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El reino de la doble
moral,por Carmelo Mesa-Lago
Articulos Prensa Internacional
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La Opinion Nov. de 2001 Organ Oficial de la Coordinadora Social Democrata
CONTENIDO: Nov.2001 La Historia de la Izquierda es la Historia de sus renovaciones por Byron Miguel - Lourdes-La In-decencia de la Revolucion Cubana. por Carlos M.Estefania
LA HISTORIA DE LA IZQUIERDA ES LA HISTORA DE SUS RENOVACIONES Byron Miguel COORDINADORA SOCIAL DEMOCRATA DE CUBA El siglo XIX fue el siglo de los socialismos; aparecieron en esa época los trabajos de Saint Simon, Fourrier, Owen, Blanc, Proudhon, Lassalle y Marx, así quedó establecida una amplia gama de posibilidades, pero al finalizar el siglo el marxismo había prevalecido como teoría del movimiento socialista. En realidad era un conjunto de interpretaciones de la obra de Marx frecuentemente llamado el marxismo de la 2da. Internacional. Entre esos escritos se destacaban los de Kautsky y los de Bebel, que habían sido más divulgados y estudiados que los del mismo Marx. En 1891 el programa del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) conjuntamente escrito por Eduard Bernstein y Karl Kautsky se convirtió en el texto más leído de toda la izquierda europea. Pero poco después, en 1896, el mismo Bernstein abogaba por cambios sustanciales en las posiciones socialistas, pues el capitalismo estaba evolucionado en forma diferente a la prevista por Marx. El teórico alemán, después de una larga estancia en Inglaterra, identificaba las nuevas tendencias: el desarrollo de un complejo sistema bancario, el crecimiento de los monopolios y un amplio desarrollo de las comunicaciones, también habían aumentado las pequeñas y medianas empresas y los grupos sociales intermedios que, según él, tenían una función estabilizadora que evitaba la continua polarización de la sociedad. Bernstein llegaba a la conclusión de que el capitalismo había desarrollado una estructura capaz de autorregularse y evitar las crisis, sin colapsos ni un mayor empobrecimiento. Además el desarrollo de la democracia parlamentaria capacitaba a la clase trabajadora para luchar contra la burguesía dentro de la ley y podía lograr así sus objetivos pacíficamente. Estas tesis fueron condenadas por el SPD en 1899 y 1903, y poco tiempo después por casi todos los partidos que formaban parte de la Internacional, pero sus palabras, con el tiempo, encontraron oídos receptores. Después de la primera guerra mundial el SPD y los laboristas ingleses mantuvieron de modo formal el objetivo de reemplazar la producción y distribución capitalista por el socialismo, pero en la práctica se conformaron con un programa de reformas que promocionaba los derechos laborales, el estado de bienestar, limitadas nacionalizaciones etc. Los laboristas evolucionaron más rápido hacia el concepto actual de la Socialdemocracia con el advenimiento de la economía keynesiana, y en los primeros años de la década de los cincuenta llegaron a proclamar la muerte del socialismo revolucionario. Sin embargo son los alemanes, con el programa de Bad Godesberg, los que en 1959 sentaron las pautas que habrían de seguir los demás partidos socialdemócratas. El programa es básicamente reformista y expresa que el socialismo democrático tiene sus raíces en el cristianismo, en el humanismo y en la filosofía clásica, y que no quiere proclamar verdades últimas, no por incomprensión ni por indiferencia frente a las ideologías o las revelaciones religiosas, sino por respeto a las decisiones de fe del hombre sobre las cuales ningún partido político ni el Estado tienen que decidir. Curiosamente al admitir como raíces al cristianismo y a la filosofía clásica el SPD se hizo laico, dejando atrás los dogmas y ortodoxias marxistas, mientras que de paso rehabilitaba a los herejes revisionistas. Lo importante, afirma el programa, es que el socialismo sea democrático. Reconoce los beneficios de la economía mixta y la necesidad de desarrollar las facultades de control del Estado en una sociedad que puede y debe ser reformada, pero que ya no se puede revolucionar. Y concluye que eliminar los privilegios de las clases dominantes y llevar a todos los hombres a la libertad a la justicia y al bienestar fue y sigue siendo el sentido del socialismo. Nada de esto se aceptó fácilmente, hubo discusiones y fuertes críticas. Todavía veinte años después, en 1979, Willy Brandt tuvo que defender los acuerdos cuando declaraba: "En el programa de Bad Godesberg el socialismo se concibe como democracia desarrollada. Algunos sostienen que Bad Godesberg significa renunciar al socialismo y esto es un grave error". Hoy la renovación se llama la tercera vía, y también se le acusa de renunciar al socialismo. Un centenar de años después de las tesis de Bernstein sobre el capitalismo, uno de los arquitectos del proyecto, Anthony Giddens, escribe: "La teoría económica del socialismo ha sido siempre inadecuada, pues ha subestimado la capacidad del capitalismo para innovar, adaptarse y generar una creciente productividad". Otra vez las mutaciones del capitalismo han exigido cambios en la izquierda. La nueva realidad tiene como telón de fondo, el hecho de que no hay a la vista ninguna alternativa viable a la economía de mercado y exige respuestas orientadas principalmente hacia la revolución técnica y la globalización, tiene además en cuenta la aparición de nuevas clases de trabajadores, cambios en la estructura familiar etc. La tercera vía debe verse como una propuesta de debate, ya que no pretende aportar verdades absolutas ni soluciones finales. Los temas planteados abarcan numerosos tópicos de los cuales vamos a destacar algunos ejemplos. La economía global se desarrolla como un fenómeno complejo que está alterando no sólo el proceso económico, sino también la política, la cultura y la vida cotidiana del ciudadano corriente. La revolución de la información y las comunicaciones se contempla como el motor de la economía, por lo que da decisiva importancia a la educación, la cultura empresarial y la inversión en el capital humano. Para promover la eficiencia y la competitividad se propone una mayor flexibilidad laboral que lamentablemente termina convirtiéndose en inseguridad laboral y despidos. Todo esto en medio de una propuesta para transformar el Estado de Bienestar que a sido siempre el amortiguador por excelencia para estos casos. Se habla de un nuevo concepto de comunidad en el que los derechos implican responsabilidades, reclamándose así un terreno que nunca debió ser cedido a la derecha. Esto significa que aquellos que quieran compartir los beneficios económicos de la cooperación social tienen la obligación de hacer, si pueden, una contribución personal y proporcional a la comunidad como compensación por esos beneficios. Todo esto, sin embargo, debe ser definido con mayor rigor, pues si los más débiles tienen que tener una mayor responsabilidad, entonces el estado tiene que intervenir para que tengan una efectiva oportunidad de corresponder. Si hay, por ejemplo, la obligación de buscar trabajo y someterse a un entrenamiento, el estado tiene a su vez que asegurar que haya trabajos disponibles. Se afirma también que el contrapunteo de la izquierda y la derecha ya no tiene sentido. Giddens concluye que: "Con la desaparición del socialismo como directriz económica, una de las mayores divisiones entre izquierda y derecha ha desaparecido, por lo menos para un futuro inmediato". Hay otros más optimistas aún, que pretenden vivir en una sociedad que ya no está estructurada por la división social, que opinan que la política opera en un terreno neutral y que hay soluciones que pueden satisfacer a todos. Parecen creer que se puede encontrar acomodo entre los fines de las grandes corporaciones y los sectores económicos más débiles sin rendirse de entrada al poder de las primeras. En "La tercera vía/El nuevo Centro" Tony Blair y Gerhard Schroeder expresan la necesidad de acabar los conflictos en los centros de trabajo y hacen un llamado a la comunidad y la solidaridad para efectuar un dialogo entre todos los grupos sociales y lograr un nuevo consenso. Hay que recordar, sin embargo que en una democracia pluralista es conveniente la confrontación entre diferentes políticas democráticas y esto requiere un debate acerca de las posibles alternativas. La disensión y el consenso son igualmente necesarios. Vivimos en un mundo en el que existen muchos valores e ideales que tienen su propia legitimidad. Una sociedad pluralista, con diferentes conjuntos de valores, con un poder descentralizado y poderosas asociaciones no estatales, es la base para una genuina democracia. Todo esto implica la búsqueda perenne de compromisos que son el precio que hay que pagar por la libertad. Se puede estar de acuerdo sobre la importancia de la igualdad y la libertad, pero podemos tener diferentes ideas de cómo implementarlas; estos desacuerdos son los que hacen funcionar una política democrática y es lo que en definitiva constituye el conflicto entre la izquierda y la derecha, que no va a desaparecer. Cuando se habla de una política sin adversarios se termina aceptando el mundo tal como es, sin tratar realmente de cambiarlo. La democracia moderna se basa en el reconocimiento y legitimación de los conflictos, y en su negativa a suprimirlos con la imposición de un orden totalitario. El debate entre adversarios es la garantía para no ser oprimidos por el enemigo. Muchas de las propuestas de la tercera vía son indudablemente valiosas, pero tienen que ser enunciadas y aplicadas con cuidada coherencia, virtud de la que, según sus críticos, carece la tercera vía. La izquierda se adaptó a la democracia representativa, pero ésta ha funcionado como un mecanismo legitimador del poder del gobierno, no como un medio para controlarlo y abrirlo a la influencia del pueblo a la hora de tomar decisiones. El proceso electoral ha sido reducido a una competencia entre elites y los ciudadanos son tratados como consumidores del mercado político; la limitada participación no es accidental, se ha convertido en algo institucional del sistema. Los liberales explican esta debilidad de las masas por su apatía, pero ocurre todo lo contrario; el pueblo es apático porque se sabe débil. Hoy la izquierda enarbola los términos "democracia", "soberanía popular" y "libertad" por encima de los clásicos: "abolición de la explotación" o "propiedad social de los medios de producción", pues de este modo destaca la naturaleza política de los problemas económicos. Si hablamos, por ejemplo, de la desigualdad económica, no es desde el punto de vista de la justicia distributiva, sino como una forma de dependencia que limita la libertad personal. La izquierda también ha aceptado el capitalismo, pero hay que tener presente que éste no se comporta sólo como un sistema para la asignación de recursos y distribución de ingresos, sino además como un sistema de gobierno, de ahí que tenga que someterse al control del proceso democrático o se corre el riesgo de que la democracia sea subordinada y maniatada en aras del capitalismo. Desde los años treinta la mayor tarea de la izquierda ha sido rescatar al capitalismo de los errores de sus propios líderes; por eso uno de los elementos esenciales de su proyecto ha sido minimizar el costo del capitalismo para el individuo, ya sea a través del crecimiento y el aumento de empleos o a través del Estado de Bienestar que protege del desempleo, las enfermedades y la vejez. Pero tanto o más importante ha sido la voluntad de reducir y evitar graves e injustificadas desigualdades de poder y riquezas. Los socialistas ponen más énfasis en la igualdad que otros pensadores políticos, pero la igualdad de condiciones materiales no es su objetivo último porque, en el fondo, el socialismo no es materialista. La igualdad que se busca es la igualdad de poder; la igualdad de participación en las fuerzas creativas de la sociedad. En realidad el pueblo no se preocupa tanto de la igualdad de ingresos como de su capacidad de influir en la asociación económica en que se gana la vida o en los asuntos públicos. Esto es preferible a los mecanismos autoritarios que pretenden asegurar una sustancial igualdad de ingresos y beneficios. Alcanzar estos objetivos dentro de los límites puestos por la democracia por un lado y la propiedad privada y la economía de mercado por otro, es la tarea que la izquierda tiene por delante.
Lourdes
o la ind-esencia de la revolución "cubana" Delegado para
Escandinavia de la Coordinadora Socialdemócrata Cubana. La
justificación del desmantelamiento dado por la superpotencia eurooriental:
cambio de la situación político-militar en el mundo y el ahorro de los
medios financieros para el ejército y la flota, fue respondida por el
Gobierno cubano con una declaración el 17 octubre en la que se escaparon
datos bien interesantes, por ejemplo; que la base radioelectrónica
había sido creada en 1964, a sólo dos años de la "Crisis de
octubre ”. Por el Centro la URSS no abonó nada hasta su
desintegración. Al
parecer, en sus contactos musulmanes, Castro no aprendió el proverbio árabe:
"si me engañas una vez la culpa es tuya, si lo haces dos veces la
culpa es mía". Hoy reconoce la prensa cubana que Castro ha sido
burlado mas de una vez por los rusos. Y es que en realidad Castro está
condenado a tener bases extranjeras en su tierra, o coquetear con las
tensiones internacionales. Eso es lo que le da base al estado de sitio
permanente con el que justifica su dictadura. Ya no se trata de apostar
por el "marxismo-leninismo" versus capitalismo, sino por las
geopolíticas encontradas de las potencias. Pero hubo un olvido; es el de
que las democracias, de inspiración occidental rara vez pelean entre sí,
y por el momento Rusia y EUA parece compartir ese mismo sistema de
gobierno. Cuando
Rusia retiró su contingente militar de Cuba, a raíz de la derrota de
aquel golpe antigorbachov que tan bien cayó en la Habana, Castro la
emprendió contra aquel país. De todos modos los rusos mostraron,
su interés en mantener el Centro Radioelectrónico de Lourdes, como
elemento importante para su seguridad estratégica.
El Gobierno cubano accedió, muy discretamente, a la permanencia de
dicho centro, pisoteando así su propia retórica de "patriotismo
socialista", pues ya no había coartada "internacionalista"
para mantener otra base extranjera, amen de la tan denostada Base de Guantánamo.
Castró llego a un acuerdo con su gigantesco cliente por el cual se pagaría a
Cuba en productos rusos o en divisas. La retribución por los
servicios a la potencia extranjera ascendió a 90 millones en 1992, 160
millones entre los años 93, 94 y 95, alcanzando entre 1996 y el 2000 los
200 millones. En adición a esto, Cuba se beneficiaba con parte de la
información adquirida. ¿Que haría este país tropical con esa información?
Es algo que a los rusos debió preocupar desde el inicio de la nueva
convivencia. La duda debe haberse fortalecido después de los actos
terroristas contra los Estados Unidos, el 11 de septiembre. Por supuesto Putin
quiere lavarse las manos lo antes posible. No sabemos si lo lograrán,
sobretodo después que la revista Insight afirma que Mohammed Atta,
uno de los miembros de la red Al Qaeda, que organizó los ataques contra
las torres gemelas del World Trade Center, pudiera haberse entrevistado
secretamente con agentes encubiertos cubanos poco después de su llegada a
EE. UU [Martin Arostegui Fidel May Be Part of Terror Campaign Posted Nov.
9, 2001http://www.insightmag.com/] La
respuesta propagandística al cierre, de cara al pueblo de Cuba, fue
publicar fragmentos de las declaraciones hechas por Nicolai Leonov, el 18
de octubre a la televisión rusa. En ellas Leonov arremete contra el
gobierno de su país (cosa impensable en la época estalinista donde inició
su ascendente carrera) y afirma algo que debió haber desmoralizado
tres generaciones de comunistas cubanos: "Nosotros
siempre hemos abandonado a Cuba. Cuando hubo que quitar los cohetes en el
62 no le preguntamos a Fidel. Llegamos, nos los llevamos y no le
preguntamos a nadie. Cuando retiramos a la Brigada que estaba allí
durante varias decenas de años, los relegamos también a un segundo plano.
Nunca los consultamos, nunca contamos con nuestros aliados. Cuando
rompimos las relaciones económicas, lo mismo". Este,
"nuestro hombre en Moscú, fue presentado al lector de Granma como un
"Teniente General (retirado), Jefe de la Dirección de Análisis de
la Inteligencia Soviética y Doctor en Ciencias Históricas". Pero
Leonov es mucho más que eso; un viejo "amigo" de Raúl Castro,
como lo fue del Che Guevara, y para asombro de cualquiera, mucho
antes de que se hablara del carácter "socialista" de la
Revolución, en la etapa germinal de los preparativos del Granma en
México.[Carlos M. Estefanía. "España y el anarquismo cubano"
Iniciativa Socialista Número 59 Invierno 2000-2001 Madrid, España,
páginas 106-114, ó Carlos M. Estefanía El
fantasma de España en la revolución cubana. Notas sobre los anarquistas
en Cuba / http://hem.passagen.se/cubanuestra/ ]
No dudemos , pues, de que si Castro fue el "Comandante en Jefe",
este "Nicolás" se merezca el título de; " Padre de la
sovietización de la revolución". En otras palabras, de la
degeneración de un proceso, cuya clave pasa por el estudio
detallado de la biografía de este agente viejo zorro estalinista, tan
distinto, generacional e ideológicamente, a su colega, el residente
de la KGB en Alemania Putin. Tenemos en Leonov una especie de
Demiurgo que emerge desde la oscuridad, dando gritos, ante la
destrucción inevitable de su obra de casi 50 años. Con
la crisis "Lourdes", además del golpe económico y político
que para el régimen representa, se a puesto en claro el
verdadero sentido de un proyecto elaborado para Cuba, incluso antes del
derrocamiento del batistato: el de convertirla, contra la voluntad
soberana de su pueblo, en una cabeza de playa en el de corazón de
occidente, al servicio una superpotencia;
en primer lugar de la URSS, luego durante casi una década de Rusia.
Se trata de viejo intento en la política imperial soviética; fracasado
en España gracias a la resistencia de republicanos socialdemócratas y
anarquistas durante la Guerra Civil 1936-39. También falló con la caída
en Guatemala del régimen de Jacobo Arbenz,
un "presidente" convertido, gracias a su mujer en el
monigote de los prosoviéticos locales (y donde hizo sus pininos
revolucionarios-stalinistas Ernesto Guevara). Pero a la tercera fue la
vencida: Cuba. La
construcción de esta base gratuita, en 1964, no sólo explica los
cuantiosos subsidios económicos que le permitieron a Castro crear una
"vitrina" socialista de cara a los países más pobres del
tercer mundo, sino que pone en entredicho la supuesta época de
independencia del comunismo cubano tras la retirada de los cohetes en la
crisis de octubre del 62.
Por
supuesto Castro pudo haber ensayado una forma distinta de hacer socialismo,
al menos en Cuba. Su régimen tenía las espaldas protegidas, pues los
norteamericanos fueron fieles al compromiso de no invadir a Cuba después
de la Crisis de los cohetes del 62. Estados Unidos mas bien dejó a Castro
hacer y deshacer, tanto dentro como fuera de la Isla, poniendo a buen
resguardo a los grupos más beligerantes de cuantos se le oponían en el
exilio, y limitándose a no comerciar ni conceder créditos a un gobierno
que hacía del reto y la provocación antinorteamericana, su filosofía,
reconocido diplomáticamente y comercialmente por casi todo el mundo
y con un grado de legitimidad
que no encontró ninguna otra dictadura. La
conciencia de que los soviéticos nunca regalaron nada a Cuba, y de que
siempre humillaron a su pueblo es la causa de que muchos cubanos hayan
sido castigados, inclusos aquellos que criticaron la dependencia
desde posiciones de izquierda.
En la lista de víctimas de esta apátrida intolerancia se incluyen
desde los que, tempranamente en los 60 fueron acusados de "prochinos"
como Elizardo Sánchez Santacruz (lista en la que
el Che Guevara bien pudo
haber caído de no haberse marchado con viento fresco a "revolucionar"
El Congo y Bolivia), hasta los cuatro firmante de "La Patria es de
Todos". Un documento donde ya no de la URSS, pero si de Rusia, se
saca el trapo sucio de sus bases en Cuba: "¿Qué
va a convenir el gobierno cubano para solucionar los diferendos
internacionales y tratar de insertar tasas de economía globales? Las
medidas que tomará para la eliminación del embargo. Las vías para
recuperar la parte del territorio cubano ocupada por bases militares
extranjeras; Guantánamo, Lourdes y Cienfuegos" El
programa del Partido Comunista de Cuba, estudio obligatorio en todas las
universidades de la isla, condenó religiosamente
la critica a los "hermanos soviéticos" hasta la llegada
de los desafueros de Castro contra la Perestroyka. Evidentemente, la
política de coqueteo con Rusia, recuperó luego la tradición
de no cuestionar al "aliado",
independientemente de su ideología. La policía política,
sus aparatos de control y el miedo al desempleo se encargarían de
que los cubanos internalizaran este postulado. Su vocación servil, hizo
que el régimen, aún desmoralizado
por el retiro inconsulto de las tropas mercenarias, pactara todavía la
presencia de bases extranjeras en tierra cubana. Si los rusos engañaron
a Castro tres veces, la culpa no de nadie más que del “Comandante”. Pese
a los encontronazos con la realidad el gobierno cubano ha seguido pensando
como en los tiempos de la guerra Fría, y
en su febril imaginación ha querido reconstruir aquella etapa,
sustituyendo actores que no compaginan en los mismos roles. Lo que fue el
campo socialista, ahora debía ser interpretado
por las superpotencias de China y Rusia. El papel de cuña hacia el
tercer mundo, representado antaño por aquel manipulable "Movimiento
de Países No Alineados", tendría ahora la encarnación
de los sectores internacionales más agresivos del islamismo.
Lo que no calculó Castro, fue la incompatibilidad de estos aliados. Tanto
Rusia como China encuentran una resistencia atroz en los pueblos
musulmanes que están en su interior. Por su parte, los fundamentalistas
musulmanes -con los que Castro pretende sellar el pacto contra natura
entre Marx y el islam- son los mismos que apoyan los
movimientos separatistas en esas superpotencias. Castro,
con la aniquilación de sus intelectuales más lucidos, parece ya
no estudiar la política internacional, ni la situación interna de
sus "amigos". Por eso fracasa, fracasa también porque ha
conducido, un proceso, cada vez menos auténtico desde una óptica
revolucionaria, o si se quiere socialista, construido en buena medida
desde afuera y no a partir de las necesidades de desarrollo y justicia
social del pueblo cubano. La “Revolución” se le desvanece entre las
manos, en la medida en que desaparecen,
en el ámbito internacional, las contradicciones y ejes que
le dieron vida. La naturaleza de los conflictos mundiales de hoy, por
lo visto, escapa al olfato, del alguna vez sagaz político que fue Fidel
Castro. Su larga carrera "revolucionaria" y "patriótica"
está definitivamente liquidada.
Como parte del esfuerzo que la Corriente Socialista Democrática Cubana (CSDC), una organización de corte socialdemócrata, realiza para extender el conocimiento y la influencia social de la izquierda democrática, hemos decidido crear este Boletín Informativo. Damos así un paso más, junto al boletín de pensamiento y reflexión Nueva Frontera, ya en su décima edición, del Centro de Estudios del Socialismo Democrático (CESD) “Diego Vicente Tejera”– que sólo podemos ofrecer por ahora en versión electrónica y que usted puede, si puede, consultar periódicamente en nuestro sitio Web: corriente.org – para poner en conocimiento el debate nacional e internacional acerca del socialismo democrático. Y no hay mejor momento para esto que la celebración de nuestra Primera Conferencia Nacional. Un evento: Por una Nueva Izquierda, donde la CSDC actualizará su pensamiento, su capacidad organizativa y su alcance para renovar su compromiso con la justicia y equidad sociales, desde el compromiso básico con la libertad, los derechos humanos y la democracia. Todo ello en el marco de nuestra independencia y soberanía nacionales. Pero Ud. debe intentar establecer una diferencia entre el llamado socialismo real, tal y como lo conocimos en Europa del Este y en Cuba, y el socialismo democrático que sirve de base a los partidos socialistas y socialdemócratas agrupados en la Internacional Socialista. Si logra ir distinguiendo la diferencia, empezará a entender por qué hablamos de una Nueva Izquierda en Cuba. En cualquier caso, en Nueva Izquierda hablaremos mucho más de quiénes somos y de qué hacemos para llevar a vías de hecho nuestros propósitos. Y responderemos, claro está, lo que de seguro ya comienzan a ser sus dudas. ¿Qué es la CSDC? ¿Qué es el socialismo democrático? ¿Qué es, en fin, la socialdemocracia? Usted podrá saberlo si establece su propio compromiso con sus inquietudes. Para empezar, síganos leyendo. Manuel
Cuesta Morúa Secretario
General * * *
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Comité Organizador en acción.
Este
órgano, constituido oficialmente el 9 de julio, es el encargado de
coordinar y dirigir los trabajos preparatorios del importante evento que
tendrá lugar en la tercera semana de enero del 2002. El
CON esta compuesto por la Presidencia, dos Vicepresidencias, una
Secretaría Ejecutiva y una Secretaría de Proyectos a las que se
subordinan secciones tan importantes como las de organización, economía,
logística, relatoría y relaciones públicas.
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