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El reino de la doble
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para una Cuba Libre del Presidente Bush
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Enero de 2005
CONTENIDO DE ESTA EDICION:
No a la censura cubana
Declaración del Partido Socialista Frances. PS
El
partido Socialista lamenta y condena el incautamiento, por parte de las
autoridades cubanas, de los libros y documentos personales de Manuel Cuesta
Morúa , secretario general de la Corriente Socialista Democrática Cubana (CSDC)
por Alejandro Anreus
El pasado 28 de diciembre murió en la ciudad de New York la escritora Susan
Sontag. Tenía 71 años; la causa de su muerte fue leucemia (producto de la
quimioterapia cuando batalló el cáncer de mama a finales de los años 70). Queda
su obra impresionante: siete tomos de ensayo, un libro de cuentos, tres novelas
y un libro dedicado a la estética de la fotografía.(.....)
Tres
fantasías y una realidad por Rafael Rojas
Al parecer, resulta inevitable que la política
cubana y, sobre todo, la ruidosa y mezquina opinión pública que la acompaña, en
la Isla y en el exilio, tenga que ver más con fantasías que con realidades. En
Cuba, mientras el ejercicio del poder se vuelve cada vez más racional y realista,
como corresponde a su estirpe maquiavélica y leninista, la opinión pública,
incluso aquella que se pretende crítica u opositora, se vuelve cada vez más
fantasiosa e idealista.
Jugando al retroceso por Carmelo Mesa-Lago
'Castro opta
por la recentralización económica antes que ceder un ápice del control político'.
Una entrevista con el economista cubano
Esta declaración salio en el Web del partido Socialista
France s
Actualité Nationale
No
a la censura cubana
El
partido Socialista lamenta y condena el incautamiento, por parte de las
autoridades cubanas, de los libros y documentos personales de Manuel Cuesta
Morúa , secretario general de la Corriente Socialista Democrática Cubana (CSDC).
Oponente pacífico y partidario del dialogo, Manuel Cuesta Morúa acaba de
presentar a sus compatriotas, a sus amigos de la Internacional Socialista y a
todos los demócratas partidarios de una evolución tranquila y democrática de las
instituciones cubanas, un espacio de debate: la “Revista Consenso”.
El
Partido Socialista tuvo la satisfacción de recibir, en París, a Manuel Cuesta
Morúa en el año 2000, y lo invitó a su congreso de Dijon en el 2003, pero el
gobierno cubano impidió que participara en dicho evento; esto provocó una viva
protesta del PS.
El
Partido Socialista renueva en el año que comienza su esperanza en la apertura de
un debate y un intercambio pacífico de ideas sobre Cuba. Se felicita además de
la nueva política de dialogo crítico promovida por la UE hacia la Habana y
espera muestras tangibles de apertura por parte de las autoridades cubanas.
Manuel Cuesta Morúa, que ya ha sido privado de su puesto de trabajo, debe poder
recuperar sus libros, su libertad de pensar y escribir; su libertad de
proyectarse en público y de debatir sobre el destino de su patria.
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El intelectual como ser ético: Susan Sontag (1933-2004)
Alejandro Anreus
El pasado 28
de diciembre murió en la ciudad de New York la escritora Susan Sontag. Tenía
71 años; la causa de su muerte fue leucemia (producto de la quimioterapia
cuando batalló el cáncer de mama a finales de los años 70). Queda su obra
impresionante: siete tomos de ensayo, un libro de cuentos, tres novelas y un
libro dedicado a la estética de la fotografía. Para mi, más impresionante
que su obra escrita, fue su actitud como intelectual publico. Para Sontag el
intelectual tenía un papel que jugar en la arena publica: ser un individuo
ético que le recordaba al mundo la importancia de criticar, de jamás guardar
silencio frente a las atrocidades de nuestro tiempo.
Sontag estudió
filosofía en la Universidad de Chicago, vivió en Paris durante dos etapas de
su vida y publico sus ensayos y artículos en las revistas Partisan Review,
The Nation y
The New York Review of
Books. La apertura y riqueza de su intelecto es obvia
con solo mencionar unos cuantos de los temas que tocó: los filósofos Simona
Weil y Walter Benjamín, el cine de Robert Bresson y Jean-Luc Goddard, las
teorias de Roland Barthes, la novelística de Witold Gombrowicz, y la pintura
de Howard Hodgkin. Sontag era una intelectual universal dentro de un
medioambiente norteamericano que tiende a ser monolingüe y regionalista.
En materia de
política, Susan Sontag venia de la llamada izquierda democrática. En los
años sesenta criticó (con razón) la desastrosa guerra de Vietnam, fue a Cuba
en compañía de la dramaturga María Irene Fornes y se entusiasmo con la
revolución y hasta escribió la introducción a un libro sobre afiches
cubanos. Este entusiasmo termino para Sontag con el caso Padilla. Desde
entonces se volvió una crítica aguda y constante del régimen de La Habana.
Ahí están sus artículos y su presencia testimonial en el documental
Conducta Impropia. Eso si, sus críticas siempre fueron de un punto de
vista de izquierda, jamás entro en el callejón sin salida del pensamiento
neo-conservador. Sontag tomó posiciones a favor de los refugiados
vietnamitas y de Camboya (boat people) a finales de los años setenta,
visitó Kosovo y hasta montó una obra de Samuel Beckett en solidaridad con
los ciudadanos de la ciudad, durante los últimos cinco años fue una de las
voces mas corajudas en criticar la administración Bush y la reciente guerra
en Irak. Cuando todo el mundo estaba adormecido por el patriotismo oficial
después del 9/11, Sontag dijo verdades sobre los terroristas (no eran
cobardes, eran desesperados), los palestinos (tienen derecho a su propia
patria) y la miopía de la política exterior de Estados Unidos (por décadas
apoyando a dictaduras machistas en los países árabes). Fue criticada por
varios sectores. No se acobardó y siguió haciendo su crítica lucida.
Para mi uno de
los momentos mas significativos en su vida tuvo lugar el 6 de febrero de
1982 cuando habló en el evento An Evening of Solidarity en el Town
Hall de la ciudad de New York. La izquierda intelectual del país se había
reunido para mostrar su solidaridad con el movimiento obrero polaco. Sontag
tuvo la valentía no solo de decir “el comunismo es el fascismo con un
rostro humano,” también señaló el vació intelectual de la llamada
izquierda democrática al guardar silencio frente a las dictaduras en Cuba,
África y Asia. Muchos se levantaron disgustados y abandonaron el evento.
Imperturbable, Sontag continuó hablando.
Carlos Fuentes
dijo públicamente que Susan Sontag era el Erasmo de nuestro tiempo. Quiso
decir con esto que Sontag representaba lo mejor de la tradición humanista
occidental, donde la razón era balanceada por la imaginación, donde el buen
humor y la compasión iban mano a mano, y sobre todo una tradición donde el
intelectual tenia el deber de ser la conciencia ética de la sociedad.
En
el siglo 19 Ralph Waldo Emerson escribió: “Los seres humanos con
grandeza, las grandes naciones, han percibido el terror del mundo y se han
llenado de coraje para enfrentarlo.” La vida vivida, la obra escrita de
Susan Sontag fueron y son un testimonio de coraje. Para nosotros, los que
seguimos viviendo en este mundo, esa vida, esa obra, son un reto
Tres fantasía y
una realidad por Rafael Rojas
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Visiones sobre el cambio democrático: ¿Es la política cubana
una modalidad de la ficción?
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por RAFAEL ROJAS, México D.F. |
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Al parecer, resulta inevitable que la
política cubana y, sobre todo, la ruidosa y mezquina opinión pública
que la acompaña, en la Isla y en el exilio, tenga que ver más con
fantasías que con realidades. En Cuba, mientras el ejercicio del
poder se vuelve cada vez más racional y realista, como corresponde a
su estirpe maquiavélica y leninista, la opinión pública, incluso
aquella que se pretende crítica u opositora, se vuelve cada vez más
fantasiosa e idealista.
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'Aquí nada va a cambiar': ¿la más irreal de
las fantasías? |
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Tres son las
fantasías
recurrentes de la política cubana: 1) la fantasía
oficial, que asume que en Cuba se está construyendo el comunismo
desde hace 45 años y que la "continuidad de la revolución", tras la
muerte de Fidel Castro, está asegurada por una nueva generación de
líderes y por un "pueblo con una gran cultura política"; 2) la
fantasía exiliada, que se aferra al escenario de un levantamiento
popular, seguido de represión, guerra civil, "caída del tirano",
intervención de Estados Unidos y modernización democrática; y 3) la
fantasía opositora, que afirma que la transición ya está en curso y
que eventualmente desembocará en un acuerdo entre la intangible
élite reformista, la disidencia y el exilio.
Quien se interese en el problema
cubano y se arriesgue a participar en su difusa y envilecida esfera
pública —impresa, radial, televisiva y, sobre todo, electrónica—,
difícilmente podrá eludir una u otra fantasía. Estas tres fábulas
del futuro cumplen la función terapéutica de vislumbrar una salida a
la crisis cubana y de involucrar a los diversos y hostiles
protagonistas de una misma trama en un algún desenlace de consuelo.
Cada fantasía, sin embargo, posee un diferente grado de alejamiento
de la realidad.
La primera, la oficial, es la que
menos contacto hace con el presente de la sociedad cubana. No hay
que ser un experto en asuntos cubanos para saber que desde hace
décadas Cuba dejó de estar bajo los efectos de una revolución y que
lo que existe hoy es un régimen totalitario en descomposición, pero
sumamente represivo y soberbio, que administra los conflictos
sociales generados por una economía en bancarrota y una política
unipartidista y asfixiante.
Las élites castristas han
renunciado, de manera inconfesa y hasta cínica, a construir el
comunismo en Cuba y se proponen mantener el régimen político intacto
mientras viva Fidel Castro, al tiempo en que introducen,
sigilosamente, un capitalismo de Estado que les asegure el poder
dentro de un esquema autoritario.
Otras ilusiones
La segunda fantasía, la exiliada,
se aleja menos de la realidad y hasta podría ser un desenlace
posible. Pero es difícil imaginarse al pueblo cubano, como a
cualquier otro pueblo latinoamericano, saliendo a las calles a
manifestarse contra el gobierno de Fidel Castro. Cuesta trabajo,
también, vislumbrar un golpe de Estado, un magnicidio o una
insurrección, aunque no un colapso migratorio que podría ser asumido
como amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, sobre todo,
en la era de la guerra preventiva, iniciada por la administración
Bush.
La oposición cubana, casi todas las
organizaciones del exilio y el propio gobierno de Estados Unidos se
han pronunciado, desde hace quince años por lo menos, contra
cualquier solución violenta. Sin embargo, en una franja de la
opinión pública del exilio, especialmente en Miami y en Europa,
predomina ese culto a la rudeza, esa guapería típica de las derechas
autoritarias, ese machismo anticastrista, que parece más obsesionado
con la existencia de voces racionales y moderadas que con la propia
permanencia de Castro en el poder.
Ese machismo retórico explica que,
aun conscientes de que ni siquiera el gobierno de George W. Bush
desea invadir Cuba, algunos exiliados cubanos sigan cultivando la
fantasía de la "caída del tirano".
Finalmente, la fantasía opositora,
aquella que le apuesta a una transacción que viabilice el cambio
democrático, no es, por el momento, más que un buen deseo. Desde
1989, el gobierno de Fidel Castro ha demostrado reiteradamente que
su prioridad es la preservación del régimen y que cualquier paso en
favor de un mínimo reparto del poder es, a los ojos de su
intransigencia, una claudicación o un suicidio. La fantasía
opositora tiene en su contra la inagotable soberbia de un artefacto
totalitario, concebido para reconstruir perpetuamente su legitimidad
y para hacer de la negociación y el acuerdo verdaderos desafíos a
una insaciable voluntad de dominio.
Bajo esas tres fantasías políticas
transcurre la realidad social de la Isla. En Cuba la política se ha
convertido en una esfera ficticia, cuyas posibilidades se resuelven,
con cierta autonomía, más allá o más acá de la vida cotidiana y el
comportamiento civil. Mientras la política cubana se consolida como
una modalidad de la ficción, la sociedad cubana, en la Isla y en el
exilio, asimila fuertes contenidos reales: miseria, separación,
desigualdad, frustración, intransigencia, mezquindad, simulación,
oportunismo, desmemoria, represión, escamoteo.
Lamentablemente, es ahí, en la
precariedad moral de la política cubana, donde se decide la calidad
de cualquier democracia futura.
Jugando al retroceso
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'Castro opta
por la recentralización económica antes que ceder un ápice
del control político'.
Una entrevista con el economista cubano
Carmelo Mesa-Lago. |
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El Banco Central de Cuba
(BCC) prohibió en julio a las empresas estatales que usaran
dólares para sus operaciones comerciales dentro de la Isla.
El denominado peso convertible ha sido impuesto por
las autoridades económicas como moneda obligatoria,
desatando una oleada de críticas y preocupaciones entre
empresarios cubanos y extranjeros.
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Libro más reciente de Mesa-Lago. |
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Carmelo Mesa-Lago, economista cubano radicado en Estados
Unidos, Profesor Emérito de Economía y Estudios
Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburg, conversa
con Encuentro en la Red sobre las causas y posibles
consecuencias de la iniciativa de La Habana.
El Estado cubano, a través de su ministro de Economía,
ha dicho que la medida ha sido adoptada para una mayor
transparencia y control de las transacciones. Medios de
prensa extranjeros hablan de falta de liquidez de La Habana.
En su opinión, ¿a qué se debe este procedimiento?
Considero que la medida tiene como causa principal la
falta de liquidez. El gobierno cubano afronta una severa
falta de divisas; debe 12.200 millones de dólares al Club de
París y su déficit en la balanza comercial es de 3.000
millones anuales. Además de que su ingreso al Acuerdo de
Cotonou y el acceso a sus fondos de ayuda han sido
suspendidos tras la última escalada represiva, tiene
muchísima dificultad para conseguir créditos extranjeros y
se ha visto obligado a pagar al contado alimentos por 200
millones de dólares importados de los EE UU. Por todo ello,
Fidel Castro necesita un mayor control sobre las divisas.
Según declaraciones de empresarios extranjeros
asentados en Cuba, cualquier trámite económico en la Isla es
ahora más engorroso. Tal iniciativa, ¿significa menos
independencia para las empresas?
La obligación de las empresas de solicitar permiso al
Banco Central de Cuba para obtener divisas, centraliza esas
decisiones (antes en poder de las empresas) y otorga mayor
poder al Estado. Es otro paso atrás en el proceso de
reformas del período 1993-1995, que se paralizó y revirtió a
partir de 1996. Además, es evidente que la medida es un
engorro y resta independencia a las empresas.
Además de quitarles flexibilidad y de implicar la pérdida
de numerosas oportunidades, hay otros problemas derivados de
la centralización. Como no se han determinado cuáles serán
los criterios específicos que se aplicarán por el BCC para
aprobar o rechazar una solicitud, habrá un margen amplio de
discreción y ocurrirán confusiones y arbitrariedades. La
cúpula dirigente tomará decisiones que no serán las mejores
desde un punto de vista económico.
¿Entonces puede deducirse que dicha decisión
difícilmente provenga de los sectores reformistas del
gobierno cubano?
Conociendo la trayectoria del ministro José Luis
Rodríguez (arquitecto de las reformas de 1993-1995), no creo
que esta medida sea de su agrado. La misma surgió y le fue
impuesta por Castro; la posición de Rodríguez se ha
debilitado con su salida del Consejo de Estado, el despido
de varios de sus viceministros y la salida del ministro de
Finanzas y Precios (otro que fue favorable a las reformas).
Así que, aunque le desagrade, Rodríguez no tiene otro
remedio que apoyar la medida, pues sería impensable su
oposición a la misma. |
¿Cómo repercutirá tal medida en el futuro de la Isla?
La parálisis de la reforma, en 1996, y varios pasos atrás
(incluyendo éste, así como las restricciones al trabajo por cuenta
propia, etc.) han contribuido a la desaceleración de la economía en
2001, el virtual estancamiento en 2002 y la muy difícil situación de
2003.
Varios economistas cubanos ya habían advertido que la
desaceleración de 1997-1998 había sido influenciada por la
paralización de las reformas, y que no habría crecimiento sostenido
sin una vuelta al camino reformista. En mi opinión, de no volver a
las reformas hacia el mercado, la economía cubana continuará
deteriorándose.
Fidel y los duros han optado por la recentralización, a pesar de
sus consecuencias nefastas, pues ellos dan prioridad al control
político sobre una reforma que si bien produjo efectos positivos,
trajo cierta delegación y descentralización económicas.
Además, la Resolución 65 ha creado incertidumbre y desconfianza
en el exterior. Compras realizadas y pendientes de pago pueden no
ser abonadas. Operaciones que ya estaban cerradas han sido
canceladas, provocando pérdidas en empresas extranjeras que no
volverán a hacer negocios con Cuba. En otros casos se han paralizado
operaciones en trámite.
A partir de ahora el BCC tendrá una labor enorme, para la cual no
está preparado, de manera que se demorarán los trámites de
autorización o rechazo de las divisas y eso tendrá un efecto
negativo sobre las operaciones comerciales. Si una empresa tiene una
excelente oportunidad para un negocio, pero no puede esperar a que
le autoricen las divisas, probablemente lo perderá. El BCC puede
argumentar que una compra se puede hacer con un producto elaborado
en Cuba, pero éste puede no tener la calidad requerida y demorar
todo el proceso. Las empresas tendrán que pagar un porcentaje del
valor de la compra para las gestiones bancarias.
¿Es esta acción una copia de la llevada a cabo por Chávez en
Venezuela, cuando decidió no entregarle dólares a las empresas
asociadas a la oposición?
En realidad esta medida fue impuesta por Castro en Cuba muchos
años antes de la reforma (desde los años sesenta), porque las
empresas estatales sólo podían obtener divisas a través del Estado
(Banco Central, ministerios centrales, etc.). Con la Ley de
Inversiones de 1995, la inversión extranjera y las medidas modestas
de descentralización ya mencionadas, se dio más poder de decisión a
las empresas con respecto a las divisas. Poder que ahora se ha
eliminado. De forma que Castro no copió a Chávez. En todo caso, lo
opuesto, salvo que no hay oposición legal en Cuba (ni informal
tampoco, después del encarcelamiento de los disidentes).
¿Cuál podría ser el próximo paso del Estado cubano en materia
monetaria y económica? Si la crisis persiste y se radicaliza, ¿sería
una medida la de prohibirle a los cubanos el uso de dólares en las
tiendas, o sea, obligarlos a venderle al banco los dólares de la
remesas y a comprar los productos necesarios en pesos convertibles?
La prohibición de usar dólares (recibidos por remesas) en compras
en las tiendas de divisas, y la obligación de cambiar dichos dólares
por pesos convertibles, aumentaría el poder del Estado para
controlar las divisas, pero también afectaría la conducta económica
de los que envían las remesas.
Este paso sería un desincentivo para el envío de las mismas desde
el exterior, estimado en alrededor de 1.000 millones de dólares
anuales, hoy por hoy el mayor ingreso en divisas después del turismo;
aunque si se toma el ingreso neto del turismo (descontando el costo
de las importaciones), sería el primero.
Si quienes envían las remesas saben que sus familiares serán
obligados a cambiarlas por pesos convertibles, habrá una parte de
ellos que dejarán de enviarlas, aunque otro sector seguirá
haciéndolo para ayudar a sus familiares en grave estado de necesidad.
De forma que el envío de remesas no terminaría, pero se reduciría,
un efecto contrario al interés del gobierno con dicha medida
potencial. Desde un punto de vista económico, lo lógico sería no
tomar esta medida, pero Castro actúa cada vez menos racionalmente.
Por
ejemplo, los últimos encarcelamientos a disidentes y opositores
provocaron la suspensión de la entrada de Cuba en el Acuerdo de
Cotonou y el acceso a las ayudas de la Unión Europea, así como el
debilitamiento de los grupos que en EE UU hacen lobby por el
levantamiento del embargo. No obstante, y a pesar de sus efectos
adversos, Castro podría seguir adoptando este tipo de medidas. |
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