos adquiridos en Ginebra y nos basamos en ellos en Túnez centrándonos en los mecanismos de financiación destinados a reducir la brecha digital, en el gobierno de Internet y en cuestiones conexas, así como en la aplicación y el seguimiento de las decisiones tomadas en Ginebra y Túnez.

Mecanismos de financiación para hacer frente a las dificultades que plantea la utilización de las TIC en favor del desarrollo

3.             Agradecemos al Secretario General de las Naciones Unidas haber creado el Grupo Especial sobre Mecanismos de Financiación (TFFM) y felicitamos a los miembros de este Grupo por su Informe.

4.             Recordamos que el mandato del TFFM consistía en revisar detalladamente la adecuación de los mecanismos de financiación existentes para responder a los desafíos planteados por la utilización de las TIC para el desarrollo.

5.          En el Informe del TFFM se pone de relieve la complejidad de los mecanismos en vigor, tanto públicos como privados, para la financiación de las TIC en los países en desarrollo. En éste se identifican los